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A más de cien años del natalicio del reconocido artista plástico santafesino, Ricardo Supisiche, María Clara, su única hija, nos abre las puertas hacia la intimidad de la vida y obra del maestro, del padre, del amigo y del santafesino.

TS- ¿Qué significó tu padre para vos?

MCS- Mi padre fue como un hito en mi vida, algo que marcó el camino en muchas cuestiones, no solamente como persona sino también en la profesión, en la vinculación con el arte, en el lugar que cada uno tiene que ocupar cuando constituye una familia. Mi viejo fue un ejemplo, un ejemplo que tuve siempre presente.

TS- ¿Algo que extrañas de él?

MCS- Extraño mucho las charlas, las conversaciones y el humor. No parecía que tuviera demasiado humor, porque tenía una cara de serio bastante ponderable, pero tenía mucho humor. Un humor sano, no el humor fácil del chiste barato.

TS-¿qué enseñanzas  o ejemplos de vida te dejó?

MCS-  Fue un ejemplo de honestidad, un ejemplo de verdad, un ejemplo de responsabilidad. Esas cosas aprendí, la palabra y su valor, de la palabra dada, de la palabra empeñada, no firmar un papel para comprometerse con alguien. Mi padre tuvo una relación de muchos años con la galería Rubbers,  nunca hubo firmado un papel que dijera que entre Jorge Povarché y él existía tal contrato, ambos mantuvieron eso durante tantísimos años, simplemente porque se dieron la palabra entre sí. Eso también fue una enseñanza muy grande para mí.

TS- ¿Te gusta la obra de tu padre?

MCS- Me encanta la obra de mi padre.

TS- ¿Podrías decirnos si, a tu criterio, la obra refleja lo que era tu padre en su vida interior?

MCS- Absolutamente y lo despojado de las obras de los últimos tiempos lo reflejan más aún. Creo que cada una de las épocas por las que transitó mi padre reflejó exactamente el momento espiritual que él estaba pasando. Y me parece que ese camino hacia el ascetismo que logró al final de su vida, era un camino, un proceso lógico en una persona como él. Y estoy convencida de que las últimas obras lo reflejaban nítidamente, cómo realmente él era esos últimos años.

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TS- ¿Algún fantasma, también?

MCS- Algún fantasma… muchos fantasmas. Y algunas cosas de su vida muy vistas con anticipación de su parte. En sus últimos años, es como si hubiera tenido una premonición de lo que iba a ser el final de su vida: su enfermedad con cuatro años terribles. Y eso, aparecía en las obras que él hizo, antes de enfermar, o antes de que se manifestara la enfermedad con tanta fuerza.

TS- Toda esta extrañeza, los personajes, la soledad, todo lo que se ve y se transita en la obra de “Supisiche” que duele y que nos pone de cara a un precipicio, que es un abismo interno. ¿Qué ves cuando mirás una obra de tu padre?

MCS- (silencio) Bueno, lo veo a él, veo su alma, su espíritu, pero veo también la esencia de lo que es el locus, de lo que es nuestro contexto natural, creo que la esencia  de esta zona está allí, está en la obra de mi padre.

TS- Es importante que la gente sepa, el valor de tu herencia: nada más ni nada menos que  la obra de un ícono en la pintura local y nacional. ¿Con  qué parámetros te has manejado para que otros pudieran acceder a la obra?

MCS- Yo partí de la base de lo que él siempre dijo, “que la obra tenía sentido si estaba en la casa de alguien,  si alguien la podía ver, disfrutar” y por lo tanto consideré que esa obra  no tenía que quedar guardada, atesorada, en un lugar que no fuera propia de quien la tenía que guardar, y que no tuviera que estar en contacto con las personas. Por lo tanto, la venta de la obra, para mí era el camino lógico para poder cumplir con ese objetivo que él siempre planteó: que la obra  la tenía que ver y tener la gente. En cuanto a con qué criterios, seguí manteniendo contacto con un galerista que fue muy amigo de mi padre, que es Juan Carlos D`Ambroggio, una persona de absoluta confianza, que tiene una colección de Supis muy grande y muy importante de distintas épocas y me he manejado mucho con él. En cuanto a cuáles eran los valores de la obra, este tipo de obras de mi padre pasó por un momento en el mercado del arte argentino, en el que prácticamente nadie lo buscaba. Por lo tanto, nadie compraba y además si alguien quería comprar los valores eran muy bajos. Actualmente la cotización de sus obras está en alza.

TS-Para finalizar, si estuviera tu padre aquí presente, ¿qué le dirías?

MCS- Aunque parezca una obviedad, le diría gracias. Porque la verdad es que si he sido buena persona, si he podido formar  a mis hijos como buenas personas, si he podido ser honesta, responsable  en mi trabajo y haberlo hecho bien, se lo debo a él y se lo debo a mi madre, por supuesto, porque eran una pareja que tiraban para el mismo lado. Pero ya que hablamos de mi papá, se lo debo a él, esas enseñanzas que me brindó desde muy pequeña dieron sus frutos.

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CRÉDITOS: Guillermo Aleu