
Good Dogs es una colonia recreativa canina ubicada en Rincón que festeja su quinto aniversario de vida. Un espacio recreativo pensado y diseñado en función de los gustos y preferencias de los perros, sus auténticos protagonistas. Las reseñas y devoluciones de los tutores de las mascotas que por allí han pasado lo reflejan y testimonian. El secreto quizá esté en quienes llevan adelante el emprendimiento: Soledad y Facundo, una pareja que se conoció por compartir un interés y amor especial por los perros. Escucharlos hablar o ver la colonia pone en perspectiva esta realidad. “Lo primero y principal para nosotros es el bienestar animal”.
Un espacio canino, un lugar de juego y disfrute cuidado, pensado especialmente para sus asistentes. Eso es Good Dogs. En épocas de valoración del lugar que las mascotas ocupan en los hogares, al punto de acuñarse la expresión familias multiespecie, un espacio así resulta destacable. Ubicado en Rincón y con una capacidad que se inició con un cuarto de lo que es hoy, el sitio es una invitación al bienestar canino. “Todo el espacio está pensado y desarrollado para ellos”, señalan sus responsables, Soledad y Facundo.

Intereses comunes, amor compartido
Soledad Abraham es la menor de dos hermanos en una familia marcada por el interés en el medio ambiente y en los animales. “Mi papá siempre soñó con ser guardaparques y nos acercó mucho a la naturaleza. En casa había enciclopedias de fauna, mirábamos documentales y teníamos acceso al conocimiento de todo tipo de animales. Yo recuerdo de chiquita traspasar lo que veía en las enciclopedias a cuadernos que coloreaba”. Cuenta que, aunque su sueño era ser veterinaria terminó estudiando profesorado de letras, carrera que dejó con tres materias pendientes cuando sintió que la prioridad era hacer lo que deseaba.
Facundo Galván creció en Rincón. Es el más grande de tres hermanos y su infancia está enmarcada en un ámbito rural, repleto de seres vivos de distintas especies. “Mi vida siempre estuvo atravesada por los animales y la naturaleza. Mis viejos nos llevaban de vacaciones a lugares muy relacionados con lo natural”. Entre sus primeros cariños especiales está una perra mestiza que ya tenían en la casa cuando él nació y que lo acompañó en su primera década de vida. Facundo es docente de nivel primario y ejerció la actividad hasta que Good Dogs lo captó por completo. Y aunque muy dedicado al emprendimiento, no descarta volver a las aulas.
Sobre esa mascota especial de la infancia, Soledad recuerda a Laica. “Era una perra que le regalaron a mi papá cuando yo tenía cuatro años y que lamentablemente falleció muy joven. Era de raza ovejero alemán y me acompañó hasta los siete. Me seguía a todos lados. Era mi sombra. A la mañana iba a despertarme para ir al jardín primero y a la escuela después. De hecho tengo una foto de ella en mi billetera hasta el día de hoy”.
Ese amor por el trato con perros fue lo que los conectó. Soledad relata que ambos hacían IGP, un deporte de alto rendimiento con ovejeros alemanes. Una disciplina que implica un gran conocimiento del animal que se elige desde cachorro, capacidad de enseñanza y adiestramiento. “Yo hacía más años que estaba en el deporte y cuando él ingresó integrábamos grupos diferentes. Hasta que un compañero lo acercó a nosotros y así nos conocimos. Hoy estamos casados y somos padres de una niña de dos años”
Cuando la vocación se impone

