A partir de radiografías, se pudo descubrir con el tiempo algunas piezas que pintó y, luego, ocultó; Google lo homenajea hoy con un doodle

El pintor holandés Johannes Vermeer nació en la ciudad de Delft en 1632, y se convirtió, a partir de 1995, en uno de los más populares referentes del mundo de la plástica. El 12 de noviembre de ese año, se inauguró una exposición homónima en la Galería Nacional de Arte de Washington D.C., con 21 de sus 35 obras existentes. Por eso, en este viernes 12 de noviembre, Google decidió recordarlo con el Doodle que recibe a las personas que quieren usar el buscador.

Pero Vermeer no siempre fue célebre: cuando murió en 1675, a los 43 años, envuelto en deudas, cayó en el olvido. “De un día para otro, pasó de sentirse perfectamente… a estar muerto”, decía la sintética descripción de su viuda.

Una de las principales característica de su obra es que hacía retratos de plácidas amas de casa. Esto llevó a que sea redescubierto en 1860, aunque no por razones puramente estéticas, sino porque -como su obra ignoraba a los aristócratas y ennoblecía la vida cotidiana de las personas corrientes- Theodore Thore, un crítico de arte francés y político radical, lo hizo internacionalmente famoso como pintor de izquierda.

Vermeer significó cosas diferentes para las distintas generaciones. Los intelectuales del siglo XIX lo consideraban un defensor de los ideales democráticos, y los del siglo XX lo veían como el padre de la pintura abstracta. Estos últimos alababan sus cuadros por su diseño geométrico, considerándolo antecesor de Mondrian, pero no hablaban de su temática.

Era un perfeccionista al extremo, al punto de haber pintado, quizá y con suerte, solo medio centenar de cuadros, de los cuales solo se conservan 35: la mitad, obras maestras absolutas.

Fue un enigma en comparación a sus contemporáneos. Ejemplo de esto es el hecho de que Rembrandt dejó decenas de autorretratos, pero Vermeer, ninguno; solo –tal vez– su espalda, y ni siquiera eso es seguro.

Otro aspecto misterioso detrás de este pintor es su carácter psicológico. Alejandro Vergara, el comisario de la muestra que se hizo sobre Vermeer en el Museo del Prado en 2003, habló en aquel entonces con LA NACION, y sostuvo: “Lo llamativo es que él mismo borró pistas que hubiesen servido para descifrar mejor la escena que presenta de modo engañoso: parece mostrarlo todo pero, a poco de mirar, crece la sospecha de que hay mucho más oculto”.

Según contó, por radiografías, “se ve todo lo que Vermeer quiso primero mostrar y ocultar después”. Y ejemplificó con un caso que se descubrió en 1979: “La mujer que lee concentrada una carta a la luz de una ventana, originalmente tenía, detrás, un cuadro de Cupido, referencia al amor del que podría hablar el mensaje. Pero una vez pintada al detalle, Vermeer tapó esa figura aliada del deseo y dejó sólo la pared blanca, donde la luz brilla, decrece y se dispersa”.

Los investigadores continuaron analizando el lienzo en 2017, y determinaron que el cupido estaba cubierto por otro pintor. En 2021, una iniciativa alemana restauró por completo la pintura. Estos esfuerzos son solo algunos de los muchos intentos de desmitificar a Vermeer y a algunas de las obras de arte más preciadas del mundo que dejó atrás.

 

Fuente: LA NACION.

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