La Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió a los organismos públicos y privados reconocer a la menstruación como un asunto de salud y derechos humanos. La ciudad de Santa Fe es la primera capital del país en contar con un plan municipal de provisión gratuita de elementos menstruales.

 

“El asunto”. “Andrés”.

“Si te bañás cuando estás indispuesta, se te corta”.

“No hace bien tener relaciones sexuales durante la menstruación”.

Muchas frases a lo largo de la historia han servido para darle volumen al tabú.

Lo cierto es que la menstruación es un factor de desigualdad social y su silenciamiento no hizo más que sostener ese desequilibrio a lo largo de los años.

Hace unos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) solicitó a los distintos organismos públicos y privados reconocer a la menstruación como un asunto de salud y derechos humanos, y no como un problema de higiene.

El organismo remarcó que la menstruación tiene dimensiones físicas, psicológicas y sociales, el cual debe abordarse en la perspectiva de un curso de vida, desde antes de la menarquia, en la niñez, hasta después de la menopausia. 

Desde 2020, en Santa Fe Capital existe la ordenanza Nº 12.713, de autoría de la concejala Laura Mondino (Frente Progresista), que apuesta a generar un dispositivo de acompañamiento desde el estado municipal. Esto incluye la entrega gratuita de elementos menstruales, pero también la realización de talleres y acompañamiento a través de las estaciones municipales que están distribuidas en los distintos barrios de la ciudad.

“Menstruar es político”, afirma la autora del proyecto que ubicó a Santa Fe como la primera capital del país en contar con políticas de este tipo.

 

TS- ¿Por qué la menstruación debe ser un tema de agenda pública?

LM- Desde los feminismos apuntamos a visibilizar este tema, sacarlo de la agenda privada y ubicarlo en la agenda pública para que los estados puedan diseñar políticas al respecto.

Nos ha resultado muy difícil poder instalar el tema. Fueron muchos años de discusión en comisiones del Concejo Municipal, que en su mayoría estaban conformadas por varones que reaccionaban al planteo con burlas, minimizando, tomándolo como algo menor. Cuando la conformación del Concejo cambió e ingresaron más mujeres, pudimos sancionar esta ordenanza que es pionera en el país.

 

TS- ¿Cómo es el sistema de acceso?

LM- En las estaciones municipales, pero también en los jardines de infantes y en los centros de distrito, hay un registro donde quienes lo necesitan pueden inscribirse y acceder a productos menstruales.

Para muchas mujeres esto implica una diferencia entre poder ir a la escuela o no, poder ir a trabajar o no. Muchas tienen que elegir entre comprarles los pañales a sus hijos o comprarse toallitas. Muchas sufren infecciones por utilizar trapos o elementos no higiénicos.

Hoy hay una gestión municipal que entiende la importancia de que el gobierno local esté cerca, acompañando a esas mujeres y cuerpos menstruantes para un acceso equitativo a la gestión menstrual.

TS- ¿Cuáles son las líneas en las que se trabaja actualmente?

LM- Según la ONG Economía Feminista, que lleva adelante la campaña #Menstruacción a nivel nacional, hoy el costo anual de los elementos menstruales ronda los $ 4.900 (toallitas) y $ 5.300 (tampones). Los productos están gravados con el mismo IVA que se impone a los cosméticos, cuando en realidad se trata de elementos de primera necesidad. En el Congreso Nacional hay varios proyectos que apuntan a modificar ese esquema.

En el caso de la ciudad de Santa Fe, el programa también apunta a capacitar sobre otros elementos como la copa menstrual y los dispositivos no descartables, que son más económicos en el mediano y largo plazo y más amigables con el medio ambiente.

 

TS- ¿Cómo influye la problematización del tema en el hecho de que se generen más condiciones de igualdad?

LM- Las mujeres menstruamos, no es una elección: es una realidad que debemos afrontar todos los meses y que nos pone en una situación de desigualdad en relación a los varones. La menstruación genera un impacto en la canasta familiar, ni hablar cuando hay dos o más mujeres en la familia.

Las mujeres hemos sido educadas históricamente para la vergüenza. El silencio, las dificultades para hablar del tema, la desinformación, lo único que han hecho es dificultar el acceso a derechos fundamentales como la educación, el trabajo, la salud y la no discriminación.

 

Fotos: Gentileza Prensa Laura Mondino