Una poderosa aventura

 

En la obra de Norma Guastavino está presente la pintura desde un lugar privilegiado, el lugar del rigor del lenguaje pictórico con todos sus atributos a la vista. Aflora contantemente el conocimiento de la artista por su oficio, donde conjuga originalidad formal, soluciones técnicas concretas para sus planteos temáticos y sugerentes atmósferas conseguidas desde un dominio del código visual. Se nota muy claramente la tendencia a subrayar el profundo sentido de irrealidad que anida en la condición misma de cada elemento, figura o paisaje representado.

Claridad escénica en cada obra con puntos focales significativos, donde se desatan incesantemente sutiles análisis que evidencian estados de ánimo y connotaciones existenciales que abarcan al hombre de todos los tiempos. Así, se denota en el corpus de obras un compendio narrativo intenso que se vale de representaciones que no dan lugar a la dispersión, en cuanto  a  su significación y sentido. Simples y a la vez complejas polisemias habilitan un juego atravesado por fuertes articulaciones sobre la condición humana.

La densa tranquilidad que circunda cada escena, se torna una particular experiencia. Enigmáticos ámbitos llenos de metáforas sobre la existencia, una manera de exorcizar los vínculos entre el universo y el hombre, de conquistar los vacíos y de hipnotizar el espacio escénico.

Casi como en escenografías teatrales, sus construcciones pictóricas sobresalen por el domino de las gamas de color, sin privarse por momentos de abruptos contrastes que se integran contundentes en la imagen, dando cuenta de jerarquías perceptivas en plena acción en cada obra que miramos. Lejos de gestualidades desbordantes, sus figuras se recortan nítidas del fondo a veces, o fundidas en él otras, haciendo de esas imágenes una contingencia metafísica deliberada.

Las unidades ópticas sobrevienen casi fantasmales, corporizadas desde su destino humano, reveladas como surrealistas apariciones. Ejemplo de ello son las obras “La búsqueda”  y “Tan solo, tan lejano”. Allí el tiempo parece detenido, casi anulado, el entorno fijo y silencioso es elocuente, algo del desamparo implacable aparece en cada obra. La artista parece asediada por visiones simbólicas profundas que la obligan a una ceremonia crucial cada vez que produce… crear una imagen como si construyera un enigmático templo visual. De este modo transforma a su obra en una poderosa aventura para el espectador.

La trayectoria de esta pintura santafesina se ha sostenido en el tiempo con grandes logros, una vez más nos demuestra que el lenguaje pictórico tiene vigencia absoluta y que la carga poética que incluyen sus obras, la tornan fuertes presencias simbólicas. Desde hace tiempo Norma Guastavino no hace hacer una pausa… como ahora… y podemos ingresar en su mundo.

 

Lic. Stella Arber

Directora del MAC

Museo de Arte Contemporáneo

 

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