Desde las polvorientas huellas de Arequito —antigua posta del Camino Real— hasta la opulencia insular del Golfo Pérsico, el escultor santafesino traza una cartografía artística tallada a fuerza de golpes, electrodos y una disciplina espartana prestada del cuadrilátero. En un diálogo profundo, desentraña la anatomía de sus batallas creativas, el peso de lo que quedó en el camino y el rigor de un oficio que no admite concesiones.

El arte, para Augusto Daniel Gallo (42), no es el resultado de un rapto místico ni de la espera pasiva de las musas. Es, fundamentalmente, un combate. Nacido en Arequito, una geografía santafesina ligada al tránsito histórico y a la horizontalidad de la pampa húmeda, Gallo parece haber internalizado la antigua resistencia del Camino Real para proyectarla sobre la materia dura. Su taller no es un santuario de contemplación, sino un training camp, un espacio de alta competencia contra el metal, el tiempo y los propios límites físicos.

Con nueve monumentos públicos diseminados por el mundo y el hito reciente de haber conquistado la mirada de la realeza en Bahréin, el escultor conserva intacta la piel curtida de quien sabe lo que cuesta torcer el hierro. En sus palabras habita la precisión del atleta y la honestidad de quien ha validado su derecho a llamarse artista en el examen más impredecible de todos: el asfalto de la calle.

LA LÓGICA DEL CUADRILÁTERO Y EL TALLER

— La filosofía del kickboxing se basa en la autodisciplina, el respeto y la superación constante; aprender a mantener la calma y pensar con claridad bajo presión. Llevando esto a tu carrera, ¿existe un ritual a la hora de ponerte a laburar? ¿Y en la vida cotidiana? 

— Es cierto, en mi trabajo hay una conexión muy fuerte con la disciplina que deriva del deporte. Más que un ritual, aplico la lógica de un training camp, tomando de referencia muestras y fechas de entrega como si fueran un compromiso en el ring. De esa manera mantengo un enfoque obsesivo en tareas simples: alimentación, descanso, entrenamiento, estudio. La parte creativa, en mi caso, está directamente influenciada por todo lo que hago afuera del taller, así que cuido mucho esos aspectos y eso me devuelve mayor enfoque y versatilidad artística a la hora de hacer esculturas. En cuanto a la vida diaria, el eje es siempre tener un cuerpo fuerte y sano para que mi mente tenga solo que ocuparse de la parte creativa.

EL PEAJE DEL CAMINO REAL AL GOLFO PÉRSICO

Hay un intertexto ineludible en el viaje de Gallo. Arequito nació como la Posta de Areco en los tiempos del Virreinato, un punto de parada, mudanza de caballos y resistencia en medio de la inmensidad. Siglos después, Augusto repite el arquetipo del viaje, conectando ese nodo terrestre con el Reino de Bahréin, un oasis insular de hipermodernidad en el Golfo Pérsico. Pero mudar de horizontes exige pagar peajes implacables.

— Cinco cosas que hayan quedado en el camino y cinco hitos que se sumaron a la mochila en esta travesía… 

— Bueno, la verdad es que en el camino se han quedado muchas cosas, pero pocas relativas a la carrera artística: ante todo, amistades que se pierden cuando vas siguiendo una idea clara en el camino. Las relaciones sentimentales son otra cosa que tuve que dejar en segundo lugar, y ese es otro coste de seguir la propia dirección. También una carrera deportiva dedicándole el 90% de mi tiempo y no el 30%, como en realidad hice; pasar más tiempo enseñando dibujo en mis treintas y, sin duda, más vacaciones, aunque en eso estoy mejorando (risas).

