Tiene 32 años y es piloto en la categoría TC Pista Mouras, en automovilismo. Aspira a llegar al Turismo Carretera. Ha incursionado en el motocross, con éxito. Lo apodan «Gato», reside en Neuquén y se moviliza en silla de ruedas desde los 18 años, cuando sufrió grave accidente de motocross en un circuito de Chile. Con una confianza en sí mismo a prueba de accidentes, el hincha de River Plate brega para que la sociedad sepa que hay continuidad después de la discapacidad.

«A mí nadie me detiene porque soy todo terreno, mi espíritu es inquebrantable.» Él no sabe quién es el autor, tampoco recuerda dónde y cuándo escuchó la frase motivadora. Sin embargo, día a día, la pone en práctica un ejemplar deportista de alto rendimiento, que compite en las categorías TC Pista Mouras, de automovilismo, y motocross, de motociclismo. Se llama Juan María Nimo, tiene 32 años, lo apodan Gato y se moviliza en sillas de ruedas desde los 18 años, como consecuencia de un accidente que protagonizó el 15 de octubre de 2006 en un circuito chileno de motocross, mientras se entrenaba para una competencia.

«El accidente fue un cambio de vida. Inicié una rehabilitación intensiva y ahí mismo dije que quería ser piloto de automovilismo», afirma, catorce años después, el oriundo de Neuquén. Dado que la abrupta caída le provocó una seria lesión medular a nivel torácico, provocándole parálisis de sus extremidades inferiores.

En 2013, tras un extenso proceso de rehabilitación, lejos de recluirse en la depresión, a modo de acción benéfica y desafío personal, Juan María decidió subir a una silla de ruedas deportiva y unir las ciudades de Neuquén y Buenos Aires (el Obelisco como bandera de llegada), en solo veinte días, luego de pasar por 4 provincias y recolectar donaciones para instituciones benéficas.

La extensa travesía le despertó el profundo deseo de competir nuevamente en motociclismo. Ni lerdo ni perezoso, volvió a las pistas. Primero, en motocross, como no podía ser de otra manera. Su familia, que siempre estuvo vinculada al deporte, le brindó incondicional apoyo. «Somos cuatro hermanos, Eugenia juega al hockey y llegó a la selección, mi hermano Leandro es bailarín, acróbata y DJ. También está Belén y yo, que soy el menor. Mi papá Héctor, de quien heredé el apodo de Gato, fallecido hace unos años. A él le costó superar las trabas que me ponían. Porque asumía que yo era discapacitado. Pero no entendía cómo no aceptaban que pudiese continuar mi carrera como deportista. Lamentablemente no pudo verme debutar en la Copa Bora, pero me ayudó mucho. Y mi mamá, Edi Fornasin, es asistente social y trabaja bastante en lo solidario», cuenta el hincha de River Plate.

Al poco tiempo, Juan María decidió inclinarse por el automovilismo. Primero en competencias zonales, después en rally, categoría en dónde le fue muy bien. Pero el sueño era participar en una categoría nacional. Tras un largo peregrinar por oficinas, en 2015 obtuvo la licencia para conducir autos de carrera en la Argentina, convirtiéndose en el primer piloto con discapacidad de Sudamérica (y uno de seis en el mundo). De inmediato le surgió la posibilidad de participar en la Copa Bora, categoría telonera de Turismo Carretera y TC Pista.

En 2016, durante la cita internacional del Moto GP, en Termas Río Hondo, Gato logró otro sueño: tomar contacto y establecer vínculo con el múltiple campeón italiano Valentino Rossi. «Fue una emoción muy grande y me abrió sus brazos para ofrecerme la ayuda que necesité  para seguir corriendo.»

A lo largo de ese año, el piloto neuquino recibió propuestas de Europa y Estados Unidos para continuar la carrera deportiva. Sin embargo, Nimo prefirió quedarse en el país. «Yo quiero crecer como deportista en la Argentina, acá tengo todos mis afectos y mi deseo es intentarlo primero en el país», asegura.

Después de buenos resultados en la Copa Bora, Juan María logró la autorización para sumarse a TC Pista Mouras, la cuarta categoría de la ACTC. El debut llegó en el primer trimestre de 2018, en el circuito Roberto Mouras de la ciudad de La Plata.

Gracias a comandos especiales que fueron adaptándose al vehículo, el piloto neuquino puede accionar con las manos el acelerador, los frenos y los cambios desde el volante. «Lo que el resto de mis colegas hace con los pies y las manos, yo lo hago solamente con las manos», cuenta «Gato» Nimo, que supo practicar danceability, un método de improvisación en danza que logra que personas con y sin discapacidad se junten en un ejercicio artístico.

A diferencia de las 5.600.000 personas que padece una discapacidad en la Argentina, Juan María sostiene que «la verdadera rehabilitación es reinsertarse en la sociedad porque la vida continúa. Y no me quita el sueño volver a caminar». Él quiere seguir creciendo en el automovilismo. No solo ganar carreras en TC Pista Mouras, sino pasar a Turismo Carretera y «consagrarme campeón de la categoría para demostrar que nada es imposible», concluye el deportista con dos vidas y sin límites.

 

Texto: Juan Ignacio Penlowskyj

Nombre de Edición: Historias de vida

Edición: N°80

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