Tal como se la ve en redes sociales, Jorgelina no para y sus días son muy agitados. Me recibe en su casa, en plena mudanza, con una enorme sonrisa y agradecida por el encuentro. Le pregunto de dónde viene y dónde irá cuando culminemos la entrevista. Se ríe y me explica la dinámica de sus días: después del desayuno, cumplir con una catarata de actividades pautadas y otras que van surgiendo durante el día. Para ella, la política es 24/7.

TS —En tus redes sociales se te ve activa, presente en todos lados y a toda hora. ¿Te queda tiempo para vos?

JM —Muchos me dicen que les llama la atención, pero siento que es lo que tengo que hacer. Para mí es algo normal. Hay que mostrar ese trabajo en redes porque el contexto y el mundo en el que nos movemos lo requiere, para que la gente vea el trabajo que uno hace. Además, es necesario para desmitificar eso de que los políticos «no hacen nada». Muchas veces esta profesión es muy ingrata, porque uno está todo el tiempo poniendo el cuerpo, atendiendo a un montón de demandas y eso no siempre se ve. Si yo estoy en esta banca es para dar respuesta, sino me voy a mi casa. Toda la vida milité, por eso llego con esa impronta. Hay días que estoy cansada, pero llego al barrio y se me pasa. La sensibilidad hace que no pueda irme ni olvidarme de los problemas. Los domingos sí me permito estar un poco más tranquila, pero así y todo si hay alguna actividad voy (se ríe).

 

TS —¿Qué te cautivó de la política?

JM —Soy justicialista por herencia y elección. Cuando falleció Néstor (Kirchner) me vi interpelada con el discurso de que los jóvenes teníamos que protagonizar, y decidí militar partidariamente, pero siempre a lo largo de mi vida me involucré y laburé desde distintos lugares. Ya desde la escuela hacía cosas por vocación. Me gustaba hacer, estaba en el detrás, hasta que en 2015 me propusieron armar una lista. Mi historia es de trayectoria militante, me propuse algo y me la banqué con perseverancia, constancia, organización y laburo. Mis padres fueron laburantes, y gracias a ellos tuve privilegios respecto de otros pibes de barrio que no tuvieron la posibilidad de estudiar. Yo me crié en barrio Roma y en 2003 tuve casi 2 metros de agua en mi casa.

 

TS —¿Cómo fue tu infancia?

JM —Gran parte fue en el club Newell’s de barrio Roma. Toda mi familia estaba adentro de la cancha porque mi hermano jugaba al fútbol, mi papá los entrenaba y mi mamá era ayudante de campo, aguatera y lavaba las camisetas. Yo andaba por el club, siempre fui muy independiente. A la vocación social la heredé de mis viejos, ellos constantemente me inculcaban los valores de ser solidaria e involucrarme. Iba gente a pedir a casa y no había chances de que mamá les dijera que no. No era dar lo que sobraba, sino dar lo que se podía. He ido aprendiendo a controlar el temperamento porque las situaciones de injusticia siempre me movilizaron. A esa solidaridad siempre la acompañé con un carácter fuerte: donde estuve, me hice respetar. En este lugar que ocupo tengo muy claro que tengo que ser muy medida y dar el ejemplo.

TS —Más allá de la conciencia social, ¿qué otras cualidades creés necesarias para la política?

JM —Si querés trabajar en política tenés que tener vocación social, empatía y «un poco» de realidad. Yo antes de ser Concejala laburé de moza, hacía encuestas, vivía arriba de un colectivo y me fui becada a San Pablo a estudiar porque me dio el promedio. A todo lo que quise le dediqué tiempo y esfuerzo. Acá me trajo mi vocación, el que piensa en llegar para ser famoso está equivocado. Si realmente querés cambiar las cosas tenés que sentir la política como un servicio, porque la demanda es permanente. Es fundamental también la empatía, entender que tu realidad no es la del otro como condición necesaria para poder ocupar cargos en los que tu decisión repercute en la vida de los demás.

