Santa Fe, desde la altura, pierde su escala y el ruido. El damero parece, a la distancia, una maqueta de arquitecto, un proyecto imaginado, un diminuto diseño que se pierde en el horizonte circular que trazan el río y los campos, una visión de futuro que obliga a poner el ojo en el cielo, el último de los límites. Ahí, una mujer se empodera en la experiencia pero, sobre todo, en la dirección que sigue su mirada: adelante.

La oficina huele a gloria, si es que la gloria huele a algo, y si es que ese algo se emparenta con el cacao, la vainilla y la magnolia. Se imponen los pétalos sobre las notas de fondo y desde ese nimbo Coqui desmenuza el silencio, y la palabra habla de los orígenes, esos inicios que el tiempo y el trabajo distanciaron de la altura que adquirió en Benuzzi, la empresa líder de desarrollo inmobiliario en la ciudad: «Mi suegro se separaba de una sociedad comercial, hace 45 años, yo justo terminaba la universidad y me fui a trabajar con él. Cuando Polo, mi marido, se recibió se sumó a la empresa y ahí comenzó el crecimiento. Por ese entonces empezaron los pequeños primeros desarrollos, y a la par crecía la familia».

Coqui se introdujo al mundo inmobiliario sin saber, tal vez, que terminaría dirigiendo, muchos años después, la cabeza de una de las empresas más importantes de la provincia y sin imaginar, probablemente, que acabaría atravesando eso que en economía, apuntando directamente al género, se nombra como «techo de cristal». No se trata de otra cosa que de las barreras invisibles que describió por primera vez un artículo del Wall Street Journalen 1986 para mencionar las dificultades que tienen las mujeres altamente calificadas en acceder a las posiciones jerárquicas más altas en el mundo de los negocios. En Argentina, por ejemplo, sólo el 15% de las empresas está dirigido por mujeres, lo que les confiere una mirada particular y estrategias abordadas desde perspectivas singulares. Coqui mueve las manos en círculos despaciosos para explicarse: «Miro hacia adelante porque me encanta, estoy rodeada del grupo humano de la familia, de gente joven atravesando un momento empresarial importante, donde yo veo gente nueva y ahí veo el futuro. Me veo dentro de esta unidad tan consolidada y comprometida y me siento feliz. Pienso que tanto si nos va bien como si no nos va tan bien, la situación nos encontrará haciendo». Esa mirada optimista y ese barajar balanceado entre la perspicacia comercial y la vida puertas adentro, la de los afectos, la hacen merecedora de la altura ganada.

Tras la partida de Publio, el compañero, tiempo atrás, las riendas quedaron en sus manos. Entonces la empresa, consolidada, viró a un nuevo modo de ser conducida:«En este grupo soy la única mujer. Fue necesario que me quedara en este equipo, soy la presidenta de la empresa. Al estar como cabeza, las cosas se democratizaron en la transición, porque si bien presido estoy en constante contacto con todos, en común unión de ideas, en un proceso de aprendizaje de comunicación. Aprendimos a funcionar de otra forma». Así, dentro de la empresa, hubo una refundación del liderazgo, al igual que en el seno mismo de la familia. Con tales aciertos, Coqui confirma lo que numerosos estudios señalan y es que, en general, las mujeres observan índices de riesgo más bajos al momento de considerar aspectos de la vida organizacional, comercial y vincular tales como cambios políticos o económicos:«Aprovechamos las etapas del boom inmobiliario, y en épocas de crisis nosotros jamás bajamos los brazos, al contrario, las aprovechamos para organizarnos, crear bases bien firmes, y después, al pasar la crisis, estar mejor posicionados. Para mí la crisis es crecer. Eso aprendí en todos estos años, vi que los signos de los tiempos cambiaron. Esta nueva forma le da excelentes resultados a la empresa y a la familia, porque ésta sigue siendo una empresa familiar».

Benuzzi es un grupo que lleva adelante seis proyectos de manera simultánea. Ubicados estratégicamente en las zonas consolidadas o de innegable valoración inmediata de la ciudad, como Boulevard Gálvez o la avenida General López, hay claridad para distinguir los segmentos a los cuales se dirige: «La demanda en Santa Fe para la que trabajamos apunta a tres grupos, el del profesional joven que quiere ser propietario, el del profesional consolidado que quiere invertir bien su dinero en ladrillos y el de la gente mayor que quiere dejar sus grandes casas e irse a vivir a confortables departamentos. Nos motiva muchísimo el crecimiento que está teniendo la ciudad, y lo aprovechamos para nuestra empresa, está pasando lo mismo que en Buenos Aires, Córdoba y Rosario.”

Coqui tiene los ojos dotados de una mirada transparente y no se guarda secretos, es expeditiva, clara, concisa. Sabe adónde dirigir los pasos y poner la mirada, por eso se ufana en ese punto que desde «adelante», como no se cansa de recordar, le proyecta la luz como un faro, marcándole el norte y la roca firme: «Avenida Alem es la vía del futuro inmediato, me atrevo a decir que será lo que a Buenos Aires es Libertador, una zona con mucho tránsito y alta conectividad entre las zonas geográficas. Todos los terrenos que compramos ahí para desarrollar nuestros proyectos miran al río. Ahora se abrió el juego. Cuando voy a visitarlos, veo el paisaje del agua y las islas, me maravillo. Como me decía Publio, este es el lugar del futuro, porque además de la ubicación privilegiada, el inmueble en altura forma parte de un mercado que en Santa Fe recién se está desarrollando».

La altura no es la del vértigo sino la de la seguridad. Madura en sus convicciones, sigue tejiendo la trama del futuro tal como lo hizo en los orígenes. No ha perdido la frescura, por eso la juventud no la abandona, y ha ganado certezas que la llevan a afirmar con convicción que «es necesario tirar abajo el paradigma de que las empresas familiares nunca terminan bien, nada que ver. Y dejar en claro que, tal como se lo inculco al grupo, nuestras obras, siempre, tienen un mensaje de futuro, de estética, de calidad excepcional, de la sustentabilidad, de tecnología inteligente, acorde al avance que registra el mundo».

Y desde esa dimensión, afianzada sobre el techo de cristal, Coqui observa y hace, piensa y produce, sueña e imagina. Es el tipo de mujer que genera para su entorno íntimo y la ciudad con la que comulga la misma materialidad que le cede brillo a los ojos y amplitud a la sonrisa.

 

Texto: Fernando Marchi Schmidt

Fotos: Pablo Aguirre

Estilismo: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Perfiles y personajes

Edición: N° 75

 

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