Las murgas de Santa Fe son el motor que dan vida a los carnavales que se realizan en la ciudad. En 2020 el festejo tuvo un ingrediente especial: la fiesta popular fue itinerante, y recorrió nueve barrios. Esto fue posible gracias al quehacer mancomunado de decenas de vecinos y vecinas, que durante once meses, trabajan juntos esperando con ansias la llegada de febrero.

El silencio del atardecer del viernes se transforma a medida que se transitan las cuadras que separan Candioti Norte de barrio La Lona. La esquina de Luciano Torrent y Avellaneda muestra un panorama diferente al de los vecinos retornando a sus hogares: niños y niñas con trajes violetas y dorados, banderines de colores que surcan el cielo de vereda a vereda, el sonido de los tambores compitiendo con el volumen de la cumbia. Esta noche hay carnaval.

Populares y organizados

M.O.M.O es el Movimiento de Organizaciones Murgueras del Oeste, un conjunto de agrupaciones que desde 2013 llevan adelante los Carnabarriales, generando carnavales gratuitos y populares.

Pablo Speziale integra la murga Renegados y Renegadas de Alto Verde, y desde allí se sumó a M.O.M.O: «La idea es pensar las murgas como un fin social, en donde los vecinos, además de estructurarse en lo que respecta a ritmos, vestidos, maquillaje y baile, se organicen como comunidad», aclara.

Más allá de la delimitación geográfica del nombre, los integrantes del movimiento incluyen agrupaciones de toda la ciudad: desde Herederos del Sol de Loyola Sur hasta Grandes Pekes de Centenario, pasando por Lxs Locxs del Barrio de La vuelta del Paraguayo, y muchas más.

El año pasado se pusieron un objetivo que fue apoyado por las gestiones municipal y provincial: llevar la fiesta a los barrios. Así fue que los carnavales 2020 tuvieron lugar en Alto Verde, La Lona, El Pozo, Centenario, Coronel Dorrego, Santa Rosa de Lima, Villa del Parque, San Lorenzo y Cabaña Leiva.

Experiencias

Daniel Alífano trabaja como empleado de seguridad en el Mercado de Abasto y es parte de la murga Sueño Dorado de Coronel Dorrego.

«Comenzamos hace siete años, con un grupo de amigos de mi hijo, armando una batucada. Vamos a eventos solidarios y cumpleaños. Todo sin fines de lucro. Si algún instrumento o traje se rompe, lo arreglamos o reponemos todo a pulmón, junto a mi familia. Arrancamos con un grupo de nueve o diez chicos y ahora somos 38», afirma con orgullo.

Reflexionando sobre qué significa participar de los carnavales, expresa: «Es imposible de explicar. Estar con tantos pibes a cargo, ver que les gusta y poder sacarlos de las esquinas, es algo grande. Lo que nos motiva a seguir es mirar a la gente aplaudir y disfrutar de lo que hacemos durante todo el año».

Cecilia Castillo es responsable de una empresa de limpieza e integra la murga Cristo Obrero de Villa del Parque.

«Hace 20 años pisé por primera vez el barrio y nunca más me pude ir. Ahí conocí gente del grupo Cristo Obrero y me interesó su tarea socio-cultural. De a poquito me fui metiendo y acá seguimos, nada más que con unos años encima», recuerda con una sonrisa.

Sobre cómo se orienta la labor, relata que «hay cinco murgas que confluyen en un ensamble. Trabajamos juntos y no hay competencia. Todos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades. Así logramos compartir y estar juntos. Por más que sean vecinos o compañeros de escuela, lo que se vive cuando se sale a tocar es mágico. Es el broche de oro del trabajo con ellos», comenta emocionada.

Mientras el aroma del puesto de hamburguesas y panchos cubre toda la esquina, los vendedores de espuma se multiplican. Los vecinos sacan sus sillas a la vereda y los comercios apuran su cierre. Los colectivos con las murgas y comparsas llegan cuando la noche ya se adueñó de la ciudad. Todavía faltan varias horas de alegría y diversión.

«En 2020 el festejo tuvo un ingrediente especial: la fiesta popular fue itinerante, y recorrió nueve barrios.»

 

Texto: Juan Almará

Fotos: Prensa Municipalidad de Santa Fe

Nombre de sección: Cultura

Edición: N° 79

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