PH: César Machado

 

Equipo Bletter.

 

Heredar lo inmundo

Diversas organizaciones y espacios vecinales santafesinos proponen transformar el vínculo nocivo con el agua que nos moldea. Por su parte, un equipo científico liderado por el doctor Martín Blettler descubrió la presencia de cantidades sorprendentes de plásticos en el río Paraná y sus afluentes. Entender la naturaleza como bien común supone desafíos para la sociedad que conllevan una profunda transformación: hacernos cargo de nuestra basura y resolver qué hacemos con ella.

En la poca espuma que muestra la orilla en tiempos de río bajo, algunos repollitos y camalotes se animan a danzar con el vaivén de la corriente mansa. El cielo es brillante y la brisa trae aroma de isla. Es la hora de la siesta y, mientras las ninfas de las chicharras mantienen su silenciosa reclusión invernal, los pájaros manchan el cielo con su vuelo. La laguna Setúbal baña los bordes del Club Náutico Azopardo, es su gran patio y su límite natural.

 

 

 

Mural Club Náutico Azopardo.

El GPS marca “Avenida Leandro N. Alem 3.092” y confirma la llegada a destino. Atravesamos la puerta principal y el pasillo exhibe un colorido mural con especies de flora y fauna de nuestro humedal. A medida que avanzamos hacia el río, se apaga el sonido producido por los seis carriles. Da la sensación que se diluye lo negro de la combustión y el olfato se inunda de olor a arcilla, barro y musgo. En esos escasos metros, salimos del asfalto y el hormigón armado para adentrarnos en territorio suave y granulado.

-El hombre es parte de la naturaleza y tiene que vivir cuidando y relacionándose con el entorno, y ese es el equilibrio que estamos buscando -dice el presidente del Club Náutico Azopardo, Fabio Cremón.

Todos los deportes que se realizan allí están vinculados al medioambiente y a nuestra cultura costera.

-No somos un club común.

Si bien la institución se constituyó el 2 de octubre de 1944, los miembros de la gestión actual desembarcaron en 2015 con el propósito de continuar la tradicional travesía náutica Cayastá – Santa Fe. La cosa no terminó ahí: el 22 de octubre de 2018 -fecha considerada como la refundación-, conformaron la nueva comisión directiva y encararon reformas para revitalizar el club.

Así, en menos de tres años, pasó de tener 157 socios a contar con los 1.050 de la actualidad.

-Comenzamos con el slogan ‘De cara a la naturaleza’ -cuenta Fabio Cremón- Nosotros que vamos a la isla, que remamos, peleamos para que no se deje basura y eso fue como un imán. Empezamos con un proyecto de respeto ambiental, como una cuestión endógena, y luego se fue sumando gente muy formada. La propuesta adquirió tal importancia que terminó siendo transversal, al punto que hoy tenemos subcomisión de Medioambiente. Todas las actividades que llevamos adelante tienen que tener algo vinculado al cuidado de la naturaleza.

PH: Martín Bletter.

Recuerda y lamenta que en ese momento esta gran pista deportiva, con una longitud de costa de 27 kilómetros, estaba plagada de mugre.

Una de las primeras acciones realizadas fue la limpieza de macroplásticos acumulados en distintos sectores de la ribera que formaban parte de sus recorridos habituales en las prácticas de kayak. Sucesivas actividades instauraron y cristalizaron la agenda: charlas ecológicas previas a la travesía Cayastá – Santa Fe, una veintena de conversatorios, seis campañas de recolección en el riacho Santa Fe, tres coloquios “Río Paraná ¿sopa de plásticos?”, un encuentro sobre abordaje legal en conflictos ambientales, cinco eventos del desafío “+Río -Basura” y dos jornadas de reciclaje y separación de residuos. Con el emplazamiento del Monchopardito, un basurero con forma de pez ubicado en la bajada de lanchas, la sociedad santafesina comenzó a visibilizar la épica tarea.

-Es el único pez que debería comer plástico -señala Cremón.

