Editorial Palabrava, uno de los sellos independientes de Argentina que más ha crecido en los últimos tiempos, lanzó a librerías físicas y virtuales la novela Te quedan lindas las trenzas, de la narradora y poeta local Patricia Severín, más su coedición con la editorial Pro Latina Press, de Nueva York, EE.UU.

Lina, la protagonista de Te quedan lindas las trenzas, pasa sus vacaciones de verano en el campo de sus abuelos maternos. Es la década del 60 y la vida transcurre en un tempo diferente. Cuando regresa a la ciudad, un hecho doméstico hará que deba vivir temporariamente en la casa de sus abuelos paternos, inmigrantes de la región del Piamonte, Italia.

Lina registra lo que va pasando a su alrededor: universos diferentes –y contrapuestos–, de las dos familias. Hay gozo cuando disfruta de la naturaleza y de las cosas simples de la vida, pero también soportará castigos, mandatos, prohibiciones y peligros. En esta historia encontramos hermanos terribles, el mal genio de una madre –detrás del cual se oculta el sufrimiento–, la distancia del padre y secretos familiares que pugnan por salir a la luz. Las dos abuelas, Luisa y Elbia, marcarán la infancia de Lina desde distintas visiones del mundo que moldearán su carácter y sus vínculos y determinarán su futuro. Un viaje a las Cataratas del Iguazú pondrá en evidencia la profunda fisura que existe en este mundo familiar que, supuestamente, es el que debe cobijar a Lina.

Las tres secciones que conforman esta nueva entrega de la autora santafesina –LuisaElbia El viaje– nos transportan a un escenario mayoritariamente rural, el de la Argentina de la primera mitad de los años ’60, los tiempos en que de modo incipiente comenzaba a explotarse el cultivo de la soja, décadas después una de las mayores fuentes de exportación del país.

 

Con un muy buen manejo de la estructura novelística, la intriga y el suspenso condensados en escenas cotidianas, Patricia Severín eligió la primera persona del singular, esa voz narrante de la niña de unos diez años, para dejar entrever la madeja de pugnas familiares que envuelve a la protagonista y los abundantes personajes terciarios y secundarios, permitiéndole al lector omnisciente completar el cuadro general de situación. Así lo dispone en las dos primeras secciones del volumen y empleará la tercera persona para objetivizar cuanto sucede en la parte final de la novela, El Viaje, donde nos brindará los indicios de quién será Lina y cuál su destino remoto una vez llegada a la adultez.

El desarrollo de los conflictos es gradual y efectivo: a las pistas que nos proporciona la autora en la primera sección, Luisa, se sumarán otras más concluyentes en la siguiente fase, Elbia, cuando Lina, niña itinerante, deja el campo de sus abuelos maternos por la “casagrande” donde vivirá con los paternos, Elbia y Liborio, un entorno y unos caracteres muy diferentes de los que conoció antes. La ruda sencillez del ámbito anterior nada tiene que ver con ese de su presente en la segunda parte de Te quedan lindas las trenzas: las pretensiones de su abuela Elbia, máscara que esconde el temor a la miseria de una huérfana de padre que se casó con Liborio, de posición mucho más desahogada, afecto al golf como marca de su condición social; la ausencia/presencia del padre de Lina, aun más distante que su madre, son todos síntomas de un medio ambiente tan intrigante para la niña como el que conoció antes, aunque muy diferente.

Forzosamente unidos ambos mundos por los lazos de sangre, de los que ella misma es otro de los resultados, no podían menos que originar pugnas entre sí, las que justamente se tornarán evidentes para el lector en El Viaje, la tercera y postrera sección de esta interesante novela.

Lina, una niñez en tránsito permanente a través de un universo de acercamientos y distancias, una personalidad en formación bajo constante desplazamiento, se trasladará entre una experiencia y otra recorriendo en su accidentado itinerario dos caminos bien diferenciados: el periplo por el mundo objetivo, donde lo quiera o no lo quiera deberá afrontar las preferencias y los rechazos que imponen los adultos, y su propio recorrido interior, madurativo, una travesía obligada a la que nadie pudo escapar desde que el mundo es mundo y lo habitamos los humanos.

Te quedan lindas las trenzas es un texto para recordar cuántas veces y de qué extraño modo, a la misma edad que Lina, el universo de los adultos nos invitó a entrar en él y nos hizo, en buena parte, ser quienes somos.

La autora

Patricia Severín nació en Rafaela, provincia de Santa Fe, Argentina, el 10 de agosto de 1955. En narrativa breve ha publicado: Las líneas de la mano (1996), Solo de amor (1999), Helada Negra (2016) y Mamá quiere ver las rosas y otros cuentos (2020). En novela: Salir de cacería (2013), La Tigra (2018) y Te quedan lindas las trenzas (Ed. Palabrava, Argentina, y Pro Latina Press, EE.UU. 2021). Es también autora de los poemarios: La loca de ausencia (1991), Amor en mano y cien hombres volando (escrito junto a Graciela Geller y Adriana Díaz Crosta, 1993, 2016), Poemas con bichos (2001, 2011, 2017, 2019), Libro de las certezas (2006), El universo de la mentira (2011), Abuela y la niña (2012), Muda (2018) y Eclipses familiares (2019).

 

Información obtenida por Editorial Palabrava y Todo literatura.   

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