Dueña de una voz privilegiada y una empatía natural, “la Tana” se ha convertido en un ícono de los medios santafesinos. Hoy, a cargo de la mañana de FM Halley, combina su amor por la locución con la vida empresarial en el Parque Industrial —del cual es gerenta hace más de una década—. Confesiones y anécdotas de una Señora de Radio, una mujer inquieta y al mismo tiempo decidida a seguir descubriendo nuevos caminos.

TS —Te veo como una mujer que sigue proyectando más de allá de contar con una trayectoria consolidada. ¿Cómo te definirías vos?

CT —Soy una buscadora, yo sigo buscando. Soy buscadora de proyectos que me seduzcan y no todo me seduce y, como no sucede a menudo que yo esté conforme, busco en distintos ámbitos.

TS —¿Siempre fuiste de ir armando tu propio camino?

CT —Sí, desde chica. Recuerdo que a los 21 años me fui a Rosario, gané un concurso y me fui a trabajar tres meses a inaugurar una radio de LT2 en Puerto Iguazú. No era lo que se solía hacer, era arriesgado irte sola, no era la actitud de la mayoría de las mujeres en ese momento.

TS —¿Y cómo fue esa experiencia?

CT —Horrible (risas). Porque Puerto Iguazú no era el mejor lugar. Extrañaba, no sentía pertenencia al lugar donde estaba. Estuve tres meses y, luego, me quedé un año y medio trabajando en LT8 de Rosario.

TS —¿Qué postales tenés de tu infancia?

CT —La plaza “9 de Julio” y mi papá hamacándome. Hoy hay una escuela allí, la “Sargento Cabral”. También recuerdo los 25 y 31 de diciembre, todos juntos —como familia tana al estilo Los Campanelli— partiendo hacia la playa, porque no había casa que nos contuviese a todos. Éramos tantos, que nos íbamos a pasar el día tipo picnic donde está hoy el monumento a Monzón en Guadalupe.

TS —¿Tenías sentido de pertenencia con el barrio?

CT —No, porque nos mudábamos mucho. Me cuesta arraigarme y sentir que pertenezco a algo, cuando siento eso es como que me aferro de manera interesante. Me pasó con mi familia, la que formé; me ha pasado con algunas amigas, son muy pocas las que tengo, soy selectiva.

TS —A propósito, ¿qué es la amistad para vos? ¿Fue cambiando con el correr del tiempo?

CT —Sí, no conservo muchas amigas de la juventud, salvo Adriana Bassi que, supuestamente, debíamos ser competencia en aquel momento, porque somos más o menos de la misma edad y, sin embargo, ha tenido conmigo actitudes muy solidarias. Nunca confrontamos porque tenemos estilos distintos.

TS —Era complicado porque en ese momento eran pocas mujeres en los medios, ¿no?

CT —Sí, éramos muy poquitas. Pero, como siempre pivoteé con otra profesión que también me gusta…

TS —Estudiaste Ciencias Económicas.

CT —Sí, cuando terminé la secundaria ingresé a la facultad porque no podía ir al ISER (Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica) en Buenos Aires. Así que comencé Ciencias Económicas. Hice dos años excelentes pero, cuando rendí la materia número 13 (mi número de suerte), rindo mal injustamente, me rebelé y dije: ‘quiero hacer lo que realmente me gusta, estudiar locución’.

TS —¿Hubo mandato en eso del estudio?

CT —Sí, la primera doctrina de mamá era: ‘la primera independencia es la económica’. La segunda es la movilidad: me decía que la mujer no es libre si no tenía un auto para manejar y me compró un “fitito”. Ella no sabía manejar, era peluquera, hizo un esfuerzo enorme para que yo fuera a la universidad y volviera. Soy la primera profesional en la familia, que no es poco, porque vengo de una familia laburante pero de clase media.

Hoy sigo pensando que la primera independencia de la mujer es económica y que una mujer tiene que saber conducirse sola e ir donde quiera ir y no tener que soportar lo que no quiere soportar, pero junto con eso había otros mandatos como: ‘además tenés que ser perfecta, buena ama de casa, maravillosa madre’ e intenté con todo, lo cual ha sido un desgaste interesante. Nada me fue fácil.

TS —¿Y en los medios?

CT ­—Primero me tomaron una prueba en Radio Nacional pero (Gustavo) Guastavino me dijo, imitándome: ‘usted habla como una hawaiana por su cadencia’. Fue como si me hubiese desafiado. Entonces, me presenté en LT9 y quedé, recién tenía 19 años. Comencé por oficio. Luego me fui a Puerto Iguazú y Rosario. Lamenté haber dejado LT8, era un medio hermoso. Hacia fines de los ’80 fui locutora reemplazante allí pero me tocaba trabajar con quienes, en aquel momento, eran grandes personajes: Nacho Suriani, Evaristo Monti, (Oscar) Bertone, por ejemplo.

