El aire huele a jazmines en la mansedumbre de una sala fresca en el sur de Santa Fe. Afuera, la siesta feroz de diciembre arremete contra el piso ajedrezado pero no logra atravesar la puerta. Adentro, Claudia Levin, ofrece un café y el perfume se mezcla con el de las flores. Es la perfecta combinación que, de algún modo misterioso, replica la esencia de esta mujer de apariencia etérea pero implacable determinación.

«Me parecía que me gustaba y no me equivoqué», así fue el ingreso de Claudia Levin al mundo del derecho; no una vocación intuida desde la infancia en la ciudad natal, sino la segunda y definitiva intención de formación académica después de pasar por arquitectura y ocupar el primer lugar en el examen de ingreso. Sin embargo, una vez pisados los claustros de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral, sus pasos habrían de sonar con contundencia creciente conforme transcurriera el tiempo; al punto que, semanas atrás, fuera votada por unanimidad —primera vez que esto sucede en muchos años— como decana de ese espacio académico.

Al logro se suma que es la primera mujer, en más de un siglo de existencia de la facultad, en ocupar ese territorio de poder, gestión y conducción. Antes, otras conquistas había logrado: «Fui consejera directiva de la facultad, consejera superior de la universidad, la primera presidenta del centro de estudiantes. Nunca antes una mujer había ocupado ese cargo en ninguna facultad de derecho del país. Cuando me recibí, fui la primera secretaria general de la facultad.»

Envuelta en una ligera gasa del color exacto de sus cabellos, armoniosa, va relatando sin excesos el desarrollo de una carrera marcada por la coherencia. «Soy feminista desde antes de saber que lo era, y sé que lo soy hace más de veinticinco años. Ser mujer, del interior del país y transformar el sistema desde su misma matriz es un gran desafío», cuenta mientras repasa los logros que considera más relevantes en su descollante desempeño.

Ingresada al Poder Judicial Nacional hace más de veinte años, en constante vaivén entre Santa Fe y Buenos Aires, protagonizó dos acciones que cambiaron el paradigma del ejercicio de la justicia en el país. Por un lado, impulsó la creación de la Escuela Judicial —de la cual es secretaria académica desde su creación—, espacio de formación para jueces y aspirantes del país y aún del extranjero, ya que fue designada por el Poder Judicial de España, Colombia y Uruguay como evaluadora externa de la capacitación de sus magistrados. Por otro, en los años 90, cuando los derechos humanos no estaban tan presentes en la agenda pública, promovió el encausamiento de jueces vinculados a la violación de esos mismos derechos; dando como resultado el primer juez acusado y destituido de la historia del Consejo de la Magistratura.

Claudia Levin se sostiene entera, sin fisuras, al momento de argumentar sus decisiones con un pensamiento que es absolutamente inclusivo: «no puedo ni quiero ser testigo silenciosa de ninguna forma de discriminación. Nunca. Es un imperativo ético. Creo que las grandes tragedias de la historia no habrían ocurrido si no hubiesen habido grandes masas silenciosas frente a la discriminación y la injusticia.» Su voz, entonces, es una expresión constante de manifestación, visibilización y acompañamiento de procesos para articular aquellos mecanismos que pueden volver a la sociedad más amigable con la humanidad misma.

Esa lucha la llevó a plantear en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral una cátedra paralela (principio reformista) a la tradicional, donde se abordaban con mayor centralidad las entonces recientes leyes de patria potestad compartida y de divorcio vincular, y es incluida por primera vez la entonces denominada «violencia doméstica». «No hace falta que todas las personas pensemos de la misma manera. De hecho, lo natural es que pensemos, nos expresemos y seamos distintos. Lo importante es que se respete el derecho a pensar, expresarse y ser diferentes. El límite es la discriminación, ahí no hay tolerancia.»

En ese cauce de inclusión, de igualdad de derechos y respeto a las diversidades, Claudia Levin protagonizó otras conquistas. Fue convocada a participar del programa radial que marcó una época en el aire y las conciencias santafesinas: Mujeres de Fin de Siglo, donde se amplió socialmente la posibilidad de volver a dimensionar el rol de la mujer. Asimismo, durante el ejercicio académico en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales dirigió un proyecto de investigación de diversidad sexual y derechos humanos que derivó en la aprobación, por parte del Consejo Superior de la Universidad, de un protocolo que garantice el respeto a la identidad autodefinida dentro del ámbito universitario y durante todo el trayecto formativo. Junto a la Universidad Nacional de Córdoba fueron las primeras en sancionar medidas de respeto a la identidad autodefinida. El proyecto de investigación por ella dirigido, fue antecedente relevante y así mencionado por todos los bloques del Senado al momento de la sanción de la Ley de Identidad de Género. Al respecto, señala la jurista: «me produce un gran orgullo haber participado de los procesos ampliatorios de derechos y de haber visibilizado aristas filosas de la discriminación. Lo peor de la discriminación es la invisibilidad, porque eso es lo que la vuelve impune.»

Esa perspectiva ampliada de Claudia, esa mirada íntima desde la médula femenina, desde la célula nuclear que reinterpreta la realidad de los territorios contemporáneos, atraviesa el desafío más reciente de asumir como decana de la facultad que incidió en su proyecto formativo.

«Si pienso en nuevas metas, pienso en seguir fortaleciendo la formación de profesionales de excelencia que no estén dispuestos a ser testigos cómplices de ninguna discriminación, y en una facultad más presente en la región y conectada con la sociedad y sus instituciones. Vengo al decanato en un acto de absoluta entrega. Siento que hemos abierto algunas tranqueras. Creo que esta es una más de ellas.» El contundente apoyo institucional obtenido en las votaciones que la impusieron como ganadora habla simbólicamente de la adhesión lograda a un proyecto paritario, de igualdad y libre de toda formade discriminación.

Después de varias décadas de constante esfuerzo y compromiso, el aula magna, los salones, los corredores espaciosos del emblemático edificio esperan a Claudia Levin para transformarse en ese perfume que mezcla jazmines y café, sutileza y determinación, para abrir nuevas puertas al derecho y a la sociedad.

 

 

Texto: Fernando Marchi Schmidt

Fotos: Ana Paula Ocampo

Estilismo: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Perfiles

Edición: N° 87

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