Se llaman María Alejandra y María Elisabet, ambas son coreutas en los coros provincial y municipal, respectivamente. Después de seguir caminos separados por mucho tiempo, hoy se dedican de lleno a un proyecto conjunto, que comienza a tomar forma. Defensoras de la música «popular, popular». Compañeras en la música y en la vida, con momentos de inmensa alegría o profundo dolor, dejan ver un denominador común en todo lo que hacen: el amor, la dedicación y la fe.

Al recordar sus primeros pasos, a las hermanas Pistoni les vienen a la memoria sus padres. Asentados laboralmente en la provincia de Chaco, y apasionados por la música folclórica, asistían a una peña con sus hijas de tres años todos los fines de semana. «Íbamos dormidas y después de comer nos despertaban para que cantáramos», comenta Alejandra, «un profe de música de la zona acompañaba con su guitarra en una especie de karaoke y nosotras cantábamos», completa Elisabet. Desde pequeñas, deleitaban oídos al ritmo de «yo vendo unos ojos negros» y otras piezas clásicas de la música popular. 

Ya en Santa Fe, comenzaron con 7 años estudiando guitarra con el maestro Santiago Aicardi, gran formador de talentos santafesinos –como el guitarrista Fabio Zini–. «Aicardi tenía la costumbre de colocar a sus alumnos nombres artísticos. A nosotras, por compartir nuestro primer nombre, nos puso “Las dos María”». Además del bautismo, su maestro les regaló un consejo: que exploten sus potentes y dulces voces cantando. Más acá en el tiempo, esos consejos y enseñanzas del maestro Aicardi dieron sus frutos, y Las dos María brillaron en los escenarios más importantes del país como Jesús María o Cosquín. 

Tuvieron la oportunidad de continuar por ese camino vertiginoso de la primera plana nacional, pero fue otro el rumbo que querían. «Cuando estás lejos de tus hijos, vos lo sufrís, quisieras estar con ellos, saber cómo fue su día. Nosotras preferimos ejercer el rol de madres, que es algo maravilloso, y cuando buscás el éxito y la fama es muy difícil poder mantener esa vida familiar». Sin embargo, esa elección no les impidió poder hacer lo que tanta pasión les despierta: «Dios nos ayudó al elegir, porque nos permitió poder seguir actuando, y viviendo de la música».

Ambas construyeron riquísimas experiencias: desde lo grupal, han acompañado a artistas importantes y destacados. Desde lo individual, Alejandra sostiene que «entrar al coro polifónico provincial fue una experiencia que abrió mi mundo a la música clásica, donde me fui perfeccionando. Estilos como el romanticismo o el barroco son de una belleza indescriptible». Es por eso que recomienda tener al menos un disco del género. Ely, por su parte, incursionó en la música tropical –con dos discos en su haber– en primera instancia. Luego en el rock, como corista de La Naranja de Santa Fe y participando de «Mujeres del Rock», con un enorme proceso de aprendizaje vocal en ambas ocasiones.  

En la normalidad de los días «Las dos María» son también madres y trabajadoras: «deberíamos estar en un spa, pero tenemos que hacer de madres», dicen entre risas. Ely, luego de una difícil pérdida familiar que aún intenta asimilar, acompaña en sus actividades a su hija menor, Luz, a quien le dedica mucho de su tiempo. Además combina sus diferentes trabajos como coreuta y profesora de fitness en un gimnasio, con algún tiempo para ella. Alejandra transita otra etapa –un poco a su pesar– sus hijos comienzan a experimentar eso de la madurez y la independencia. Por lo tanto, utiliza su tiempo para transmitir desde el ámbito de la enseñanza su riqueza musical como profesora de canto. 

Ambas son mujeres de profunda fe católica: «Somos muy creyentes, pensamos que si tenemos este don de poder cantar tenemos que devolverlo». Es por eso que intervienen desde dos parroquias de Santa Fe a través de la participación en coros, donde generan espacios para que jóvenes, niños y adultos se acerquen a la música desde la fe.

Al momento de hacer un balance sobre lo que significa cantar, sostienen: «Es una constante desde que tenemos uso de razón, y en su momento nos salvó del abismo. La música y la vida, nos enseñaron que todo pasa muy rápido, a veces uno posterga algunas cosas que no debería. Nosotras pensábamos siempre en grabar un disco. Así pasaron 20 años, y aún no lo hicimos». Es por eso que ahora están trabajando para materializar ese viejo anhelo. 

También pretenden llevar adelante un espectáculo hacia fin de año. Al hablar de las motivaciones para hacer ésto sostienen que el escenario «es una adicción, algo que no podés dejar de tener, una vez que conseguiste el feedback con el público es muy difícil poder bajarse de las tablas». Para ello, preparan un repertorio de la música que ellas consideran su favorita y la más compleja de llevar adelante: la «popular, popular». Con referentes femeninas como Gilda, Valeria Lynch o Mercedes Sosa, esperan poder cumplir un único deseo: «cantar para nosotras y para la gente que les guste escucharnos».

Texto: Hernán Lestussi

Fotos: Pablo Aguirre

Maquillaje: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Acordes y sonetos

Edición: N° 76

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