Entró a una radio a los 17 años y nunca más abandonó a los medios o los medios no la abandonaron a ella. Móviles radiales, conducción, producción, la llegada a la televisión, su salto a otras ciudades y a la pantalla nacional son parte del recorrido de su carrera. Se define comunicadora, se reconoce futbolera y muy ligada a su familia, la de origen y la conformada. Gisela Vallone siente que si algo le imprimió a su forma de contar a través de los medios es la santafesinidad. “Yo me identifico con mi ciudad”.

Gisella Vallone nació en el hospital Iturraspe, el viejo, el de Boulevard Pellegrini y Avenida Freyre, el que estaba enfrente de la cancha de Unión, allí donde pone su corazón futbolero. Todo en el perímetro del barrio de la casa familiar, ese lugar al que ella y sus cuatro hermanas menores siempre vuelven. Como refugio, como espacio de contención y apoyo. Se percibe familiera (en relación a esa familia de origen y a la que conformó con su esposo y sus tres hijos) y muy futbolera. Pero también es una comunicadora nata, alguien que quiere y necesita contar. Algo que hace desde su adolescencia y a lo que le pone una impronta que tiene a esta ciudad como eje.

“Soy del barrio Barranquitas y toda la vida vivimos ahí con mi mamá, mi papá y cuatro hermanas. Yo soy la mayor. A la más chica le llevo 18 años por lo que la relación con ella es ahora cuando somos las dos adultas. Entre las tres primeras nos llevamos 14 meses, compartimos infancia, nos criamos juntas”. En esa casa sin hijos varones, Gisela empezó a acompañar a su papá a ver fútbol y fórmula 1. “Soy re futbolera y de Unión. La casa paterna queda a pocos metros de la cancha, así que vivíamos toda la previa. Aún hoy esa casa es nuestro punto y motivo de encuentro”.

El móvil y la mañana como agenda en blanco

Gisela cursó su secundaria en el Instituto Brown y eligió la terminalidad en comunicación social. “Siempre me gustaron las letras e Iba a un taller literario”. Con ese grupo, justamente, fueron un día a leer cuentos al programa radial que conducía  Duilia Ciuffo. “Ahí lo supe. Nunca hice otra cosa desde entonces. Es toda una vida dedicada a los medios”. Se le ilumina la mirada cuando habla de su amor por la radio y cuenta que entre los 15 y 16 estuvo en LT10 leyendo cuentos, que en quinto año pasó igual período en LT9 pero que después toda su carrera se desarrolló en la radio universitaria. “Hice de todo, desde atender el teléfono hasta co conducir un programa pero lo más importante para mí siempre fue el móvil”.

La universidad de Vallone fue la de la calle y la experiencia. “Aprendí de muchos compañeros que me fueron guiando”. En el relato su actividad como movilera ocupa un lugar especial. Cuenta que el primer móvil lo hizo en San Martín de las Escobas para un programa de Gustavo Galoppo durante su año en LT9. Otro hito lo marca la producción y coordinación de transmisiones deportivas en LT10. “Yo ya tenía mi primer hijo y esas transmisiones te insumían muchas horas de lunes a viernes además de los días de los partidos que eran sábados y domingos. Así que me llevaban a Facundo para que le de la teta. Te estoy hablando de hace 28 años cuando había muy pocas mujeres en el fútbol. En ese momento era yo sola”.

Por entonces ya había empezado a trabajar en la primera mañana con Guillermo Tepper y el móvil era su caballito de batalla: “Tengo presente el día en que me convocaron Emilio Jaton y Alejandro Colussi. Yo era productora de la Solapa de Juan Carlos Bettanin y Marta Ludueña y de Fabian Mazzi en las transmisiones de deporte. Hacía la producción y coordinación general de la tira de deportes de la tarde y de las transmisiones de futbol y ellos me convocaron al móvil. Juan Trento fue mi mentor y el primero que me sacó a la calle. Aprendí mucho de él”. En el ejercicio de hacer memoria, recuerda especialmente los móviles para el programa de Jaton y Colussi de la tarde, en los que más de una vez brindaron ayuda. “Era un programa vinculado a lo social que no tenía la locura de la mañana. Yo salía con un auto que tenía una base. No había celular así que era llevar a la persona a entrevistar al auto para poder hacer la nota en VHS”.

