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“Cambia, todo cambia…” Cantaba Mercedes Sosa, y tenía razón.

El consumo de argentino es uno de los más curiosos y buscadores de nuevas sensaciones que existe en el mundo de vinos. Permanentemente se incorporan a este universo jóvenes ávidos de experimentar placeres, y conocimientos en la cultura social de reunirse alrededor de una copa de vino, y no sólo la juventud se lanza a los nuevos sabores, el mercado adulto también es innovador, sobre todo el femenino, que se caracteriza por ser atrevido y sensible a los sabores novedosos.

Las bodegas no son ajenas a esta movida y se deben adaptar a las exigencias del momento… y, ahora, es el momento del Vino Blanco Dulce Natural. Este líquido sublime, es el resultado del tiempo que se dejan madurar los racimos en la parra, esta sobremaduración logra que los azúcares se concentren y las uvas se deshidraten, pudiendo el enólogo, inclusive, cosecharlas y dejarlas secar en soleras esta pasificación es para lograr una mayor cantidad de gramos de azúcar por volumen de fruta. Otro modo de lograrlo es mediante una interrupción de la fermentación, de este modo el ingeniero detiene el proceso en el momento que considera que el mosto tiene la cantidad de dulzor suficiente. Con 25 gramos de azúcar por litro ya obtenemos un vino agradablemente dulce, pero estas concentraciones en algunos casos llega hasta los 200 gramos por litro resultando vinos muy almibarados, generalmente estacionados en barricas de roble que complejizan más aún su sabor. En la vinificación obtenemos vinos blancos aromáticos, elegantes con sabores otoñales y dulces en nuestras papilas , al final, la miel pasará por nuestra boca y la frescura y el dulzor se habrán enamorado de mí.

Las uvas que tradicionalmente se emplean para su elaboración en nuestro país son la torrontés, semillón, chenin, moscatel, entre otras. De las variedades empleadas y el método de elaboración dependerá el equilibrio entre dulzor y acidez le otorgan el carácter refrescante y frutado que caracteriza a estos vinos. En boca, las notas cítricas dan paso a los sabores frutales como damascos, duraznos y miel, los hacen frescos y flexibles a la hora de disfrútalos. Las tonalidades van desde el amarillo muy claro que nos demuestra la frescura y suavidad del sabor, hasta los tonos amaderados que demuestran complejidad y estructura de vinos más intensos y maduros, ideales para paladares experimentados que suelen agradecer sabores complicados. Como vemos, hay vinos blancos dulces para todos los gustos, y a esto las bodegas ya lo detectaron y pusieron manos a la obra de nuevos productos exigiendo creatividad a sus enólogos, inclusive las más tradicionales los incorporaron a sus listas de vinos

La tendencia los está volviendo populares y su frescura cautiva paladares desde los mas jóvenes hasta los mas experimentados, eso sí en todos los casos se trata de consumidores innovadores y entusiastas. Los podemos disfrutar en vernissagges, como aperitivo, o acompañando platos sutiles de la nueva tendencia culinaria, ceviches, sushi, woks, copas de langostinos y por supuesto, como final de evento, es un excelente compañero de todo tipo de postres. Yo, personalmente, los deleito con variedad de quesos y frutas secas, una combinación tan explosiva en boca que te distrae de la más interesante conversación.