Su trayectoria política cuenta con más de 30 años, es Contadora y Licenciada en Administración por la Universidad Nacional de Rosario. Ocupó muchos espacios tradicionalmente masculinos, abriendo camino a otras mujeres, y desafiando el techo de cristal y el suelo pegajoso. Sin embargo, más de un desprevenido todavía la confunde con «la mujer de».

Con apenas 29 años fue una de las dos mujeres que integró el primer gabinete socialista de Rosario, en el año ’89. Aceptó el desafío de ocupar la Subsecretaría de Economía municipal, y atravesó la maternidad de sus tres hijos durante ese periodo.

Fue, también, la primera mujer en ser directora del Banco Municipal de Rosario, en estar a cargo de la Secretaría de Producción del municipio y en liderar por dos mandatos la intrincada cartera de Servicios Públicos. Luego, inició su carrera legislativa en 2009 desempeñándose, primero, como concejala y, actualmente, como diputada provincial.

Recientemente, apenas unas semanas después de despedir a su compañero de vida y ex gobernador, Miguel Lifschitz, Clara asumió la responsabilidad de ocupar su lugar, como candidata a senadora nacional por el Frente Progresista.

En una sociedad acostumbrada a mirar a las mujeres por encima del hombro, su trayectoria sorprende e inspira. Sin embargo, como si el peso de las decisiones tomadas no hablara por sí solo, ella prefiere hablar del equipo: «Soy fruto de una decisión colectiva, que permitió que una muchacha de 29 años fuera por primera vez en la historia subsecretaria de economía».

Y, entonces, rememora aquel gabinete icónico del socialismo, que la convocó al ganar las elecciones anticipadas del ’89: «Yo hacía varios años que era profesora de la materia Impuestos I en la Facultad, y mi especialidad eran los tributos», dice y añade: «Cuando hubo que armar equipos en cuestión de días, para poder asumir, tuve el orgullo de que me eligieran para el cargo».

El lugar de la mujer

«¿Te habrá tocado más de una situación en la que te hicieran sentir incómoda por ser mujer?», le pregunto, casi afirmando. Sin embargo, ella remarca el acompañamiento que sentía: »Elegí bien», afirma y explica: «No me mandaba en solitario. Éramos un equipo fuerte. Aunque eso no me impedía ver la sociedad patriarcal».

En aquella época, además, Clara dio a luz a su primer hijo y a las dos gemelas que le siguieron. «Por algunas cuestiones de salud no había podido tener hijos y todo el tratamiento que llevé adelante indicaba que en el mismo momento en el que iba a asumir estas responsabilidades, además, iba a quedar embarazada. Y así fue. Entre 1989 y 1993 nació Daniel y mis gemelas, Luciana y Gabriela. Con lo cual tuve ese trío de bebés que me enseñó, como a tantas otras mujeres, a equilibrar las cargas».

«¿Cómo hacías?», le pregunto, con genuina intriga de madre.

Y, entonces, ella me habla de esa red de mujeres que la contenían y ayudaban: «Eso sólo lo podés hacer en la medida que tenés un grupo que te sostiene. Porque aunque aún no usábamos el término “sororidad”, sí que existían esas redes en las que apoyarse: mamá, amigas, tías, la mujer que trabaja en casa. En esa época todavía estábamos lejos de hablar del rol y de la economía del cuidado, que el feminismo nos ha hecho ver».

Luego, reflexiona, probablemente evocando aquella época: «Creo que a las mujeres nos toca esto de exigirnos aún más, para mostrar que somos capaces».

«Eran años vibrantes», enfatiza Clara. Pero yo no puedo dejar de pensar que «difíciles y desafiantes» podría ser otra manera de describirlos.

Clara no solo ha logrado allanar el camino a otras mujeres ocupando esos espacios en los que hoy otras pueden referenciarse sino que, también, lo hizo activamente desde su función legislativa al votar la ley de paridad de género. «Siento que es haber hecho historia», comenta.

Y, aunque la iniciativa de reforma de la constitución provincial impulsada por el socialismo no tuvo éxito, ella la reconoce como un paso necesario en la búsqueda de esa igualdad. «Nuestra constitución fue votada en el año ‘61, por 60 constituyentes, de los cuales solo 2 eran mujeres y una de ellas no pudo participar. Así que la constitución que nos rige fue votada por 58 varones y 1 mujer», confirma subrayando esta materia pendiente.

