En 2020 el taller se reunió solo una vez, la primera clase, el 14 de marzo. Aunque ignorábamos lo que pasaría en los meses siguientes, ya teníamos algo de temor. Recuerdo que les pedí que no compartieran las biromes porque se decía que el virus era muy contagioso. Después de eso seguimos trabajando de manera virtual, “encontrándonos” en videos o actividades en las fechas y a la hora previstas y completando las lecturas que se habían seleccionado antes de la pandemia. Hacíamos esos pequeños gestos de normalidad para sostenernos en uno de los momentos más difíciles de la historia de nuestro país: compartimos textos, pensamos consignas, desarrollamos proyectos, jugamos, leímos. Algunos talleristas dejaron el taller, llegaron otros. Hoy conforman un grupo sólido, talentoso y activo que comparte en esta antología el cuento que, a juicio de sus compañeros, es el mejor que han escrito este año. No todos los asistentes han querido publicar, pero todos han opinado y alentado a sus compañeros a hacerlo.

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