Hace 62 años comenzaba uno de los fenómenos culturales y artísticos más importante de Argentina y la región: el Instituto Torcuato Di Tella (ITDT). Existen muchas historias alrededor de su breve y controversial existencia, que albergó muestras polémicas, fue el «semillero» de grandes artistas y que generó un legado cultural. Pero, ¿qué fue el Di Tella?, ¿por qué su figura se agigante con los años?, ¿dejó un legado artístico a largo plazo o solo fue un boom del momento?

El Instituto Torcuato Di Tella (ITDT) fue concebido con la misión de promover el estudio y la investigación de alto nivel, de modo de modernizar la producción artística y cultural del país, sin perder de vista el contexto latinoamericano donde se encuentra la Argentina. Financiado por la Fundación y con el apoyo de organismos nacionales y extranjeros, el ITDT contribuyó a la formación de varias generaciones de artistas, profesionales y académicos de destacada actuación nacional e internacional. Sus actividades se llevaban a cabo en un ambiente genuinamente plural, a través de diferentes centros de investigación.

En 1960 comenzaron las actividades del Centro de Investigaciones Económicas (CIE); tres años después, empezó a funcionar el Centro de Investigaciones Sociales (CIS). En 1963 también abrió sus puertas una sede del Instituto en la calle Florida, donde realizaban sus tareas el Centro de Experimentación Audiovisual (CEA), dirigido por Roberto Villanueva; el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM), a cargo de Alberto Ginastera, y el Centro de Artes Visuales (CAV), comandado por Jorge Romero Brest.

Este último centro es el que le daría mayor fama al Instituto. El CAV modificó para siempre la percepción de los fenómenos artísticos en la Argentina. Sinónimo de vanguardia y provocación, allí se dieron a conocer tendencias rupturistas, como el neofigurativismo y, sobre todo, el arte pop.

Algunos de los artistas vinculados con la sede Florida del ITDT han sido: Antonio Berni, Jorge de la Vega, Juan Carlos Distéfano, León Ferrari, Edgardo Giménez, Gyula Kosice, Julio Le Parc, Marta Minujín, Dalila Puzzovio, Luis Wells, Rubén Santantonín, Marilú Marini, Nacha Guevara, Gerardo Gandini y Les Luthiers.

El historiador Tulio Halperin Donghi (investigador visitante del ITDT) resumió de este modo el contraste entre el pasado y el presente que se escenificaba en el centro porteño: “A tres cuadras de las ruinas de un Jockey Club que no se resolvía a resurgir de sus cenizas, una institución que llevaba el más célebre de los nombres surgidos de la nueva burguesía industrial ejercía en el más alto nivel el arbitraje de las modernas elegancias”.

A fines de los años sesenta, la censura impuesta por el gobierno militar de Onganía dificultó la continuidad del ITDT y varios centros debieron cerrar sus puertas. No obstante, el Instituto mantuvo su independencia intelectual y continuó su producción en las ciencias sociales a través de diversos programas, proyectos y publicaciones.

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