En ese tiempo me daba clases Quique Pesoa, fue un maestro, amante del jazz. Con él aprendí locución de verdad. En Rosario crecí bastante, lo curioso es que yo me hice famosa por mis defectos, porque no podía terminar la frase, no podía respirar y me quedaba sin aire. Parecía sensual pero en realidad era un problema de falta de aire (risas), era un espanto pero sonaba divino. Cuando volví a LT9 ya tenía 22 años y la única FM era la 9.

TS —En esa época comenzaba Cablevideo.

CT —Sí, pero yo hice muy pocas cosas allí. Cuando Marta Goyri se queda en Canal 13 y Lucho Catania se va al cable me pide a mí que cubra el espacio de la mujer; le dije que no entendía de eso y que no me gustaba; sentía que iba a salir horrible y, efectivamente, salía espantoso (risas). Por ejemplo, tenía que hacer notas de flebología pero, después, se fue ampliando y vio que yo me sentía cómoda hablando de otras cosas. También, ahí empecé a hacer televisión a diario. Luego vino Canal Familiar, que fue una apuesta muy interesante. Ahí aprendí muchísimo y estuve hasta que pasé a Cablevisión para hacer el noticiero, cosa que ¡jamás debería haber hecho y estuve 7 años! ¡Porque las noticias no son lo mío! (risas).

En Cablevisión estuve con (Jorge) “La Pocha” Álvarez siete años y fue una experiencia re interesante. En ese momento, era auditora de una obra social, entraba y salía corriendo, buscaba la ropa e iba al canal, me pintaba y arreglaba yo sola, volvía a mi casa y luego al canal de nuevo para la segunda edición; volvía a mi casa a darle de comer a los chicos, y ¡así y todo, hice el posgrado de síndico concursal!

Ahora en FM Halley, con (Daniel) “Pitufo” Musolino, me gusta por la música y porque puedo hacer misceláneas interesantes, pero ¡vuelvo a cometer el mismo error! Me ponen a hacer entrevistas que tienen que ver con el periodismo y yo no me siento periodista. De todas maneras, le fuimos encontrando la vuelta, tratando de pararme desde el llano; me siento cómoda por ese andarivel y no por el del periodismo puro.

TS —Hace 12 años que además sos gerenta del Parque Industrial.

CT —Cuando comencé era la única mujer en ese ambiente, en las reuniones de la FISFE (Federación Industrial de Santa Fe) éramos muy pocas y, como gerenta, fui la primera. Es algo raro, porque en el tema productivo no hay muchas mujeres, aunque hay más que antes. Tan difícil era encontrar una mujer que cuando me llamaban y escuchaban una voz gruesa pensaban que hablaban con “Claudio”, no podían entender que fuera una mujer, era una cuestión cultural.

TS —Estás congeniando dos mundos bastante opuestos: la economía y la comunicación.

CT —Las dos cosas son lo mismo; lo que he logrado en el Parque, y mucho como síndico concursal, ha sido a través de todo lo que aprendí por la comunicación: expresión, trato humano, manejo. Todo eso lo pude volcar inteligentemente y es base de mi éxito. Los asociados me dicen Claudia, yo no soy la gerente.

TS —¿Qué te queda como deuda pendiente o por descubrir?

CT —Me gustaría saber mejor música, me gustaría cantar porque me da placer, descubrí el yoga, me ayuda mucho. Voy más por la tranquilidad, porque han sido años muy inquietos. Quisiera un poco más de tiempo para mí, leer más, por ejemplo.

TS —¿Cómo están los medios de comunicación hoy y la situación de la mujer en ellos?

CT —Yo soy muy crítica de la actitud de la mujer del último tiempo, yo he sido una luchadora solitaria y silenciosa; tal vez hoy sea el momento de levantar la voz de otra manera, pero tampoco me gustan los excesos o las victimizaciones, debemos ser inteligentes para eso también. A mí nadie me regaló nada, yo la luché desde el trabajo, fue mi forma. No quiero que un hombre me subestime porque soy mina, quiero que me respete. Ese respeto me lo tengo que ganar yo si él no me lo da naturalmente. Estos son procesos donde el péndulo es muy sensible y, como mujeres, también debemos saber manejarlo.

TS —¿Quiénes fueron tus referentes mujeres en los medios locales?

CT —Mi oreja se educó escuchando a Suzy Tomas. El día que me tocó reemplazarla en La 9 toqué el cielo con las manos, me quedaba enorme ese saco. En realidad, empiezo con Marta (Goyri), que fue muy generosa, en FM los sábados y domingos a la tarde. Y después Popy (Loyarte), que era maravillosa. Siempre me trataron en forma muy condescendiente… quizás es algo que genero, incluso en la gente joven y los varones. Siento cariño, de gente y colegas que son de otros medios; es un ámbito donde me siento cómoda.

 

Texto: Alejandra Pautasso

Fotos: Pablo Aguirre