La docuserie de Netflix se enfoca en los diarios personales del ícono del arte pop que se publicaron tras su fallecimiento en 1987.

Las vivencias que marcaron la faceta personal de Andy Warhol inspiran esta serie documental de Netflix que describe su vida a detalle por medio de sus diarios personales. El sello de Ryan Murphy –cineasta detrás de PoseAmerican Horror Story y Ratched– se posa esta vez sobre un ícono del arte estadounidense que alcanzó la fama por su talento para la pintura, el cine y la literatura.

Los diarios de Andy Warhol retratan por medio de seis episodios a la leyenda del arte desde un enfoque mucho más íntimo que el que dio a conocer naturalmente desde la prensa en su época. Se trata de los testimonios que dejó a lo largo de su vida y solo pudo recopilar gracias a la ayuda de una cercana amiga, Pat Hackett, para ser publicados luego de su muerte en 1987.

La docuserie refleja la vida de Warhol desde su infancia en los suburbios de su ciudad natal, pasando por su largo viaje para encontrar su verdadera vocación, hasta el incansable trabajo que emprendió para moverse entre distintos estilos y movimientos que conectaran profundamente con su lado artístico. Como se recuerda, él fue una de las figuras clave en el nacimiento y el auge del arte pop (pop art) en Estados Unidos, un movimiento artístico que abarcó distintas áreas como los anuncios publicitarios, las historietas, la cultura y el cine.

“Venerado por algunos y aborrecido por otros, Warhol fue director, editor, productor de TV, creador de escenas, celebridad y mucho más. A pesar de su inmensa fama, Warhol era extremadamente discreto en cuanto a su vida personal. Esta serie revela gran parte de la complejidad del artista a través de sus propias palabras, a menudo con su voz mediante el uso de técnicas de inteligencia artificial de vanguardia, y las de aquellos que trabajaron, crearon y jugaron junto con él desde lo subversivo hasta lo convencional, desde John Waters hasta Rob Lowe”, se lee en la descripción oficial compartida por la plataforma.

De una ciudad tradicional al corazón de Nueva York

Andy Warhol nació el 6 de agosto de 1928 en Pittsburgh, Estados Unidos, como el tercer hijo de un matrimonio eslovaco que emigró de su país. Desde muy joven, se había acercado al arte y tenía interés en dedicarse a ello, así que inició una carrera en una universidad local. No obstante, duro muy poco en esta escuela, puesto que emprendió un nuevo inicio en Nueva York a finales de la década de los 40. En el corazón de la agitada metrópoli, comenzó a desempeñarse como ilustrador de revistas y publicista.

Durante los años 50, ganó notoriedad por sus creativos proyectos para anuncios de zapatos, y en los 60, empezó a acercarse al arte pop neoyorquino a través de otros artistas. Logró notoriedad a través de diversas obras de arte en pintura, cine y literatura, y se convirtió en un ícono de la modernidad. Aunque fue rechazado muchas veces, integró la élite compuesta por artistas intelectuales, aristócratas, estrellas de Hollywood, homosexuales, modelos, bohemios y más personalidades de la ciudad que se interesaron por las movidas artísticas.

Andrew Rossi dirige los seis episodios que componen Los diarios de Andy Warhol. La producción ejecutiva estuvo a cargo de Ryan Murphy, Dan Braun, Josh Braun, Stacey Reiss y Stanley Buchthal. El propósito de estos creadores era demostrar que la “creencia” del artista estadounidense nunca fue tener una vida eterna, sino dar origen a un arte que se mantenga vigente para siempre. Todos los capítulos ya están disponibles en Netflix. 

EN EL CENTRO DE LA ESCENA

La figura del estadounidense Andy Warhol (1928-1987), el rey del arte-pop que supo predecir los quince minutos de fama que hoy todos ostentan, regresa al centro de la escena no sólo con la aparición en Netflix de la docuserie de seis capítulos, sino también con la posibilidad de convertirse en el segundo artista más caro de la historia, detrás de Leonardo da Vinci, cuando se subaste en mayo su icónico retrato de Marilyn Monroe con una base de 200 millones de dólares.

