El prolífico autor del Guernica sigue figurando entre los artistas más cotizados del mundo. A 14 décadas de su nacimiento y entre disputas por la propiedad de sus colecciones, una de sus obras acaba de ser subastada por más de US$ 40 millones.

Como su vida que cabalgó entre España y Francia, país que adoptó en el exilio del franquismo, la mayor cantidad de obras del artista circulan en estas regiones aunque lo cierto es que hay piezas por todos lados porque el propio artista donaba mucha obra (con este impulso se creó el Museo Picasso de Barcelona, a deseo del pintor). Aunque su capacidad de producción parece ser infinita, se calcula que las piezas producidas por Picasso llegan a 45.000 obras entre cerámicas, óleos, grabados, esculturas y dibujos. La escala de producción es tan impactante que cuando llegaron a un número tentativo para concluir el inventario, Claude, uno de los hijos, así lo ilustró: «Tendríamos que alquilar el Empire State Building para albergarlas todas». En nuestro país, por ejemplo, el Museo Nacional de Bellas Artes tiene en su poder algunas obras, como «Mujer acostada», un óleo de estilo cubista que actualmente está en exhibición.

Pero los tiempos cambian, también para Pablo Picasso. Hoy, el status de genio ya no funciona como catalizador para limitar la falta de humanidad. O, dicho de otra manera, que seas talentoso y reconocido no te exime de ser un monstruo como persona; o como Picasso se veía a sí mismo, un Minotauro.

El mundo ya es, debido a su conexión vía redes, internet en sí, demasiado pequeño, pero sigue siendo enormemente injusto. Y los pedidos de igualdad de derechos, las banderas que se levantan contra la violencia -del orden que sea- contra las minorías ya no solo interpelan a una comunidad en un punto determinado del globo. Se extienden tras fronteras. Otra característica es que la mirada es retrospectiva, no se juzga únicamente lo que sucede en la actualidad, entra también en la discusión el pasado, aún cuando las personalidades tengan décadas de muerto. En el caso de Picasso, ya casi 50.

La figura de Picasso está en discusión hace tiempo, y la manera de presentarlo no solo resulta significtiva con respecto al artista, sino que se presenta como una oportunidad en tanto a la relación entre la persona y la obra en general, ya que puede marcar el camino hacia una mirada más compleja y menos estereotipada sobre la condición humana y cómo consumimos o entendemos el arte, sea cual fuera.

Por otro lado, el artista sigue siendo importantísimo en el mercado. Este fin de semana, por ejemplo, una subasta de 11 obras recaudó más de USD 108 millones en Las Vegas, siendo Mujer con gorro rojo-naranja, la gran joya superando los USD 40 millones.

"Mujer con gorro rojo-naranja" suoeró los USD 40 millones «Mujer con gorro rojo-naranja» superó los USD 40 millones

A grandes rasgos, las obras de un artista se valoran más o menos según la época, la etapa, en que fue realizada o también, entre otras variables, por la cantidad de piezas que hay en el mercado de ese creador.

“Mis telas, estén o no acabadas, son las páginas de mi diario, y como tales, son válidas. El futuro decidirá las páginas que prefiere. No debo ser yo quien elija. Tengo la impresión de que el tiempo pasa cada vez más deprisa. Soy como un río que sigue fluyendo, discurriendo junto con los árboles arrancados de cuajo por la corriente, los perros muertos, los desechos de toda clase y los miasmas que proliferan en él”, dijo.

Fuente: Infobae y Telam

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