
María del Valle Basail Buschiazzo es abogada, especialista en derecho de familia y minoridad. Ejerce la profesión, es docente en la carrera de derecho de la universidad nacional del litoral e incursionó en política. Fue candidata a constituyente por La Libertad Avanza y actualmente asesora al bloque Vida y Familia en la legislatura. Hija única, orgullosa de sus orígenes y progenitores, tiene en la religión católica un pilar fundamental. “Siento que la vocación que Dios me dio es para ayudar a las personas. Soy una mujer de derecho pero primero soy una mujer de fe”.
María del Valle cuenta que nació y vivió siempre en Santa Fe. “Mi mamá es de Gualeguaychú (Entre Ríos), vino a estudiar licenciatura en química y conoció a mi papá que ya era médico veterinario”. Destaca que la medicina y el derecho aparecen desde las dos ramas que formaron su familia. Habla con admiración de su padre y abuelo paterno, quien era pediatra cirujano y de su abuelo materno que era fiscal. “Son mis grandes referentes”.
También la escolaridad dejó una marca en ella. Estudió en Adoratrices, institución que, según sus palabras, la “forjó”. “Siempre digo que uno es lo que es gracias a sus padres y la familia y, en mi caso particular, también la escuela. He tenido allí docentes amorosas que me han exigido muchísimo, lo cual agradezco. El colegio ha fortalecido mis valores impregnados desde mi casa”. Y esos valores son los de la religión que sostiene: católica apostólica romana.
La abogacía como servicio

Mucho antes de llegar a la facultad de derecho de la UNL, Valle supo lo que deseaba hacer. “Quería estudiar algo para ayudar. Siento que la vocación y la decisión que Dios me dio son para ayudar. Dios es todo para mí. Soy una mujer de derecho pero primero soy una mujer de fe”. Relata que la elección de la carrera surgió previo a la secundaria, incluso. “Siempre fui una persona de hacer justicia. Me gustan las cosas claras, justas y transparentes”.
Valle empezó a dar clases en la facultad antes de graduarse. “Junto con otras colegas fuimos las primeras en dar clases como alumnas”. Actualmente es jefa de trabajos prácticos en la cátedra de derecho de familia, materia de la que es especialista. En el ejercicio de la profesión familia y minoridad son sus temáticas. Siente que la abogacía, al igual que la medicina, se vincula al hacer por los otros. “Yo tomo a mi profesión como una vocación de servicio para hacer justicia y para hablar por muchos que quizá no se pueden defender o no saben cómo”
La charla aborda el presente en tribunales y los juzgados de familia aún no cubiertos. Entonces surge la pregunta sobre si le gustaría ser jueza. “Ahora no porque amo el ejercicio de la profesión. Creo que todavía tengo mucho para aportar ahí. Siento que ayudo, colaboro, soy un granito de arena en esto del proyecto político. A mí me gusta mucho estar en contacto con la gente. Cuando fue la inundación, la universidad tenía un proyecto de asesorar en distintos barrios y durante dos años fuimos a Alto Verde y a La Boca. Para mí era una alegría ir porque la gente esperaba a la abogada. Hay gente que no puede ir a mi estudio y todos tienen derecho a consultar a un abogado especialista, a tener un mejor servicio de salud, a que se le explique adonde poder denunciar, que es el MPA, Gefas. Yo me sentía feliz de ir, cumplir y no fallarle a la gente, porque vos le fallás a alguien y nunca más vuelve a creer”.
Ser y hacer
“Obviamente una cosa es el deber ser y lo que te enseñan o está en la letra de la ley y otra lo que realmente es”, señala Valle en relación con el ejercicio de la abogacía. “Es una carrera que yo amo pero, como en todas las profesiones, a veces hay cuestiones de egos. Aún así, la verdad es que superó mis expectativas. Aprendí y sigo aprendiendo. Yo amo mi carrera y especialidad tanto o más que el primer día”.
Caminar a diario por los tribunales implica también encontrar problemáticas. En ese sentido, Valle señala: “Yo veo mamás que hace años que no perciben una cuota alimentaria, mamás con niños con discapacidades cuyos papás han desaparecido de sus vidas, veo papás víctimas de falsas denuncias, veo personas a las que muchas veces la justicia no las acoge”. Y en ese contexto y visión de la profesión, ella suele destacar la palabra humanidad. “No son ni un número de expediente, ni un fallo. Son personas que recurren a mi”
El interés por la infancia
“Soy orgullosa mujer y admiro al varón porque he tenido figuras masculinas en mi vida que me llenan el alma. Mis abuelos, mi padre han sido ejemplos en mi vida”. Cuenta que su abuelo pediatra atendía muchas veces sin cobrar y que fue médico de la forestal. Fuera de su familia destaca la inspiración de una profesora de la secundaria y señala el honor de haber sido alumna en la facultad de destacadas figuras del derecho. “Fui la última promoción de posgrado en familia y minoridad de la Dra. Maria Josefa Méndez Costa. La verdad que he sido bendecida”.