Los cinco hitos de carrera, a los que espero se sumen muchos más, son más que todo retos personales y tengo siempre grabados esos resultados para poder superarlos:

  1. El bautismo italiano (2017): La primera vez que vine a Italia como escultor invitado me propuse hacer una colección completa en diez días. Encontré todo lo que necesitaba y pude exhibirla con buena recepción del público; se trató de seis esculturas de todos los tamaños, bastante complejas para esa escasa cantidad de tiempo.
  2. El galope contrarreloj en Bahréin: Allí me habían contratado para una muestra, además de darme la posibilidad de «comenzar» una escultura grande en seis días y, si les gustaba, la habríamos continuado en los meses siguientes. Como ya había tenido asistentes (solo en 3 de mis 9 monumentos hasta la fecha), me puse el desafío de hacer el caballo completo en esos días. Empezamos un lunes y el fin de semana ya lo estábamos pintando con laca, listo para presentar al rey.
  3. La herrería de garage en la Francia pandémica: El homenaje a los presidentes y a Hollande durante la pandemia en Francia fue una de las pruebas más duras que enfrenté. Ambos los realicé sin asistentes. Tuvimos que improvisar un taller en un garage con paredes de piedra; por suerte en el suelo había una roca compacta que pude usar como yunque para torcer gran parte de las piezas. Cuando volví a Buenos Aires tuve que pasar por varias sesiones de fisioterapia para recuperar plenamente la fuerza en los brazos. Fue una de las travesías más difíciles de mi carrera, pero el salto técnico fue tan grande que valió la pena cada segundo.
  4. El reconocimiento en ArteRo (2014): Otra obra de la que conservo un buen recuerdo por el reto que representó fue el caballo de alambre que se llevó el primer premio en ArteRo 2014. Si bien era una rama experimental que ya estaba tocando su límite, fue interesante encontrar el planteo técnico para que pudiera lucirse y llevarse las miradas del público. Era mi segundo trabajo en escala natural después del monumento de Arequito.
  5. El Monumento del Centenario (1918/2018): Entre los desafíos más complejos seguramente está también el monumento por el final de la Primera Guerra Mundial. Fue un verano abrasador, mi segundo año en Italia, y venía de un año duro en Buenos Aires. Tenía poco a favor y mucho en contra porque el reto era un monumento en módulos que habría alcanzado los 5 metros de altura, y había que desarrollarlo cerca de la misma fecha de una feria de arte en la que estaba invitado a exponer. Después de casi tres meses pude con gran parte del monumento; usé algunas de sus piezas como llamador para la muestra en la que participé con 11 piezas de todos los tamaños. Fue mi primer pequeño éxito comercial y esa misma experiencia me ayudó a entender muchas cosas del mercado que se podía crear alrededor de mi obra.

EL VEREDICTO DEL ASFALTO Y LA HERENCIA TÉCNICA

— ¿Seguís haciendo retratos rápidos con acuarela? ¿Volverías a andar caminos como artista callejero? 

— Sí, sigo dibujando casi diariamente, con o sin referencias, en vivo a veces también. El retrato callejero es de lo mejor que pude hacer cuando estaba buscando mi camino. Si bien no es el trabajo más adaptado a la experimentación, fue la parte de mi carrera donde tuve un gran equilibrio emotivo y me ayudó a entender aún más que un artista no se puede llamar a sí mismo «artista» sin antes haber sido convalidado por un entorno variable como es la calle. No sé si volvería ahora, pero hasta 2023 recuerdo haber ido a retratar turistas en la peatonal Florida, incluso en un momento donde no era una necesidad económica. La calle puede hacer crecer mucho a un artista.

— Lápiz, acuarelas, hierro, chapa, electrodos, alambre, epoxi… ¿Cómo conviven tus materiales con la Inteligencia Artificial? 

— La IA me parece un gran instrumento, creo que cada uno lo utiliza en favor de sus carencias. En mi caso me ayudó muy poco porque, por ahora, los mismos procesos que necesito mejorar no encuentran ventajas en su uso. Pero soy hijo de la tecnología y su desarrollo: mi trabajo existe gracias a que se inventaron la soldadora y la amoladora, así que creo en los avances que puedan ayudar al desarrollo tecnológico de las artes, como ha sido en cada época.

EL HORIZONTE DE LOS CINCUENTA

— Lograste una gran carrera artística de reconocimiento internacional. ¿Cuál es el paso siguiente? 

— Puedo decir que hasta Bahréin mi meta era llegar a los 10 monumentos; por suerte la concreté a mis 40 años. Hoy, con 42, mi objetivo es consolidar la carrera que llevo construyendo desde 2013 en este sector. Me veo retirado a los 50, pero cada vez descubro nuevos métodos y mi técnica sigue evolucionando. Veremos.