Su trayecto como movilera está cargado de anécdotas. Desde el auto varado en el barro o en la autopista por piquetes o cortes en razón del clima hasta quedarse sin batería en el auto, que se lo llevaran por estar mal estacionado, ser víctima de asalto…y seguramente más momentos que se diluyen en el recuerdo. “Yo manejaba el auto, el móvil y la agenda. En ese momento no había internet ni whatsapp. Había que salir a la calle. Yo me subía al auto a las 5.30 de la mañana y me iba, recorría el Cullen, hablaba con la policía, con los chicos del Cobem, esperaba a los funcionarios. No había otra manera de conseguir información. Yo siempre digo que lo lindo que tiene la mañana es que es una hoja en blanco. Aun hoy con toda la vertiginosidad que tiene la información y las redes sociales lo sigue siendo”.

La televisión acá y allá

“¿Cómo llegué a la televisión? Por Emilio Jaton. Él estaba haciendo un enlace con rosario todas las mañanas y lo iba a dejar porque no le daban los tiempos ya que también tenía el noticiero al mediodía. Yo estaba en la radio y me preguntó si lo quería hacer. Y, la verdad, todos queremos entrar al canal”. Para ese momento ya tenía sus tres hijos. “Trabajaba temprano en el canal y después estaba todo el día en la radio. En un momento en el canal me convocaron para hacer el noticiero de la noche. Entonces tuve que decidir y dejar la radio. No fue una decisión fácil”.

“Nunca pensé que la tele era para mí y a su vez tenía el sueño de entrar ahí. Estaba cómoda en la radio y hacía lo que me gustaba que era el móvil. Después descubrí que lo que hago ahora me gusta también. Creo que tiene que ver con el crecimiento profesional”.

Más tarde llegaría la experiencia de la TV pública; un salto que terminó convirtiéndose en un año entero en la capital del país. “Llevaban a conductores del interior invitados por dos semanas y me preguntaron si quería participar. Fui a trabajar un enero, me fue bien y al año siguiente me volvieron a llamar para cubrir unas vacaciones. Era 2019 y me invitaron a quedarme. Yo iba y venía todos los fines de semana.

El desafío era grande. La estructura de trabajo es diferente. Acá nosotros hacemos todo. Allá están todos los roles definidos. Yo sólo tenía que ir a conducir el noticiero de la mañana y el de la tarde. Aprendí un montón. Es una experiencia que abre puertas. A mí me abrió la puerta del debate presidencial”.

Moderar un debate presidencial

Gisela cuenta que cuando supo que la habían postulado, no pensó que quedaría. Así que no hubo ilusiones ni expectativas previas. Hasta que le avisaron que había sido asignada a uno de los debates en Santa Fe, su propia ciudad. “Ahí me jugaron dos cosas a favor: que yo estaba en la TV Pública y que era de Santa Fe. Además, en la UNL que para mí es como el patio de mi casa. ¿Qué me dejó esa experiencia? Fue como haber llegado a lo máximo”.

Pese a su tradicional autocrítica, al debate lo vivió con disfrute. “Estaba cómoda porque todas las cámaras que tenía alrededor eran conocidas. Acá yo jugaba de local.  Y aparte sentía el apoyo de la gente, de toda la dirigencia política, de las entidades intermedias, de las instituciones”. Había historias paralelas, trayectos cercanos. Gisela relata que para el debate tomó una actitud relajada y apagó el celular. “Dije no voy a estar pendiente de lo que se dice afuera”.

Para el accionar en el debate había pautas, libreto, acuerdo de confidencialidad. “Nosotros ahí éramos moderadores, no periodistas. Nuestra función  era que la gente, con el candidato enfrente, tome su decisión”. Compartió su espacio con Guillermo Andino y todo salió según lo previsto. Después llegarían las repercusiones. “Yo estuve dos días recibiendo mensajes, dando entrevista. Me llamó Nelson Castro para felicitarme. Mucha gente conocida, cercana y no cercana me mandó mensajes que no esperaba”. Ese fue su último año en Buenos Aires: Los cambios en gestiones hicieron que volviera a Santa Fe, a su rutina, ciudad y familia. En 2024 trabajó en Rosario pero las distancias más cortas y los hijos más grandes allanaron el camino en ese tramo.