Lealtad socialista

Hija de madre catalán y padre andaluz, Clara los recuerda como protagonistas activos de la vida social y con fuertes vínculos con sus lugares de origen: «Papá fue fundador del Hogar Español y siempre estuvo muy cerca del Consulado de España. Y mamá fue muy partícipe tanto del Centre Catalá como de la Agrupación Andaluza».

Sin embargo, ninguno de ellos participó en la vida política, y la militancia se presentó posteriormente, como un espacio desde el que colaborar con otros. «Yo veía con admiración a una compañera de trabajo que militaba en el socialismo y el modo en que ella ayudaba desde ese lugar, cuando fue la inundación histórica del año ‘86 en Rosario. Ahí fue que decidí incorporarme al partido», confiesa.

«Me gusta hablar de los orígenes porque para mí tienen un enlace ético con el animarse a construir en equipo. Que no es un camino de rosas, ni es naif, ni es que siempre pensemos lo mismo. Y me parece que te muestra si tu vocación es construir a futuro o ir logrando metas personales», explica.

Cuando le pregunto sobre la joven Clara de ese entonces, ella se recuerda siempre como parte de aquel espacio. «Era una época de pasión. Teníamos el entusiasmo de esos equipos que inician algo por primera vez. Éramos imparables», sentencia.

 

Momentos

La trayectoria de Clara invita a descubrir los pasos que condujeron a formar a la mujer de hoy. Entonces, cada momento parece tener un brillo especial:

Inicialmente, elige destacar sus años como profesora: «La docencia es una vocación que me ayudó mucho en mi vida política. Me encontraba apasionada, incluso dando clases a las 7 de la mañana», recuerda y añade: «Fue algo que me dio muchas satisfacciones y facilidad para expresarme».

«Después, sin duda, lo más vibrante fue Servicios Públicos porque requiere una dedicación e innovación constante», dice y comenta: «En cada rol encuentro algo positivo. De hecho, el cambio de tantos años en cargos ejecutivos al espacio legislativo me encantó, porque encontré la posibilidad de abordar cuestiones positivas para la gente, que, aunque no sean tan inmediatas, sí son muy importantes y de fondo».

Entonces, Clara se detiene en las particularidades de su actual función: «El tema clave de mi historia legislativa es lo presupuestario. Hace 6 años que estoy en la comisión y siempre he defendido las leyes de presupuesto y las tributarias. También, me gusta mucho todo lo que son las obras y servicios urbanos», reconoce y destaca: «Manejo los números y las finanzas con mucha facilidad».

En este recorrido, tampoco olvida hablar de su lugar junto a Miguel Lifschitz, que la llevó a adoptar un perfil más bajo: «La importancia de las responsabilidades que tuvo Miguel hizo que yo eligiera acompañarlo como un rol en sí mismo. Así como he sido tan autónoma en otros espacios. Fundamentalmente, cuando fue legislador y, más aún, cuando fue gobernador, entendí que acompañarlo era una tarea importantísima».

«Hay momentos en la vida en los que sos un vagón y otros, una locomotora», dice, buscando hacer más gráficas sus palabras: «Durante esos años fui vagón que acompañaba. Y creo que fue la mejor decisión que pude haber tomado. Ahora la vida me pone en otro rol».

 

Nuevos desafíos

Hace tan solo tres meses, producto de la pandemia Covid–19, Clara despidió a su querido compañero de vida, experimentando en primera persona el dolor de tantas familias marcadas por esta tragedia. Y viviendo de cerca el sufrimiento de los equipos médicos, muchas veces, desconcertados frente al impredecible avance del virus.

«Es algo muy duro. ¿Quién no tiene a alguien cercano que haya sufrido alguna pérdida importante en este último tiempo? Hoy, es indispensable hablar desde un lugar mas humano», remarca, pareciendo encontrar en este padecimiento colectivo, también, motivos para seguir trabajando.

Ahora, hace solo unas semanas, Clara volvió a despedir a otro ser querido: su madre. Sin embargo, en su discurso nunca se la escucha sola, sino con un acompañamiento firme: de esos hermanos que volvieron para estar juntos en este momento; de los hijos propios y los ensamblados, que son apoyo constante; de las amistades, las de la política, pero también las de la infancia que son un cable a tierra indispensable; y de ese equipo entrañable de compañeros de militancia que ella nunca olvida mencionar.

Pienso que hay situaciones que ponen a prueba la fortaleza de nuestras decisiones; y me pregunto, entonces, si será cierto que el dolor nos hace más fuertes o, simplemente, es que hay mujeres que son imparables.

 

Texto: Joselina Berraz

Fotos: Ignacio Platini

Estilismo: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Perfiles

Edición: N° 85

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