Desde hace 14 años la Academia Belgrano —primero en una casona antigua y familiar de barrio Candioti y, ahora, en un amplio y remozado inmueble sobre peatonal San Martín Nor-te—, ofrece a sus estudiantes la posibilidad de reforzar co-nocimientos académicos, para capitalizarlos en un futuro elegido, acompañándolos con contención emocional y ase-soramiento integral para la vida. Mario Villar Torricelli, su di-rector y gestor educativo, aἀrma que es necesario sacar “el estigma” de deber elegir correctamente la carrera a seguir luego de la secundaria, la elección tiene que surgir de una búsqueda disciplinada por parte de los jóvenes y ser acom-pañada de padres y entorno emocional cercano para, juntos, descubrir potencialidades y fortalezas

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