De pequeño corría en su barrio con sus amigos jugando a la pelota, de grande como sacerdote camina en los barrios acompañando y escuchando las necesidades de la gente. Los vecinos lo invitan a sus casamientos, a sus cumpleaños, a sus vidas, como un integrante más de sus familias. Su pasión por el fútbol, su humildad y su sonrisa lo convirtieron en un referente indiscutido de la ciudad de Santa Fe.

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