El 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. En 2020 se da en un momento en que los efectos de la pandemia de COVID-19 han impactado considerablemente en nuestras vidas cotidianas, generando cambios a nivel laboral, personal, social y, por supuesto, también en nuestra salud mental.

Poco es lo que se sabe acerca de los efectos de la pandemia en el mediano y largo plazo en la salud mental de las personas y muchos se consideran “adaptados” a esta nueva situación, en la cual la pregunta acerca de “¿cuándo volveremos a la normalidad?” ha virado hacia “¿cómo será la vuelta a la situación anterior?”, que cada vez se nos presenta más lejana y ajena.

En principio, se ha identificado la incidencia de emociones como el miedo, la angustia y el estrés en personas con diferentes edades y situaciones, y una de las grandes preocupaciones ante estas manifestaciones es la patologización de estas respuestas que, frente a un escenario de incertidumbre son absolutamente esperables.

Sería extraño que estos cambios en nuestra vida cotidiana no generaran estas respuestas y no necesariamente el estrés o el cansancio devenidos de esta pandemia sean un motivo para recibir un tratamiento o asistencia en salud mental.

Con la pandemia, han tomado consistencia pensamientos que habitualmente permanecen latentes. Se corrió el velo: la muerte y la enfermedad no siempre son tan ajenas y no siempre están tan lejos, y el ser humano, como agente de contagio del virus, se ha vuelto él mismo un peligro para sí y para el prójimo, despertando la fantasía de destrucción más profunda, que normalmente permanece sublimada a través de la frase “no quiero hacerte daño, no quiero lastimarte”.

La nostalgia por el escenario de febrero no es otra cosa que la incertidumbre por el futuro, y su principal razón es que en el contexto actual no nos atrevemos a hacernos la pregunta por cómo seguir a partir de ahora, parados sobre la certeza de que muchos de esos cambios que vivimos en nuestras singularidades han llegado para interpelarnos y para quedarse.

La campaña del 2020 por el Día Mundial de la salud reza “Acción a favor de la salud mental: invirtamos en ella”. La mejor prevención de cualquier necesidad futura de atención por parte de las personas afectadas por esta pandemia será un sistema de atención en salud mental capaz de contener la demanda y capacitado para acompañar los diferentes procesos. Que esta “nueva normalidad” sea también una oportunidad para revisar antiguos paradigmas en salud mental y apostar a nuevas oportunidades de atención que nos permitan estar más cerca de quienes necesitan asistencia.

Fuente: Clarín.

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