Los días explotan con sus vividos colores y los rayos de sol se mezclan entre las flores para crear una hermosa arquitectura natural. Los edificios altos parecen despedazar el paraíso celeste y el puente colgante obsequia un cielo de agua que no todas las personas saben apreciar. Cada vez hay más peatones pendientes del celular, inmersos en sus preocupaciones y ajenos al entorno.

Sin embargo, en algunas esquinas hay grandes artistas que buscan imponer una ruptura por medio de imágenes que aparecen en la puerta de un local abandonado o en una parada de colectivo. Las pegatinas y los collages usan a las calles como una galería inundada de colores y mensajes que buscan despertar a los ciudadanos.

Como el grafiti, el stencil o el muralismo, en el último tiempo, el Paste Up logró esparcirse por la ciudad y ser parte del paisaje. “Hoy no se me ocurre nada”, dice una pegatina cuando cruzas la diagonal de la plaza Constituyentes. “La piel no se chamuya”, afirma una en los alrededores de la terminal sobre calle Las Heras. “Vivila en modo turista”, te incentiva otra cuando bajas de la C Verde en San Jerónimo y Suipacha.

Esta expresión en la vía pública “es una forma de transmitir el arte por medio de papel pegado y tiene una composición previa que se hace de forma análoga o digital”, comenta Victoria, integrante del movimiento artístico, y agrega: “La idea es transmitir mensajes, generar una especie de alegría para darle estética a Santa Fe y romper con lo cotidiano, con la rutina».

El Paste Up arribó a la ciudad gracias a Luis, más conocido como Kehn. “Él vive en Bs. As. y allá en Palermo o Belgrano hay mucho movimiento de esto. Entonces empezó con una convocatoria y nos sumó a nosotros y a otros que fueron quedando en el camino”, recuerda Martín Rodriguez, el tercer miembro del grupo.

Este arte que implica salir al exterior, un lugar efímero, para pegar carteles que un día están pero al otro día desaparecen, está lejos de considerarse un acto vandálico. “No creemos que sea un hecho criminalizable porque cartelera política hay por todos lados. Si fuera algo penal estaría todo el mundo envuelto en un crimen”, dice Vicky y continúa: “No vamos a pegar en un edificio público porque buscamos espacios u objetos urbanos que estén en desuso para resignificarlos”.

Cabinas telefónicas, paradas de colectivos, cestos de basura, señales de tránsito. Calles como 9 de Julio y Boulevard, Balcarce y Mitre, Ituizango y Candioti. Lugares como el Molino o el Puente Gobernador Oroño ya fueron intervenidos por artistas que buscan una nueva perspectiva visual de alto impacto para liberarse.

“Lo que está pasando es buenísimo porque hay muchas personas que se animan, salen a pegar o que se prenden. Hay un montón de gente que tal vez está en su casa y que producen o hacen cosas pero no se animan a mostrarlas. Nosotros buscamos motivarlas y ser como un incentivo”, reflexiona el Martín y luego continúa Victoria: “Ser parte de la movida, nos hace identificar y cuando veo, por ejemplo, un stencil al que antes no le prestaba atención, ahora me siento parte y me dan ganas de pegar algo. Ese contagie, me lleva a pensar que probablemente con nuestros stickers nosotros contagiamos a otros”.

A pesar de las preocupaciones, el cansancio por una jornada laboral intensa, los bocinazos en horario pico, los empujones en la peatonal, estos artistas invitan a disfrutar del paisaje. Incitan a escuchar lo que gritan las calles y dejarse sorprender. “Hay que salir de la timidez y transmutar, transformarla en algo que puede ser positivo para alguien más”, concluye Victoria pero Martin remata rápidamente: “Salí y pega tu imagen o tu poesía porque todo tenemos algo para contar y eso está bueno, la calle nos está esperando”.

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