
“Uno debe fotografiar las cosas no solo por lo que son, sino por lo que además son”. La frase del estadounidense Minor White (Minneapolis, 1908-Boston, 1976) engloba su visión del arte fotográfico, entendido como una filosofía de vida que a través de la metáfora camina hacia la espiritualidad y expresa los estados de ánimo del autor.
White abordaba sus fotografías con una mentalidad existencialista, y quizás ninguna de sus obras fuera tan idealista y surrealista como sus incursiones en el mundo de la fotografía infrarroja. No solo fue un fotógrafo prolífico en el sentido artístico y técnico, sino que fue uno de los pioneros de la fotografía infrarroja, popularizando su increíble atractivo entre el público general. Sus imágenes infrarrojas, al igual que sus demás obras, proyectaban un mundo fusionado con el paisaje físico y su propia creatividad.
Gracias a su enfoque místico de la fotografía, Minor White se ha convertido en uno de los fotógrafos más influyentes de la posguerra. Sus fotografías de paisajes suelen crear imágenes abstractas que desorientan al espectador y penetran más allá de la superficie del sujeto. White desarrolló secuencias para estas imágenes que resaltaban las posibilidades meditativas de la lectura fotográfica como medio de autoconocimiento espiritual, una práctica que sigue inspirando a muchos fotógrafos contemporáneos.
Estudioso de diferentes sistemas espirituales, y enrocado en la ocultación de su homosexualidad ante el temor al ostracismo social, White estaba más interesado en el potencial simbólico de su arte que en representar la realidad.
White fue un artista que buscó, toda su vida, la espiritualidad en diferentes manifestaciones. Eventualmente llegó al Zen y sus fotografías se convirtieron en auténticas meditaciones abstractas que invitan a la contemplación.
MJ
