Estudiosos de la comunicación, Lía Leegstra y Hugo Costa decidieron brindar conocimientos que potencien la expresión oral. Con distintas características personales, encontraron el camino en la complementación de sus estilos. Hoy, con la experiencia de los cursos brindados y en preparación, están a la espera de la publicación de un libro en el que recopilan los conceptos que vienen trabajando. Y afirman: “Hay algo que falta. Es increíble que desde la escuela se nos enseñe a leer, a escribir, pero no a hablar en público”.

Dos personas, un proyecto 

Lía Leegstra es licenciada en ciencias de la comunicación, técnica en producción radiofónica y docente por elección. “Dicto clases desde muy chica. Empecé como ayudante de cátedra en la materia ‘taller de radio’ en la Universidad Católica de Santa Fe, antes de recibirme. Después, dentro del ministerio de seguridad, fui docente de comunicación social y oratoria y creé una materia que se llama ‘comunicación y redacción’ dirigida a personas que se forman para ser futuros policías de la provincia. También doy clases en los cursos de ascenso”.

Hugo Costa es estudiante de la tecnicatura en comunicación social, diplomado en oratoria y en coaching ontológico. Nació en Laguna Paiva, pero a los seis años su familia se trasladó a Santa Fe. Actualmente vive en Gálvez. Escribe poesía y narrativa. Su primer libro (ha publicado un total de cuatro) se editó en 2011. La escritura se convirtió para él en una herramienta comunicativa que ayudó a vencer la timidez de la infancia y adolescencia. “Me gusta todo lo que sea cultural. Si hay una muestra de pintura, voy; si es un encuentro de escritores, voy. Había empezado a estudiar dibujo en la Mantovani. Después tuve que dejar, pero en algún momento, seguramente, voy a retomar. Me gusta el teatro y bailar. Me gustan mucho las danzas folklóricas, el tango. Y tengo una moto con la que viajo para conocer lugares”.

“A mí escribir también me gusta”, cuenta Lía, quien nació y vive en Santa Fe, aunque algunos años de su adolescencia tuvieron lugar en Rafaela. Relata que de chica escribía cuentos, poemas y que en cierto momento se obsesionó con los haikus. “En una época hacía un juego con mis compañeros en el que me tenían que decir una palabra y a partir de eso yo les escribía algo y se los regalaba”, recuerda. Y aunque la escritura es su “descarga” nunca participó de certámenes ni dio a conocer masivamente sus creaciones. “Siempre escribí para mí”, afirma. También se declara afecta a la música, particularmente al rock. Cuenta que Arctic Monkeys y Los Piojos la acompañan en sus momentos creativos. De adolescente tocó la batería en un grupo de chicas y actualmente practica boxeo.

Lía y Hugo se conocieron en un ámbito vinculado a prensa dentro de la administración pública. Por esos caminos que marca el trayecto laboral se encontraron trabajando juntos, situación que duró cinco años. “Yo había dado un taller de oratoria en el Colegio de Funcionarios Públicos. Había tomado cursos para hablar en público, después hice dramaturgia y siempre me preocupó la idea de que no es sólo lo que digo sino cómo lo digo”, afirma Hugo. A lo que Lía agrega: “Yo ya venía dando cursos y capacitaciones en la administración pública. Cuando lo conocí a Hugo le propuse trabajar juntos. No es fácil encontrar personas que quieran enseñar y compartir sus conocimientos para comunicar de manera correcta”.

Enseñar la expresión oral

En forma conjunta, Lía y Hugo dan cursos de oratoria y técnicas de expresión. “Son entre seis y ocho clases de dos horas una vez a la semana”, explican. Ambos perciben que el avance de la tecnología en la vida cotidiana y la posibilidad de comunicarse por textos breves y rápidos (aunque no siempre bien escritos) ha atentado contra la oralidad. Una realidad que se suma a la lógica brecha existente entre expresión escrita y oral. “Por escrito la persona que está del otro lado del teléfono puede que interprete de distintas maneras porque también se escribe sin las reglas típicas de la ortografía; porque faltan comas, puntos o espacios. Eso en la oralidad lo podés subsanar”, destaca Lía.

