Se trata de un procedimiento basado en conocimientos biológicos, evolutivos y tecnológicos que permiten obtener mejoras en las características agronómicas de las plantas como aumentar su ciclo de vida, su producción de semillas y su resistencia al estrés. La tecnología fue desarrollada por investigadoras de UNL – Conicet y fue licenciada a la empresa Infira SA.

Investigadoras pertenecientes a la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) desarrollaron un método tecnológico que permite mejorar notablemente las características agronómicas de las plantas, de modo que puedan vivir más tiempo y ser más productivas. La tecnología se protegió con una solicitud de patentamiento, de doble itularidad (UNL – Conicet) y luego fue licenciada para ser desarrollada y comercializada por la empresa Infira SA.
Dar respuesta a las necesidades alimentarias y energéticas de una población en crecimiento y cambiante, a la vez que preservar ambientes y recursos naturales, es uno de los desafíos más grandes a nivel mundial.
En ese sentido, el modelo de mejoramiento vegetal propuesto por investigadoras de la UNL y el Conicet significa un aporte a esta necesidad ya que permite obtener plantas con un incremento considerable de la biomasa y la producción de semillas y con un ciclo de vida más largo, con la posibilidad de transformar especies estacionales en perennes sin resignar productividad. De hecho, la perennidad es un atributo que permite mitigar numerosas deficiencias ambientales que hoy presentan nuestros cultivos anuales. Un aprovechamiento temporal más largo de nuestros cultivos se traducirá en un menor uso de insumos, menores costos de producción, menor desperdicio y disminución de la huella ecológica. El método constituye una solución para la generación de productos agronómicos mejorados, con valor agregado y de interés económico-productivo, que se ajusten a nuevos modelos de agricultura de vanguardia.

Cultivos más sostenibles ambientalmente

“La invención puede mejorar, de manera disruptiva, rasgos de importancia agronómica de cultivos generando incrementos notables en el rendimiento, la resiliencia y la sostenibilidad”, explicó la investigadora Renata Reinheimer, doctora, investigadora independiente del Conicet y profesora asociada de la Facultad de Ciencias Agrarias –UNL. Junto con Carolina Bellino, Licenciada en Biotecnología y becaria doctoral de Conicet, arribaron a estos resultados a partir de investigaciones llevadas a cabo en un equipo de investigación del Laboratorio de Evolución del Desarrollo del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, dependiente de la UNL y el Conicet. Este equipo investiga los mecanismos genéticos que han originado características morfológicas, fisiológicas y bioquímicas novedosas en plantas en el curso de la evolución.
“Estas tecnologías son muy útiles para poder convertir los cultivos anuales en cultivos perennes y hacerlos además competitivos y sostenibles ambientalmente. Lo que pretendemos con la trasferencia de esta tecnología es generar cultivos mejorados que permitan producir y usar menos recursos”, agregó Reinheimer.  “Tenemos que entender a la perennidad como una vida más larga de las especies. Esto no es un invento nuestro, la naturaleza iba en ese camino. La selección natural, a lo largo de la evolución de las especies vegetales, prefiere a la perennidad versus la anualidad. ¿Qué paso? Los mejoramientos vegetales se realizaron sobre cultivos de vida corta, que hoy son la base de los alimentos de la humanidad ocupando el 70% de la superficie arable del mundo. Este hecho revirtió el paisaje que hoy debería estar mayoritariamente cubierto por especies perennes. Las desventajas de los cultivos anuales es principalmente  ambiental y social, ya que si bien logran producir muchísimo, generan una dependencia de los insumos agroquímicos, altos costos de producción, movimiento de maquinaria agrícola, todas las veces que hay que reestablecer el cultivo, en las épocas del año adecuadas, lo cual genera una importante huella ecológica. Además, estas especies anuales tienen un sistema de raíces que es muy efímero, con lo cual tampoco protege el recurso suelo promoviendo la erosión. La perennidad es todo lo opuesto”. Esta tecnología tiene el potencial de ser aplicada también a vegetales que se utilizan en la industria veterinaria, farmacéutica, generación de bioenergía, etc.

Transferencia de la tecnología

La tecnología descripta fue protegida en la solicitud de patente argentina. La patente de titularidad conjunta entre UNL y Conicet y fue redactada y tramitada en el año 2019 ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), por el área de Propiedad Intelectual, del Centro para la Transferencia de los Resultados de la Investigación (CETRI Litoral) de la UNL.
Para continuar con el desarrollo de la tecnología, que obtuvo resultados a escala laboratorio, y su posterior transferencia o comercialización, se decidió crear una empresa: Infira SA, donde sumó a dos profesionales santafesinas: Cecilia Arolfo y María Victoria Nagel. Este spin off tiene la licencia exclusiva sobre la tecnología, a partir de la firma de un convenio con la UNL y el Conicet.
“Lo que firmamos fue un contrato de licencia de una patente de titularidad conjunta, relacionada con la mejora de las características de variedades vegetales. En ese sentido, la empresa a la cual le fue licenciada fue creada específicamente para la explotación de esta tecnología, con lo cual contamos con un nuevo spin off dentro de la UNL. Es de suma importancia este hecho, ya que desde la Universidad se ha estimulado siempre la creación de este tipo de empresas, basadas en el conocimiento y que generan muchísimo valor”, destacó Christián Nemichenitzer, director del CETRI Litoral. Además, agregó que “la licencia cuenta con las condiciones adecuadas para que la empresa pueda participar de rondas de inversión de capital de riesgo, lo que le permitirá a Infira crecer exponencialmente en su valuación de mercado”.
Para llegar a estas instancias, proyectos como éste van atravesando distintas etapas: el proceso de investigación basado en el método científico; el análisis de los resultados, su impacto y las posibilidades de implementación; la presentación de la patente; y la búsqueda de financiamiento para llevar a cabo cada una de estas instancias. Luego está la creación de la empresa; el desarrollo y la gestión de los negocios; los mecanismos legales; y la búsqueda de inversiones; solo por mencionar algunos. “En todo este proceso, las instituciones del sistema científico tecnológico, la UNL y el Conicet en este caso, tienen instrumentos que facilitan, acompañan y promueven este tipo de proyectos, asumiendo el importante rol que tienen a nivel social. Y lo hacemos porque estamos convencidos de que la Universidad Pública debe estar al servicio no solo de la generación de conocimiento de vanguardia, sino que debe propender a la apropiación social de esos conocimientos. En este caso el licenciamiento a una empresa local, surgida de los mismos investigadores, permite también la generación de más trabajo en la región, algo que también apoyamos desde la UNL”, expresó Javier Lottersberger, secretario de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la UNL. “Entre algunas herramientas que promovemos en la Universidad podemos mencionar el financiamiento de Capital Semilla, de la Secretaría de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la UNL; o asesoramiento para el desarrollo del negocio”, completó.
Además, Infira recibió inversión inicial de la Aceleradora Litoral, quien la está acompañando en la consecución de hitos tecnológicos y de negocios a partir de un plan de aceleración específicamente diseñado para la búsqueda de inversiones. Es la primera firma de la ciudad de Santa Fe en ingresar  al portfolio de esta Aceleradora. La empresa también ha obtenido la aprobación del directorio del Parque Tecnológico del Litoral Centro para su localización en el predio del organismo.

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