Y hoy, como docente, ¿qué es lo que ella ve? “No advierto tanta pasión por la profesión, aunque no generalizo. No encuentro en todos esas ganas de cambiar el mundo. Yo trato de transmitirles esa pasión que tengo. Formo mujeres y hombres de derecho y también seres humanos éticos. Personas de derecho que se manejen con el valor que amerita la carrera”
La situación presente de la minoridad y adolescencia, preocupa particularmente a Valle. “Veo mucho mal trato desde lo emocional, tanto de papá como de mamá. Todas las violencias son deleznables y yo siempre digo que mi bandera es la no violencia. Siempre voy a defender la no violencia hacia todas las personas pero tengo puesto mi corazoncito en la protección de niños”.
Le preocupan las pequeñas generaciones criadas con pantallas y sus consecuencias y los adultos que se pelean frente a ellos. “Cuando yo terminé la facultad me formaron en maltrato y abuso infantil en la Defensoría del Pueblo. Pude ver que la falta de límites es una forma de violencia. Y los daños en los niños son acumulativos. No se van más”. Habla sobre el concepto de alimentos y la importancia de conocer todo lo que legalmente comprende. “Es importante pensar en los niños como seres humanos en desarrollo que necesitan que sus padres cumplan con ese deber, que los asistan y que no sean ni botín de guerra ni tampoco una seguridad económica para nadie”.
El tema bullying es uno de sus puntales de estudio. Lo aborda en tanto asesora del bloque Vida y Familia, en la facultad con sus alumnos e incluso como panelista radial. “Trato de hacer una especie de apostolado de eso porque niños sanos, adultos sanos”. Cuenta que las críticas, burlas y desprecio en el espacio adulto son otro tema que también debe importar como parte de la idea de salud mental. “Cuando hablamos de salud no es solamente la ausencia de enfermedad sino que es un estado general de bienestar”. En este punto de la charla se detiene en sus propios valores. “A mí no me interesa la marca de jean o el celular que vos tengas. Me interesa lo que tenés en la cabeza y en el corazón. ¿De qué me sirve a mi tener todos los títulos del mundo o ir a misa y comulgar si cuando salgo le doy vuelta la cara a una persona que me pide ayuda?”

Un día en la vida
Aunque tiene su espacio propio, Valle pasa mucho tiempo con su mamá. “Somos muy unidas. Y yo la cuido como a un reloj”. Cuenta que se levanta cada día muy temprano, va a su estudio, a Tribunales y a la oficina de la Cámara para ver los proyectos legislativos en marcha. “Lo primero que hago cuando me levanto, después de rezar, es anotar en un cuaderno todo lo que estudié”. Se define una permanente estudiosa y alguien con mucha memoria. “Ahora estoy con el tema discapacidad y con lo que es preocupación en el bloque que asesoro: el suicidio, principalmente en niños y jóvenes”.
Señala que entrena todas las noches y se considera una persona muy maternal. “Con todos, hasta materno a mis amigos”. Y aunque no fue -como soñaba en su infancia- madre de ocho varones, el rol materno encontró su cauce. “Tengo dos niños del corazón que son hijos”. Se trata de dos adolescentes, hijos de un ex novio de Valle. Cuenta que se comunican a diario y que la mamá biológica de ellos es una “excelente persona” cuya generosidad destaca. “Soy una bendecida, una agradecida de la vida. Ya estoy realizada como mamá con estos varones sanos, respetuosos, amorosos”
Relata que le gusta bailar y que hizo danza clásica durante muchos años. Que le atrae todo lo que implique estética, que no puede quedarse quieta mucho tiempo y que se siente una rescatista permanente de animales. Su gato Salvador llegó a ella tras la muerte de un perro al que quería mucho. “Apareció y nos eligió”. Cuenta que rescató a tres palomas pequeñas, las alimentó y actualmente cuando llega al estudio las llama y se acercan. Y reza todo el tiempo. “Yo agradezco, siempre agradezco, por lo que tengo, por lo que veo al ir caminando. Es la presencia constante de Dios en mi vida”.
Texto: Julia Porta
Fotos: Pablo Aguirre
Sesión: Perfiles
Edición: Digital N°114