Cuando la vida da un golpe

Gisela tiene 3 hijos varones: Facundo, Joaquín y Gonzalo. “Por mi trabajo, yo siento que ellos tuvieron que adaptarse a mi más que yo a ellos. Ahí vale mucho el apoyo de mi marido, Gastón (quien, aclara, nada tiene que ver con medios), de mi mamá, de mi papá y de mis hermanas. Son el sostén”. Dice que para lo laboral es 24/7. “Pasa algo en la calle y yo no voy a pasar indiferente, voy a ver como lo cuento. No me desenchufo”.

En 2025, la maternidad la colocó en una de esas situaciones que nadie desea pasar. Su hijo Joaquín tuvo un accidente y la gravedad fue creciendo con los días. “Fue una prueba muy dura. Nunca pensé que me iba a pasar algo así. Todavía hoy tengo en la cabeza el momento en el que me mandaron el mensaje “llamame cuando puedas”. Cuando llegué al hospital alcancé a verlo al bajar de la ambulancia, no tenía un rasguño. Le pregunté a la doctora como estaba y me dijo que bien pero que le dolía el pecho. Estaba con un tubo de oxígeno. Después fue todo muy rápido y a la vez una película de terror”.

Hugo un primer drenaje, una operación de cinco horas y 52 días en terapia intensiva. “Aún hoy me parece una pesadilla”. Con la evolución de los hechos, el paso del tiempo y la completa recuperación de Joaquín, Gisela sólo tiene palabras de agradecimiento para con el Hospital Cullen y para quien fuera su director y ahora intendente, el Dr.Juan Poletti. “Y pensar que uno de mis peores temores como movilera era llegar a un accidente y que el accidentado sea alguien de mi familia”. Este tipo de situaciones no pasan en vano en la vida de una persona. “Fue un quiebre. Una se replantea un montón de cosas. Tomás consciencia de que todo puede cambiar en un segundo y te hace valorar lo que tenés”.

Sin lugar para la política

“Hoy estoy adonde quería estar: haciendo el noticiero del mediodía y el programa de la mañana. Me encanta hacer el programa de la mañana. Es sacrificado porque lleva muchas horas de producción, mucho trabajo previo pero me gusta. Además volví a hacer radio en la Sol a la tarde. Básicamente trabajo todo el día pero lo disfruto”

Ante el masivo pase de colegas de Vallone a la política, la pregunta se convierte en inevitable. ¿Lo pensó? ¿Se lo propusieron? “No tanto como creen pero porque yo me encargo de decirle a todo el mundo que no me gustaría”. Para ella la vocación es algo significativo y la que mueve su accionar tiene que ver con la comunicación. “Yo quiero comunicar. Siento que no tengo vocación para la política, No es un lugar en el que yo estaría cómoda o adonde quisiera estar”. Gisela habla de la pasión que impulsa su actividad. “Disfruto haciendo. No es algo que me pesa. Después de lo que me pasó con Joaquin, estoy más relajada. Me doy cuenta de que muchas veces el enojo, no tiene sentido”.

La ciudad como sello

“¿Qué impronta le doy al noticiero? La santafesinidad. Yo me identifico con mi ciudad”. La sensación de pertenencia con Santa Fe es una marca en Vallone. Y en la búsqueda por explicar sensaciones, ella expresa: “Es una ciudad vivible, te queda cerca todo, está la costanera que para mí es un privilegio que tenemos. Eso de salir a la calle y poder caminar, pasear por boulevard, que te cruces con alguien en la calle y que le digas “che ¿Cuándo vas a tomar un liso conmigo?” Eso a mí me encanta”.

Familiera y futbolera aparecen como dos de sus características distintivas. Los fines de semana va a ver actividades deportivas; antes rugby y futbol por sus hijos y ahora el básquet que practica su sobrino. Le encanta ir a la cancha y el ritual que eso implica: ir caminando y sumarse a los grupos en rumbo hacia la misma pasión. Le parece maravillosa la cercanía de las dos canchas con el resto de la ciudad. “Eso no te pasa en cualquier lugar del mundo. Te pasa acá”, subraya. Destaca la agenda de eventos y opta por el clima santafesino, “Sí, me gusta que haga más calor que frío”. Por si quedan dudas, ella proclama: “Fui a Buenos Aires, fui a Rosario, aprendí un montón profesionalmente, crecí mucho. Me hubiera podido quedar en Rosario y hubiera tenido chances de seguir creciendo pero Santa Fe es mi lugar”.

 

CRÉDITOS: Julia Porta

FOTOS: Pablo Aguirre