 

TS —¿Qué políticas le cambian la vida a la gente?

JM —Omar Perotti prometió el Boleto Educativo Gratuito y lo hizo realidad, como una política directa y clara que vino a cambiar realidades. Lo que un chico o una chica antes gastaba para tomarse el colectivo, hoy lo tiene para comprarse una factura. Otra de esas políticas es Billetera Santa Fe, que fue pensada para activar el consumo y el mercado interno. Omar pone mucho el foco en la cultura del trabajo y la producción porque viene de ese palo. Desde la provincia hay una política de trabajo mancomunado con la Municipalidad, de hecho, las principales obras que se están haciendo en la ciudad son con presupuesto nacional y provincial. Se hizo el Desagüe Espora, una obra que estaba prometida desde hace 12 años y no habían terminado, la obra en Beruti se logró con el Plan Incluir y los desagües pluviales de barrios Centenarios, Pompeya y Villa Hipódromo, también. Es una responsabilidad mostrar que hay que trabajar de forma conjunta, porque la gente necesita soluciones y no le importan las diferencias políticas.

 

TS —¿Qué otras cuestiones te identifican con la gestión provincial?

JM —Omar es del diálogo y el consenso. Sabe que si los municipios y las comunas crecen es porque hay una gestión provincial presente. Es muy respetuoso de las instituciones y esa es la educación que recibimos dentro del espacio político con ejemplos concretos. De la misma manera me manejo en el Concejo, apoyando con mi voto a los proyectos que considero que son para la gente, independientemente del espacio desde dónde vienen. Es lo que tenemos que hacer.

TS —¿Cómo fue tu encuentro con la labor legislativa?

JM —Llegué con la premisa de que siempre hay que buscar soluciones. Mi exigencia no sólo es conmigo sino también con el resto. Es fundamental que los vecinos me convoquen para contarme sus realidades, por eso siempre acudo ante cualquier llamado, pero muchas veces me genera un poco de frustración el presentar proyectos, ideas, propuestas y que a la ejecución la tenga el municipio. Muchas veces ocurre un desfasaje y nace el discurso de la gente que reclama que fuimos, pero no solucionamos nada.

 

TS —¿Qué temáticas has trabajado durante tu gestión?

JM —Hasta ahora llevo más de 300 proyectos, soy la concejala que más proyectos presentó en el año. La mayoría están vinculados a las demandas diarias de la gente. Otro tema que trabajamos fuerte es Ambiente, porque ya desde antes de asumir con mi equipo de trabajo que se llama «Me Gusta Santa Fe» habíamos hecho eco-canjes y eco-colillas, fuimos los pioneros de estas acciones militantes para el cuidado ambiental. En un momento me decían «la concejala de las semillas» porque hacíamos mucho trabajo en huertas. También presentamos muchas iniciativas de género: la ley Micaela en clubes y asociaciones civiles, la capacitación en perspectiva de género para sacar el carnet de conducir y los lactarios en dependencias municipales y lugares de trabajo. En el Concejo, orgullosamente el género trasciende lo político y con las compañeras nos ponemos de acuerdo para trabajar juntas y unificar proyectos.

 

TS —¿Con qué proyección te encuentra este año eleccionario?

JM —Mi principal interés es trabajar por Santa Fe, y renovar la banca sería una forma de renovar mi compromiso con los santafesinos y santafesinas. Ser candidata es una responsabilidad y honor muy grande, ya que no solo represento a mi espacio sino a muchos y muchas que sienten empatía con mi trabajo como concejala. Voy a trabajar para la gente desde el lugar que me toque, desde el lugar dónde me necesiten para hacer de Santa Fe una ciudad más integrada y para poder seguir consolidando estos primeros dos años desde el Concejo con una mirada en perspectiva siempre con lo pies en el territorio.

 

Texto: Belén Bustamente

Fotos: Ana Paula Ocampo

Estilismo: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Perfiles

Edición: N°83

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