Los dos han notado las dificultades que se presentan al buscar armar un discurso y ser claros en lo que se quiere expresar. “Muchas veces no se tienen en cuenta las pausas, la respiración, los silencios, las entonaciones. Herramientas con las que se capta la atención del otro y muchas veces hasta les cuesta encontrar la finalidad”, señala Lía. Ahí es donde ellos brindan sus conocimientos. “Otra cosa que vemos mucho en los cursos –amplía- es cómo juega el lugar que tiene la emoción y la comunicación no verbal en la oratoria. Entonces, también les enseñamos a manejar esas emociones para no perder la conexión con el otro y que puedan generar empatía, pero a la vez controlar sus sensaciones, porque si no la otra persona se queda observando la emoción y pierde lo que se está diciendo con palabras. Hay que tener en cuenta que, en la oratoria, la palabra en sí es un segundo que pasa. Como la emitís, se esfuma”.

Hugo relata que entre los asistentes a los cursos hay personas de todas las edades, con un predominio (no excluyente) de la franja etaria ubicada entre los 30 y 45 años. Lía destaca que más allá de la conformación grupal, ellos se ocupan de trabajar con cada persona individualmente. Y explica: “Los asistentes pasan todas las clases al frente. Así van rompiendo ciertas estructuras y miedos y eliminan algunas trampas mentales para poder desarrollar su comunicación de manera fluida y eficaz, que es lo que necesitan y fueron a buscar”.

Los formadores coinciden en que no han tenido que hacer grandes cambios en los contenidos, aunque sí la experiencia ha generado adecuaciones. “Curso a curso vamos evaluando y viendo de qué forma puede ser más práctico para que ellos puedan atesorar lo que reciben”, señala Hugo. “Por eso trabajamos lo grupal y lo individual y los ejercicios se adecuan a cada realidad del grupo y de las personas. En sí el contenido es el mismo, pero al ejercicio lo vamos modificando”, afirma Lía. Importante destacar que los cursos de Hugo y Lía se dictan en el Colegio de Funcionarios Públicos Jerarquizados de Santa Fe.

Un libro sobre la oralidad

Entre febrero y marzo 2026 estará listo para la compra un libro creado por ambos, casi como consecuencia lógica de lo vivido en los talleres. “El libro nace como una forma de poder transmitir estos conocimientos sobre la oratoria y cómo llevarlos a la práctica de una manera sencilla que no sea pura teoría”, subraya Hugo. “El arte de embellecer la palabra. Oratoria en 4 pasos”, es el título de la obra que analiza los cuatro ejes que ellos consideran fundamentales más ejercicios de autoevaluación.

“Las palabras nos atraviesan a todos. Y la idea es brindar una herramienta en forma de libro que, como nuestros cursos, tenga un formato teórico-práctico. Al terminar cada capítulo puede realizarse un ejercicio y responder algunas preguntas. Eso permite afianzar lo leído”, agrega Lía sobre el texto de próxima publicación.

Presente y futuro

El dúo docente tiene proyectos que van más allá de lo hecho hasta ahora y el libro pronto a salir. Cuentan que hacen preparaciones individuales, que brindaron cursos específicos de comunicación para la venta en el Colegio de Corredores Inmobiliarios. También señalan que trabajaron con una candidata política y el acompañamiento en ese ámbito ha tenido una interesante repercusión.

Lía y Hugo generaron un verdadero equipo de trabajo. Su trayecto, experiencia y propuestas se plasma en la cuenta de Instagram @oratorialiderazgo2025. Allí suben videos e información sobre la que vienen trabajando. Y para ellos el futuro tiene visos de ampliación. En conjunto siguen analizando ideas en los que la meticulosidad didáctica de ella se funde con la búsqueda expresiva de él. Es que en esa conjunción lograron conformar el camino elegido para transmitir sus conocimientos.

Texto: Julia Porta

Fotos: Pablo Aguirre

Sesión: Perfiles

Edición Digital: N° 111