El próximo viernes 05 de Septiembre en las instalaciones del Museo López Claro, Piedras 7352 de nuestra ciudad quedará inaugurada la muestra “Naturaleza Interior” de Roberto Acosta, la misma cuenta con la curaduría de la profesora María Laura Pacitti.

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En este sentido, la curadora considera como relevante la procedencia del creador, “quien nos propone una mirada diferente y singular como apropiación del Litoral”. Y agrega que la muestra “hace alusión al sentido de con-vivencia del entorno del artista manifestado en obra”.

Seres internos
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En un texto escrito para presentar este montaje de obras, María Laura Pacitti señala que “Líneas, texturas, colores, llenos, vacíos y en ocasiones planos; hacen de esta población de seres internos el fluir del artista. Nos manifiesta otra mirada desde la técnica elegida, transformando la naturaleza y revitalizándola; donde va tramando a partir del material nuestra fauna local. Al transferir su vivencia en imágenes, no se atuvo a la figuración tradicional. Se forjó una idea propia de cómo deberían ser estos seres, o lo esencial de ellos y los recompuso en su imaginación recurriendo a una técnica que domina ampliamente. Los sintetiza hasta que se tornan tridimensionales, pero para evitar un posible despojamiento anulador del encanto de los mismos los multiplicó en gran cantidad, y los agrupó en series. El conjunto se presta a la instalación. Donde también son evocadores de sonidos, sensaciones, humedad, calor remitiendo a lo propio de nuestro paisaje, nuestra identidad”.

Interior develado
“En sus obras Roberto Acosta selecciona materiales reciclados a partir de alambres y  elementos similares, donde construye en el espacio a través de líneas, estructuras de estos seres de su hábitat cotidiano. Y no solo estructuralmente, sino también generando texturas espontáneas que enriquecen la superficie como parte del proceso de creación. Mediante líneas sensibles el material se vuelve maleable, dócil y ligero. Lo lleva a crear y construir formas orgánicas, llenas de dinamismo y en otros casos inmutables”, reflexiona a partir de la transformación que el artista ofició sobre su materia prima.
El resultado: “Seres etéreos, expectantes, vitales nos tornan a nuestra propia naturaleza, formando parte de un montaje que los renueva como formas de apreciación estética. Nos habla de una búsqueda interior, de estados del alma que nos interpelan. Proponiendo a través de este tejido, un recorrido a la mirada tanto desde lo visual como desde lo simbólico. Lo perenne, incesante, terrenal y leve”.
“La naturaleza determina la relación del hombre con su mundo, y también es el resultado de la relación del hombre con el mundo. En Roberto Acosta, la naturaleza se identifica con el ser propio de las cosas, con su esencia… Interior develado, en una trama obsesiva”, concluye.