¿Se cumplirá el designio familiar para Jorge Valente? ¿Cómo poder huir de un destino fatal? Su estrategia es actuar para vivir. Con funciones en tres espacios (Sala “La treinta sesenta y ocho”, el Centro Cultural y Social “El Birri” y “Teatro de La Abadía”), “La extraordinaria vida de Jorge Valente” fue el gran estallido de este año en el teatro santafesino. Una obra con un texto y una mirada pluridimensional sensible, crítica y descarnada. Esta osadía de Javier Bonatti llegó para confirmar, una vez, más el infinito talento de los artistas de la ciudad y la construcción de su teatro sin fronteras, en constante imaginación.

Valente es un “artista total” a punto de cumplir 59 años, con la certeza de que va a morir, porque esa es la edad en la que fallecen los hombres de su familia. Antes de que llegue ese gran día decide hacer su autobiografía. Así, nos convertimos en espectadores de su vida desde el comienzo ¿hasta el final? Con un dispositivo creado por él mismo, logra traer al presente diferentes recuerdos para revivir sensaciones y resignificarlos. Eso es el hoy, todos los tiempos y todos los sentimientos.

Coincidencia o no, el tres en la cultura china simboliza el nacimiento, la vida, y en tres puso el director el cuento de la vida de Jorge. El triple protagónico lo comparten Sergio Abbate, Lautaro Ruatta y Camilo Céspedes. Reconocidos artistas que, en sus jugueteos y en sus hilos con los que ensamblan los cuadros, van sorprendiendo y encantando, divirtiendo, alterando. El director quiso dividir el papel, o completarlo, como recurso de fatuidad escénica o más bien actoral, ya que los actores (que comparten escena por primera vez juntos) encarnan discursos en diferentes tonos, lenguajes, ritmos, en la lengua y el cuerpo. Los diferentes Valente cantan, cambian de léxico, edad, personalidad, monologan, bailan una danza perfecta donde los tres son uno solo, claro. Hay pasajes donde la luz baja y la riqueza textual nos atiza en la cara y provoca imágenes de belleza y dolor emocionantes. Acompañados por las mujeres que interpreta Sofría Kreig (una para todas, reales e ideales), la puesta de música, de una escenografía y roles dinámicos, lo extraordinario se hace magia y carne: “para acordarse de la vida hay que actuar”. Sus palabras enfatizan, interpelan, sacuden, traducen pensamientos hondos y crudos de un texto complejo. ¿De qué otro modo podría abarcar una/la vida?

Es de destacar, también, el trabajo ostentoso en escenografía a cargo de Ana de la Puente, la iluminación y fotografía de Pablo Martínez y el variado vestuario de Fernanda Gonzalvez (que se burla de la mala fama del amarillo y lo hace pasear todo el tiempo por el escenario). Todo acompaña los cambios de roles, época y climas, y se adaptó sin problemas en todos los espacios donde se recreó la obra.

Tan enmarañado como directo, lo que siempre vuelve y lo que se quiere olvidar, lo que duele y la alegría fugaz, Bonatti relata una vida fuera de lo ordinario que termina por tocarnos a todos en los asuntos de familia, amor o soledad. Director con entraña cinematográfica, con la cámara omnipresente, Javier es un escritor que a veces actúa y un constante pensador con inquieta creatividad. Esta obra es un salto de su cortometraje Hola, otra huella de sus preguntas, de lo insoportable a lo vertiginoso, de la levedad a la trascendencia. La representación de toda una vida y el enfrentamiento a la muerte en clave de teatro. Valente es, quizás, el heterónimo del autor, ese otro que no es él, pero es una mutilación de lo que es. “¿Cómo actuarse?” se pregunta Jorge en el comienzo de la obra. “Buscate, Jorge”, se vuelve a decir. En una vida fuera de lo común, la del artista reconocido de luz y logros, hay pasión, gozos, ausencias, tristezas, y una incertidumbre: qué pasará al final. ¿No es acaso esto el teatro? ¿No son así todas las vidas?

Texto: Celi Di Notto

Fotos: Pablo Martínez

Nombre de sección: Gestos y gestas

Edición: N° 67

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