COLECTIVA FEMINISTA DE ARROYO LEYES 

La Ruta Provincial N° 1 se angosta a la altura de la calle 64, ese tramo de asfalto de más de 300 km que une decenas de localidades santafesinas da una amarilla y perfumada bienvenida gracias a los frondosos Ibirá Pita, que florecen en sus márgenes. El cielo está cubierto y parece que lloverá ni bien lleguemos a la casa de barro donde esperan las integrantes de La Colectiva de Arroyo Leyes.

 

El espacio —convidado por la cooperativa Tekkos— donde estas mujeres trabajan es un festín para los sentidos: tocar el pasto húmedo al sentarnos en la tierra, el aroma a barro ahumado, el contraste de los brillantes colores de sus cabellos y pieles; el viento y los pájaros que acompañan sus voces al narrar, hasta el agua —habitualmente insípida— sabe dulce. Allí nacen los cuencos, vasijas y hasta botones de cerámica, el nuevo proyecto que encara La Colectiva. «Aquí hay río, hay laguna. Son los recursos del entorno, lo que da la naturaleza, es que de barro somos.» La Cuerpa —tal como se nombran— se ha propuesto desnaturalizar los modos y lazos de la economía capitalista y ofrecer espacios de formación, producción y comercialización de los recursos del lugar con perspectiva de género.

 

N. de E: La escritura que acontecerá en las próximas páginas estará despojada de comillas y de citas directas, no busca quitarles su identidad individual sino reforzar su carácter grupal. En el momento de la entrevista cada una de las frases se entrelazaron y dieron forma a un todo, cual rompecabezas o trama, dando luz a esta narrativa conjunta que las contiene y sostienen entre todas.

 

La Colectiva Feminista de Arroyo Leyes surge en 2017, el primer encuentro con las mujeres estuvo relacionado con una plaza. Comenzamos a trabajar en el barrio Villa Juana, junto a la Secretaría de Género, para embellecer un espacio público que ni siquiera estaba en los planos y lo pusimos en diálogo con una profesión que por lo general es masculina, entonces aparecieron las mujeres albañilas. Trabajamos con los materiales que teníamos en el entorno y sin fijarnos ni quedarnos con uno. Los cimientos fueron hechos con cubiertas de autos que desecharon las gomerías, fue descubrir y romper un poco el paradigma de la construcción tradicional. Las mujeres albañilas compartieron sus conocimientos y, en ese proceso de habitar lo público, se formó un espacio de amor donde nos fuimos descubriendo en las rondas, los círculos, la transpiración, el cuerpo.

Luego decidimos plantar árboles e intervenir garitas de transporte público, generábamos acciones concretas en fechas específicas. Entonces vimos la necesidad de tener lazos más fuertes con las mujeres de nuestra comunidad. Decidimos poner el cuerpo no sólo para denunciar y modificar lo público sino, también, para promover cambios internos. Inicialmente, metimos las manos en las calles para luego volver sobre nosotras y cada una. Pensar y abrir talleres de producción, habilitando la economía feminista, sustentable y colectiva, fue un deseo pujado, la Feria para comercializar aquello que producimos lo complementa y dialoga con la ciudanía.

 

Parte de nuestra tarea es repensarnos y revincularnos con nuestros cuerpos, posibilitarnos descubrir, tocar y saber. En los diversos momentos de producción hay variedad de temas que aparecen y son germinadores de otros espacios. Una experiencia interesante fue el taller de toallitas ecológicas que posibilitó a las mujeres verbalizar sobre sus cuerpos, su sexualidad; luego hicimos charlas y talleres en la primaria y la secundaria, forjando otro vínculo con la comunidad. En los lugares que nos han cobijado hemos dejado una huella y cada actividad crea sentido.

La fabricación en cerámica surge de todos estos mismos elementos vertebradores: se hizo un análisis del contexto, pensamos en la arcilla, en la tierra y los ancestros, lo que llevó a proponer una producción que apunte a recuperar esos saberes. Las piezas son colectivas, todas participan de los diversos procesos, cada pieza pasa por muchas manos, charlas, rondas y silencios, dándole una musicalidad particular. Ese mismo ritmo, ese recorrido se refleja en los diseños curvos, irregulares, «laguneras» le decimos.

 

 

 

La Cuerpa con nombres propios. Jimena Fraile, Fabiana Sinchi, Florencia Osuna, Marcela Estrada, Marisol Depetrini, Silvina Bosch, Jorgelina Reyna, Cecilia Testoni, Laura Bovero, Natalia Zehnder, Raquel Blackie, Monica Alvarez, Marina Ramayo, Isabel Marcon, Santiaga López Carrara y Clarisa Ferreccio. *

 

Texto: Victoria Bordas

Nombre de sección: Género y diversidad

Edición: N° 83

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.