Estas iniciativas les permitieron también acercarse a los vecinos de los barrios con los que comparten la laguna, como Alto Verde y La vuelta del paraguayo, interiorizarse de sus problemáticas y, de este modo, fortalecer la participación ciudadana.

Actualmente, en los 3.075 m2 con los que cuenta la institución, se aplican diversos dispositivos para la clasificación de residuos. Se colocaron tachos con la señalética correspondiente y, para facilitar el procesamiento de los desechos generados, poseen un sector de compostaje de orgánicos y un biodigestor.

-El club es algo más que solo ponerse la camiseta, es un espacio de contención, es convivencia social y ecológica -concluye Cremón.

 

Legado de petróleo

Si llegó hasta aquí en su lectura le proponemos un cambio, aunque no rotundo, solo de geolocalización.

Salga un momento de la página y permítase imaginar: diríjase al Puente Colgante, voltee hacia el norte, avance tantas cuadras sean necesarias para ver la playa, descienda por las escaleras y adéntrese -la bajante es histórica así que tiene amplia superficie para recorrer-, apoye sus pies descalzos en la arena y sienta el granulado en las plantas, en la piel. Imagina un solarium, ¿verdad? El sol calienta su rostro y se refleja en el agua. ¿Usted cree que eso que pisa es únicamente arena?

El río es la combinación de agua y sedimentos. Estos últimos deberían ser naturales, pero lo cierto es que en la actualidad se encuentran también los de origen artificial -aunque usted no lo perciba-.

Sepa disculparnos pero en este momento vamos a romper la postal brillante y placentera que acaba de crear en su mente: sus pies no están en la arena sino en un basural y el líquido negro del lixiviado se escurre entre sus dedos.

Martín Bletter.

Martín Blettler es doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Laboratorio de Hidroecología del Instituto Nacional de Limnología (INALI), perteneciente al Conicet-UNL. Lidera el equipo que estudia la contaminación por plásticos en la laguna Setúbal y cursos de agua cercanos pertenecientes al sistema del río Paraná.

Algo de este encuentro nos conmueve cuando lo vemos aparecer, mediados por la pantalla. Es lunes por la noche, feriado, la selección argentina está jugando con Paraguay el partido de la fase de grupos de la Copa América. Martín se acomoda en el sillón, con un plano picado, saluda y pide disculpas mientras su pequeña hija lo llama.

En 2016 comenzaron con los primeros rastrillajes y muestreos:

-Fue tremendo lo que encontramos, cuantitativamente era mucho más de lo que pensábamos -destaca el especialista-. Los primeros resultados nos confirmaron la presencia de microplásticos.

La existencia de estas partículas inferiores a cinco milímetros cuenta una historia: la mayoría de ellas son de origen secundario, lo que significa que provienen de la fragmentación de botellas, bolsas y otros envases derivados del petróleo.

-Esto es un proceso largo que se da por acción de los rayos ultravioleta, las corrientes de agua y otros agentes. Entonces, cada microplástico que uno encuentra habla de un macroplástico que llegó al río hace más de 50 años -estima Blettler.

La investigación publicada por el equipo del INALI en la revista especializada Environmental Pollution el 5 de octubre de 2019, deja al descubierto los inquietantes resultados: se detectó un promedio de 340,8 macroplásticos por cada 150 m2 y 5.239 microplásticos por m2 en los bancos de sedimentos del Río Paraná. Estos últimos oscilaban entre un mínimo de 75 y un máximo de 34.443 partículas por m2, dependiendo de las características específicas de cada zona.

¿Aún tiene los pies manchados de agua negra? Suponemos que no, nadie en su sano juicio dejaría la piel en contacto con líquidos de dudoso origen y horroroso color. Mientras limpia esta imagen de su mente le proponemos recordar los amaneceres de Año Nuevo en la Avenida Siete Jefes, quizás la postal de algún concierto o festival. Vuelque su mirada al suelo, ¿qué ve? Hay envases por todos lados, ¿verdad? Otra vez sus pies están rodeados de basura.

