Libro del pescador – Ricardo Daniel Malatesta

Un hombre al lado del río tira la línea. ¿En qué piensa ese hombre? ¿En el pique? ¿En el agua, que pasa y pasa, incontenible? ¿Piensa en su deseo, en la vida?

Roberto Daniel Malatesta da voz a este pescador que se regocija contemplando. Marisa Malatesta puede ver –a través de las fotografías– lo que su hermano pone en palabras: «Pescar es un arduo entrenamiento del espíritu».

Y allí, el río, enseña día a día la lección: No pescar nada no inquieta al que sabe// De un nudo nadie sale con apuros. Hay pájaros, arboles, camalotes; hay chicharras, hierba humedecida. Y también un pensamiento que oscila entre la orilla y el adentro.

El viento corre y deja lo suyo al que sabe escucharlo; la niebla cubre al río tanto como a la vida y cuando crece, limpia todo lo que encuentra: Quizá solo venga/por lo que le corresponde.

Así se inunda el alma del que pesca, del verdadero pescador, al que no le interesa el pez sino la luz que discurre limpia y sin quimeras.

Abuela y la niña – Patricia Severín

Una niña sola.

Una niña corre.

Los otros, los adultos, se empeñan en hacer de esa infancia un páramo.

Telas de araña y misterios se esconden en huevos zigzagueantes; pabilos en la oscuridad, potajes y demonios, susurran cantos de terror.

¿Qué espera la niña? ¿Qué siente?

Beatriz Leguiza desde la fotografía y Patricia Severín en la poesía, urden este entramado en blanco y negro, para desmitificar la infancia, ese lugar no tan idílico, no tan seguro y, a veces, nada protector.

El olor de las hormigas – Yamil Dora

¿Qué es el recuerdo? ¿Un vacío donde la memoria trabaja? ¿Una foto en blanco y negro?

Este libro horada la memoria. Pero de manera sesgada. Un hombre mira su infancia: dolores como pequeñas agujas se clavan en el corazón, lluvias en los sueños, mares imprevistos, enterramientos sin muertos. El desorden del mundo trae estos recortes que arman poemas leves como un diente de león que el viento desparrama.

Y en este rompecabezas donde la palabra hace foco sobre el amor, la distancia y los fragmentos, la fotografía compromete de manera tenue y amorosa su delicada presencia.

Yamil Dora en los textos y Silvia Castro en la fotografía, ensamblan las esquirlas de este universo. Ambos dan cuerpo a un libro donde la nostalgia de los versos impregnan las imágenes de tonos melancólicos y, las imágenes, fisuran y complementan las palabras.

Nosotros, lectores, llenamos los vacíos, los blancos de esa memoria que se desliza hacia pequeños, vibrantes y sutiles recuerdos.

El tiempo que lleve olvidar – Mercedes Birsordi

Los personajes de este libro se mueven en un combate entre un destino que parece inevitable y una voluntad que se alimenta del impulso de sus deseos. Por momentos, la sensación es que las cosas simplemente suceden, más allá de cualquier esfuerzo. Sin embargo, los sujetos actúan: persiguen un anhelo, una transformación, un escape, un horizonte. La vida, la muerte, el sexo, son presas de esa tensión desgarradora. Pero, sin importar el sacrificio que se haga, la memoria es un atributo involuntario: los recuerdos nos atacan a pesar de que luchemos contra ellos. El tiempo que lleve olvidar es un precioso abordaje de esta batalla cotidiana entre lo ansiado y lo inevitable.

Con un lenguaje por momentos sombrío, por momentos de una cercanía que nos remonta a la inocencia de la infancia, Bisordi construye un universo que se extiende, como las raíces de un árbol, hacia las profundidades de la tierra.

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