
El pensamiento de Byung Chul Han se ha convertido en una de las miradas más lúcidas, y también más incómodas, para entender el malestar de la sociedad contemporánea. El filósofo surcoreano ha analizado durante años cómo la idea moderna de felicidad, éxito y rendimiento ha transformado profundamente la forma en la que vivimos y nos relacionamos con nosotros mismos. Una de sus afirmaciones más citadas resume con claridad su diagnóstico: “La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre de excesiva positividad”. Esta reflexión, desarrollada en su obra ‘La sociedad del cansancio’, señala un cambio radical respecto a las patologías del pasado y pone el foco en un tipo de sufrimiento menos visible, pero profundamente extendido.
La sociedad del rendimiento y el cansancio interior
En sus ensayos, Byung Chul Han explica que hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento. Ya no existe una figura externa que obligue o prohíba: ahora cada individuo se exige a sí mismo ser productivo, feliz, positivo y exitoso en todo momento. El propio filósofo lo expresa de forma clara cuando afirma que el sujeto contemporáneo “se explota a sí mismo creyendo que se realiza”. Esta autoexigencia constante genera un cansancio profundo, no físico, sino mental y emocional.
Uno de los conceptos clave en el pensamiento de Han es el de positividad excesiva. El filósofo sostiene que el mandato constante de pensar en positivo, de superarse siempre y de convertir cualquier dificultad en una oportunidad acaba convirtiéndose en una forma sutil de violencia. Según sus palabras, esta positividad no deja espacio para el fracaso, la tristeza o la vulnerabilidad. Todo lo negativo debe ser eliminado, ocultado o transformado rápidamente en algo útil. Esta negación sistemática de lo negativo provoca un colapso interior: la persona no puede sostener la exigencia permanente de entusiasmo y termina agotada, aislada y deprimida.
yung Chul Han también vincula la depresión con una creciente soledad social. En una cultura que valora el rendimiento individual por encima del cuidado colectivo, las personas quedan cada vez más solas frente a su propio malestar. Desde su punto de vista, la depresión no es solo un problema individual, sino un síntoma social que revela una forma enferma de entender la vida. Para Han, la felicidad convertida en obligación es una trampa. Cuando ser feliz se transforma en un deber, cualquier tristeza se vive como un fracaso personal. Esta presión constante impide aceptar los límites humanos y genera una relación hostil con uno mismo.
Las reflexiones de Byung Chul Han incomodan porque cuestionan uno de los pilares de la cultura actual: la creencia de que todo depende de la actitud personal. Al señalar que la depresión es consecuencia de una sociedad excesivamente positiva, el filósofo desplaza el foco del individuo al sistema y abre un debate necesario sobre cómo vivimos, trabajamos y nos exigimos.