De acuerdo a los datos recién proporcionados, en su metro cuadrado personal hay más de dos envases. ¿Cuál de esos vasos o botellas arrojó usted? ¿Puede aseverar que no se haya erguido sobre su propia basura?

 

Efecto mariposa

La dimensión del asunto se magnifica cuando el equipo de investigación obtiene una segunda confirmación: los microplásticos no solo están en el ambiente, sino también en el interior de los organismos y, aún más preocupante, su alcance se expande a través de las tramas tróficas.

En primera instancia, los científicos del INALI hallaron partículas de plástico en el tracto intestinal de armados, sábalos y rayas. Esta última especie es predadora y engulle ejemplares más pequeños, que ya tienen microplásticos en su sistema. Las partículas de basura se acumulan en su cuerpo por un proceso denominado biomagnificación, que también afecta a otro tipo de fauna como aves, reptiles y mamíferos.

-En palabras llanas: está fuera de control, no hay manera de poner un límite, porque realmente no podemos cuantificar hasta dónde están llegando los microplásticos en las distintas tramas tróficas – lamenta Blettler.

Una vez dentro del organismo, los derivados del petróleo y sus aditivos pueden generar daños en el sistema endócrino, encargado de regular el crecimiento, el metabolismo, la reproducción y otros procesos biológicos.

Por si esto no resultara lo suficientemente grave, debemos añadir que muchos animales mueren al interactuar con bolsas, redes abandonadas o anillos plásticos.

 

Úselo y tírelo

No es una novedad afirmar que la lógica reinante del ser humano es dominar la naturaleza para explotarla y lograr su máxima rentabilidad. En el actual modelo industrial capitalista son continuas las intervenciones y modificaciones de los espacios que habita. La Tierra tiene una superficie total de 510,1 millones de km². Descontando los océanos y los polos, la humanidad ha alterado el 75% del planeta, de acuerdo a una investigación publicada en la revista Nature Communications. Además, usamos en un período de siete meses las reservas que el medioambiente genera en un año, según informa Global Footprint Network.

-Agotamos 1,7 planetas al año, entonces ahí hay un problema. Además, lo hacemos de manera inequitativa -advierte Liza Tosti, integrante de la organización social de base ecologista Trama Tierra.

El elevado nivel de consumo se traslada a la cantidad de residuos. Cada persona genera un promedio de 0,87 kg de basura por día en América Latina, cifra por encima del nivel global, según el informe del Banco Mundial de 2016. El organismo proyecta que, de continuar con esta tendencia, ese número aumentará a 1,30 kg en 2050.

En Santa Fe, la mayoría de los residuos que circulan en las distintas cuencas son de origen doméstico: el packaging de los productos que encontramos en supermercados y kioscos pasa a la heladera, de ahí al tacho de basura y después al contenedor. En algún momento no llega a donde tiene que llegar sino que se pierde en el camino y, por distintas circunstancias, acaba en el río.

Pero, ¿a dónde tendría que llegar? ¿Son los rellenos sanitarios su destino apropiado? ¿Qué hacemos con las 610 toneladas de basura recolectadas diariamente en Santa Fe, Santo Tomé, Recreo, Laguna Paiva y Candioti? ¿Cuánto arrojamos en la vía pública y dejamos por fuera del circuito? ¿No le resulta impactante pensar que por día tenemos la capacidad de cubrir una cancha de fútbol? ¿Imagina en un clásico a los 22 jugadores disputándose la pelota sobre un colchón de inmundicia?

Trama Tierra se formó en 2010, aunque comenzaron a trabajar tras la inundación de 2003. Es una asociación civil ecologista sin fines de lucro que, en su plataforma, propone alternativas de transición al modo de producción y desarrollo actual con diversas acciones en territorio. Liza Tosti aporta su mirada crítica respecto a la gestión de la basura:

-No me resulta inocuo que el énfasis esté puesto en reciclar, porque detrás de esa lógica parece que generar muchos residuos no fuera un problema.