A pocos días del lanzamiento en Netflix de la serie documental, se anunció desde la subastadora Christie’s la venta en mayo próximo del icónico rostro de Marilyn Monroe, Shot Sage Blue Marilyn”, una serigrafía sobre lienzo, de un metro por uno, que podría convertirse en la obra de arte del siglo XX más cara jamás vendida en una subasta.

Según la leyenda, la obra debe su título a un incidente ocurrido en 1964 -mismo año en que fue realizada- en el taller de Andy Warhol en Manhattan: una mujer que lo visitaba preguntó al artista si podía “fotografiar” los cuadros (shoot en inglés), pero cuando el oriundo de Pittsburgh le dio su permiso, la mujer sacó un arma y disparó (shot) a la serie de cuatro lienzos de Marilyn, rasgaduras que el propio Warhol luego se ocupó de reparar.

La icónica obra -que procede de la Fundación Thomas y Doris Ammann, una histórica galería de arte de Zúrich, que destinará todo lo recaudado de la venta a una fundación benéfica- muestra la imagen de la actriz estadounidense en el famoso retrato realizado -un fotograma publicitario- para la película Niágara de 1953, de Henry Hathaway, un film noir protagonizado por Monroe estrenado en español con el título Torrente pasional. La obra de Warhol muestra a la actriz con el rostro rosado, los labios rojos, el pelo rubio y una sombra de ojos azul sobre un fondo en azul claro (sage blue, en inglés). En esa imagen, Marilyn, la mujer, ha desaparecido; las terribles circunstancias de su vida y su muerte se han olvidado. Lo único que queda es la enigmática sonrisa.

Para Alex Rotter, presidente de Christie’s para el Arte del Siglo XX y XXI, la obra de Warhol “es la cúspide absoluta del Pop-Art y la promesa del Sueño Americano encapsulando en el optimismo, la fragilidad, la celebridad y la iconografía a la vez. Junto con El nacimiento de Venus’ de Botticelli, La Gioconda de Da Vinci y Las señoritas de Avignon de Picasso, Marilyn de Warhol es sin duda uno de los mejores cuadros de todos los tiempos”. ¿Exagerado? Habrá que ver. Lo cierto es que Christie ‘s está muy acostumbrada a estrategias de marketing más que eficaces. Basta pensar que allí mismo, en los últimos años, se ha logrado el récord mundial de una obra de arte en subasta, por el Salvador Mundi atribuido a Leonardo da Vinci, en 2017 (por 450 millones de dólares), así como el primer NFT ofrecido en una casa de subastas, del artista Beeple, que cambió para siempre la forma de hacer y vender arte.

Además, esta obra canónica de Warhol, grabada a fuego en el léxico visual de la historia del arte, ha sido expuesta ampliamente en instituciones de primer nivel de todo el mundo, como el Museo Guggenheim de Nueva York, el Centro Georges Pompidou de París, la Tate Modern de Londres, el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la Royal Academy of Arts de Londres, la Neue Nationalgalerie de Berlín, el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, la Fondation Beyeler y el Pasadena Art Museum, entre otros.Warhol hace mucho más que insertar en sus obras de arte todo aquello que aparece en los medios de comunicación, es decir, el lenguaje visual de la sociedad de consumo: presenta aquí a Marilyn como un objeto de veneración, mercantilizada, tratando de capturar también la vulnerabilidad detrás de la construcción pública de la mujer más deseada de Estados Unidos, la persona privada cuyos propios deseos siempre estuvieron más allá de su dominio. Su muerte, en 1962, reunió dos de las principales preocupaciones de Warhol: la muerte y la celebridad. Y marcó un antes y un después en la carrera del creador.