Ambos estudiantes y en pareja, fue Soledad quien sintió primero el llamado a la actividad. “Ya estaba incómoda con la carrera y sentía que el contacto con los perros por el deporte no era suficiente”. La capacitación constante empezó a dejarle un “gusto agridulce de decir esto me encanta, podría estar trabajando en esto. Me propuse que los tiempos libres entre el estudio iba a encarar la educación y adiestramiento canino. Así fue y cada vez me gustó más y cada vez me iba mejor y me llamaban más personas”.
Facundo ya trabajaba como docente y hacía reemplazos. Para los dos, los conocimientos adquiridos en materia de cognitivismo y conductismo hicieron su aporte en el abordaje de conductas no deseadas y adiestramiento. “Vivimos muchos cambios en un lapso de tiempo que viéndolo desde ahora fue relativamente breve. En 2018 me recibí. En paralelo a mi carrera docente, la acompañaba a ella con algunos trabajos y la ayudaba con las redes”.
Soledad señala que empezaron yendo a domicilio, haciendo entrevistas. La pandemia amplió el formato y en 2021 dieron inicio formal a lo que hoy es la colonia recreativa. “La pandemia no fue tanto un punto de quiebre en la actividad, porque era algo que veníamos pensando, pero sí en mí. Fue como que el universo me dio señales. Fue el empujón para meterle todas las energías al proyecto”. El nacimiento de Eva, la pequeña hija de la pareja, fue otro motivo para que la dedicación laboral se centrara en la colonia.
Colonia, perros, disfrute
Tomada la decisión de dedicación completa, ampliaron el predio y la capacidad del vehículo de traslado. “Nosotros los pasamos a buscar por sus casas y los llevamos al predio en Rincón”, señala Soledad. Facundo agrega: “El espacio que tenemos está preparado, diseñado y desarrollado para ellos. Allí juegan, se divierten y luego los regresamos a su hogar. La edad del perro no es limitante para nada, siempre y cuando tenga la aprobación de su veterinario en caso de que sea un adulto mayor o muy cachorro el que se inicia”.
Facundo expone que hay pautas que se consideran para el ingreso. Deben ser perros que disfruten de la recreación, el juego en manada y no ser agresivos o peligrosos para otros perros. El alerta es la exposición de los perros más pequeños a mordidas o golpes. “No tenemos sectorizado. Están todos juntos. Hay casitas, caños, mucho espacio verde, piletas. Ahora incorporamos una tarima a la que se suben para poder ladrarse y una mesa de jardín”. “Hay perros a los que no les gusta estar con otros, se sienten invadidos y la dinámica de la colonia es de manada”, aporta Soledad
Sobre la idea y conformación del espacio, pesa fuerte la experticia de sus dueños. “Somos personas que hemos tenido y trabajado con perros a lo largo de nuestras vidas -comenta Facundo-. Sabemos qué les gusta: subirse a mesas, meterse adentro de caños, correrse, ir al agua. Al acceso a las piletas lo tenemos limitado porque algunos se la pasarían allí y podría hacerles mal. Tenemos ese conocimiento y por eso lo regulamos”. “Son piletas para perros -aclara Soledad-. El agua se cambia el mismo día que la usan, no tiene cloro ni químicos”.
Sociabilidad canina y juegos
Sobre cómo saber si a un perro le gusta jugar, Facundo explica que hay una entrevista previa, hoy con formato formulario. “Hacemos preguntas sobre cómo son los paseos, posiciones de orejas, de cola. Si todo está ok llega el momento de ir al predio y ver si logran integrarse”. “Lo importante es el bienestar animal -acota Soledad-. No importa si el dueño tiene ganas de que asista a la Colonia sino las necesidades de ese individuo. En eso somos tajantes. Hay perros a los que tanto estímulo y contacto con otros los hace sentir incómodos. No podemos tener un animal que se estresa y lo pasa mal”.

“El bienestar animal es clave”, señala Facundo. “A veces se confunde un perro sociable que quiera jugar, con un perro que va a la plaza y no se muestra agresivo con otros perros. Pero la dinámica de la Colonia es diferente a un paseo por la plaza, hay perros que juegan, corren y otros disfrutan de olfatear y del espacio” -explica Soledad-. Es importante que eso no los afecte. En la colonia hay perros de más de diez años que no corren pero disfrutan del espacio, se revuelcan en el pasto, caminan y olfatean que es algo que les hace bien. No juegan pero tampoco se sienten incómodos con la dinámica a su alrededor. Nosotros tenemos en cuenta todos esos factores”.
Good Dogs cuenta con dos versiones de asistencia, una de hora y media dos veces por semana y otra de una jornada semanal de seis horas. Y a medida que el emprendimiento crece y se consolida, las respuestas de los clientes avalan el camino. “Algo que siempre nos recalcan y agradecen –cuenta Facundo- es el profesionalismo con el que trabajamos”. Soledad, recuperando las devoluciones recibidas, refiere a la comunicación cara a cara. Si hay inconvenientes en los dueños, ellos buscan la solución para que el perro continúe con su actividad. “Lo que nos caracteriza, según nos han dicho, es el concepto de comunidad. Good Dogs es una gran familia”.
Ser y generar familia

Es que como base del emprendimiento hay una familia real poniendo el cuerpo, el conocimiento y la energía. La que conforman Soledad, Facundo y la pequeña Eva. Y allí también, claro, hay mascotas. “Tenemos cuatro perros y una gata”. Entre ellos se encuentran una canina de quince años a la que Soledad inició en su momento en el deporte y un cachorro con el que Facundo se encuentra trabajando en el mismo sentido.
Y en la vinculación con quienes les confían sus perros hay reciprocidad. “Nos devuelven cariño. Cuando yo estuve embarazada, cuando nació Eva o cuando pasamos por problemas siempre hay mensajes con los que nos acompañan. También nos muestran tristeza cuando los perros no pueden continuar porque se mudan, porque ya están grandes o por indicación médica. Siempre queda la expectativa de volver”, relata Soledad.
Y además de nuevos juegos, ampliaciones o incorporaciones, la pareja busca siempre mejorar el servicio. Así, desde diciembre implementaron los encuentros virtuales mensuales a efectos de brindar conocimiento y ayuda a las familias sobre sus amigos de cuatro patas y sus necesidades. “Si hay alguna problemática, ver como la abordamos de la mejor manera. Y si una temática nos excede buscamos al especialista”, señala Facundo. La charla parece no tener fin porque el entusiasmo y amor de ambos por la tarea realizada es enorme. Hasta que llega el momento de poner en pausa el grabador. Entonces, ellos dejarán la ciudad para volver a ese espacio que es su meta y prioridad laboral.
Texto: Julia Porta
Fotos: Pablo Aguirre
Edición: D N° 116
Sesión: Perfiles