Solo el 9% del total del plástico fabricado a nivel mundial -desde la primera bolsa- fue reciclado, según una investigación publicada en 2017 en la revista Science Advances. Además, el proceso genera un nuevo consumo de energía y agua, y se agota luego de su tercer ciclo de aprovechamiento. Por lo tanto, queda en evidencia que por más reciclaje que se haga, no es una solución a largo plazo ni produce el impacto prometido.

-Parece que el ambientalismo es juntar botellas, pero en realidad pasa por consumir menos. Por eso, las propuestas adecuadas de gestión de residuos se basan en las tres R: la primera opción es reducir drásticamente, luego reutilizar y, como última alternativa, reciclar -remarca Tosti, mientras acomoda su cabello corto y ondulado. Lo genuino de su relato traspasa la pantalla. Cada frase que pronuncia está acompañada con sutiles ademanes y el ritmo de sus manos acentúa las ideas neurálgicas.

 

Creer o reventar

La Constitución de la República Argentina en su reforma de 1994 incorporó la llamada cláusula ecológica. El artículo 41 establece que todas las personas tienen derecho a un medioambiente sano como así también el deber de cuidarlo: “El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley”.

Sin embargo, aún es materia pendiente la elaboración de un cuerpo normativo que funcione como respuesta acorde a la magnitud del problema. Un claro ejemplo es la Ley de Humedales, que desde hace una década da vueltas por el Congreso. En noviembre de 2020 la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de la Cámara de Diputados dio dictamen de consenso a un proyecto unificado. Pero aún está fuera de la agenda de sesiones extraordinarias 2021.

Enzo Culasso Orué, abogado de Paraná e integrante de la Multisectorial por los Humedales y la Unidad de Vinculación Ecologista, enfatiza:

-Lo que le hacemos al ambiente repercute en asuntos fundamentales como el derecho a la salud, el agua y el aire. Los 365 días del año generamos residuos, imaginemos el impacto que tendría gestionarlos conscientemente.

Una figura interesante pero no abordada con la complejidad necesaria en nuestro país es la responsabilidad extendida empresaria. Se trata de que quienes generan el producto se encarguen de recuperarlo, desactivarlo y almacenarlo en un lugar seguro, o transformarlo para devolverlo al ciclo productivo.

-Hacerse cargo de la cuna al cajón -añade Culasso Orué.

En tanto que Tosti plantea:

-Hay que ir avanzando en ese marco normativo, pero nuestra preocupación es aportar una mirada más dura para lograr un cambio estructural que contemple el cuidado de los bienes comunes.

Es necesario romper el círculo vicioso para pasar al virtuoso.

En la encíclica Laudato Si’, publicada el 18 de junio de 2015, el Papa Francisco invita a escuchar a la naturaleza que “clama por el daño”. En el artículo 22, sostiene: “Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar”.

Es sencillo deducir que hay dos caminos, algo así como “Elige tu propia aventura”. En caso de optar por el plan A se trasladará al 2050. Entonces podrá escoger almorzar una contundente porción de tallarines realizados con harina de plástico cocidos en tinte industrial, o bien algo más liviano: omelette relleno con caucho al telgopor, mientras disfruta de observar a sus nietos que nadan en el lixiviado río sin peces.

Si prefiere el plan B se quedará en 2021. Entonces podrá reflexionar sobre sus consumos y prácticas: clasificar la basura, guardar los envoltorios de golosinas en su bolsillo, desechar los orgánicos en espacios de compostaje, reutilizar la ropa -la moda siempre vuelve-, u optar por envases retornables. En suma, estará aplicando a conciencia las 3 erres: Reducir, Reutilizar y Reciclar.

Usted elige. Nosotros, en tanto, trajimos un coro de voces, en canon, de diversos puntos de la tierra, con disímiles roles sociales, queriendo resistir al síndrome de la rana hervida y proponiendo hacer oír el grito silencioso de los inocentes.

 

Por Francisco Bolzán, Victoria Bordas y Florencia Díaz.

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