Alguna vez, el artista recordó que en el momento en que se enteró de la noticia -el mismo año en que mostró en una galería una larga serie de sopas Campbell, pero pintadas con acrílico sobre lienzos- decidió ensayar serigrafías de la figura de Marilyn, “de su hermoso rostro”, siempre basadas en el fotograma de la película Niágara. De este modo, con la actriz, es la primera vez que Warhol decide volcarse a la serigrafía, una técnica propia de la publicidad, y que él fue responsable de introducir en el ámbito de las bellas artes. Era una técnica masiva, de reproducción, repetitiva, que elimina la manualidad, perfecta para convertir el imaginario popular en obras de arte, tal como él deseaba. En 1962, entonces, la carrera del artista despegó.

Pero lo cierto es que, a pesar de su inmensa fama -las cámaras lo seguían allí donde iba-, Warhol era extremadamente discreto en cuanto a su vida personal. La serie Los diarios de Andy Warhol busca justamente mostrar la faceta menos conocida de la leyenda del pop-art, la intimidad, un exhaustivo retrato hilvanado a través de los diarios del artista. Son 800 páginas que Warhol volcó en sus diarios personales entre 1976 y 1987, y que dictó por teléfono a su amiga Pat Hackett, para ser publicados después de su muerte. Abandonó su escritura apenas cinco días antes de su muerte, que ocurrió en 1987. En la serie, los pensamientos de Andy son narrados por él mismo, mediante el uso de un programa de inteligencia artificial. Pero la pregunta, que aparece de manera inevitable en el documental es: ¿Podemos creer que los diarios son las verdaderas opiniones de Warhol? ¿Lo que el artista realmente pensaba? No hay una única respuesta o mejor aún: hay tantas respuestas como opiniones de personas que lo conocieron y lo trataron, muchos de ellos entrevistados en la serie.

De cualquier modo, Los diarios de Andy Warhol tienen la suficiente fuerza visual para capturar la atención, una increíble y detallista compaginación que mixtura las entrevistas, con material de archivo y las propias obras que Andy creó en vida. ”El era una performance”, lo describen en un tramo. “Era fanático de la sopa”, cuenta su hermano. “Le habría encantado vivir en la actualidad, por el espectáculo de rarezas que es la cultura contemporánea”, desgrana su amigo, el actor Rob Lowe. “Podríamos ser amigos”, dicen los vecinos de los suburbios de Pittsburgh (Pensilvania), al recordar el ambiente opresivo del barrio en el que nació, el 6 de agosto de 1928, y que abandonó en 1949 para mudarse a Nueva York, donde alcanzó gran éxito como ilustrador publicitario.

Warhol retrató en sus obras numerosas celebridades (Elvis Presley, James Dean, Jackie Keneddy), pero también a criminales, suicidios y accidentes de autos. Realizó más cien películas protagonizadas por chicas de la alta sociedad, drag queens, mujeres trans que frecuentaban su estudio The Factory, creó la revista de chimentos Interview, realizó instalaciones para los conciertos de The Velvet Underground y sufrió un intento de asesinato por parte de una admiradora en 1968, hechos que también contribuyeron a perpetuar el mito del excéntrico artista.

Con sus gafas de sol y su peluca color platino, el creador se convirtió en el emblema de la extravagancia del Nueva York de los años 60, donde se mostraba como un artista glamoroso e inexpresivo. En los 80, se rodeó de los artistas más jóvenes que dominaban la escena neoyorquina, como Jean-Michel Basquiat y Keith Harring. Warhol murió inesperadamente en 1987 tras una operación rutinaria.

¿Era un vanguardista o un farandulero? ¿Igualitario o elitista? Como sea, nunca dejó de estar en el centro de la escena. Tal como ocurre hoy. Habrá que esperar para ver de qué manera lo interpretará el actor Jared Leto, quien se meterá en la piel de Warhol para protagonizar lo que será la primera biopic de una de las figuras más destacadas de la cultura del siglo XX. Todavía no se conocen más detalles del film, pero se sabe que se basará en la biografía del inglés Víctor Bockris. Aunque será la primera vez que se abordará la vida del famoso artista en la pantalla grande, su figura ya tuvo algunos intérpretes ocasionales en distintos películas, como fue la caracterización que realizó el músico David Bowie para una breve aparición en la película Basquiat.

 

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