Nació en la ciudad de San Justo el 23 de agosto de 1972, tres meses y medio antes del tornado que quedó en la memoria de todos los habitantes de esa ciudad, aun en la de aquellos que nunca lo vivieron.
Su familia es oriunda de Soledad (departamento San Cristóbal). Ambas localidades están de un lado y del otro del río Salado, “pero no separadas, sino unidas por el río”, dice.

Fue electo concejal a los 23 años, asumió ese cargo a los 24 (desde 1997 a 2003); posteriormente, fue intendente entre 2003 y 2007, ahora es senador (cargo que asumió a los 34 años, desde 2007, y lo ejerce hasta la actualidad) de San Justo.

Antes se recibió de abogado en la Universidad Nacional del Litoral.

Es un estudioso y apasionado de las vidas de Manuel Belgrano, Martín Miguel de Güemes y el Brigadier Estanislao López.

 

 

“Vivíamos a tres cuadras de donde pasó el tornado; cuando ocurrió, los vidrios de mi casa estallaron y mi abuelo resultó con un corte en la frente. Actualmente, hay gente que vivió ese día y se mete abajo de la mesa cada vez que hay tormenta”, cuenta.

“Pero también nos identifican cosas buenas a los de San Justo: (el club) Sanjustino, la doma, (el otro club) Colón, los hermanos Scotta y Claudio Enría (destacados futbolistas), Chiji Serenoti, destacados deportistas como hombres de la educación, Juan Mantovani, de la cultura y demás”.

De niño “jugaba en Sanjustino, pero cuando tenía 6 años nos mudamos frente a Colón, jugué al fútbol con ‘Caio’ Enría, más adelante, por un problema de salud me dediqué al tenis con paleta, salí sub campeón argentino; hoy mi hijo cuando sale de la escuela quiere jugar con la computadora o el celular, en cambio nosotros queríamos ir a jugar al club”, recuerda.

“Seguíamos a un director técnico que se llamaba Venancio Romero, cuando se peleaba con las comisiones directivas de los clubes y se iba, nos íbamos con él”, recuerda haber participado como jugador de futbol de Sanjustino, Colón, Tiro Federal, Barrio Reyes y canchitas de barrios.

 

TS —¿Qué influencia política familiar tuvo?

RB —La única fue un tío abuelo, que se llamó Adriano Borla, quien fue presidente comunal de Soledad. Mi papá fue empleado de comercio y trabajó en Sancor de San Justo, y mi mamá fue portera del Colegio Urbano de Iriondo del Niño Jesús y de la Escuela Normal (donde yo fui); mi hermano es abogado y, actualmente, presidente del Concejo Municipal. Como senador siempre tuve la ilusión de poder concretar la ruta provincial 61 entre Soledad y San Justo, que se está haciendo ahora. Es una obra de $850 millones, una de las más importantes de la provincia.

TS —¿Cuándo llega a la UCR?

RB —Empecé a militar en 1990, nunca participé en la militancia universitaria —a pesar de estudiar derecho en la UNL—, lo hacía en la Juventud Radical de San Justo. Hubo dos personas con las cuales me referencié: Raúl Alfonsín y Edgardo Bodrone (concejal, intendente, senador de San Justo). Mientras yo estudiaba, los jueves venía al Senado, entraba a la barra, mientras leía los apuntes, escuchaba la sesión y cuando terminaba, Bodrone me llevaba a San Justo y así nos hicimos muy amigos. Antes de ser radical, soy alfonsinista. Ocupé cargos en la Juventud radical, local, provincial y nacional, fui secretario del Comité Provincial, actualmente soy presidente de la Convención.

TS —¿Cuál es el proyecto que usted impulsó y que le cambió la vida a las personas?

RB —La ruta que mencioné recién de Soledad a San Justo, cartas de mi abuelo, de 1948, hablaban de la necesidad de ese camino. Pero, también, el ripiado de Vera y Pintado con La Camila (localidad de 171 habitantes, que desde 2009 tiene escuela secundaria también con la gestión de Borla), el camino a La Penca, que antes era solo de tierra. Esta localidad es conocida porque allí está el segundo tambo más importante del país; en 2009, con Hermes Binner, pudimos comenzar la ruta y con Miguel Lifschitz terminamos la obra hasta el río Salado. Y el proyecto que tenemos con (el senador por San Cristóbal) Felipe Michlig es llevarla desde el río Salado hasta San Cristóbal. Eso sería una ruta transversal histórica. Repavimentamos la ruta 62 del turismo, estaba destruida; en Colonia Dolores, La Penca y La Camila creamos escuelas secundarias y en Colonia Dolores construimos el edificio de la escuela primaria. Ampliamos el hospital en San Justo, con una gran inversión en tecnología, hoy es el centro de referencia de salud pública, en los cuatro años de (Miguel) Lifschitz se pudieron concretar proyectos que soñaba cuando era intendente, pero la deuda que tengo es la Ruta 11. Más allá de los anuncios recientes de obras, no renuncio a la construcción de la autovía.

TS —Su mamá era portera en la escuela a la que usted asistía, ¿cómo era eso, qué clase de alumno era?

RB —No podía portarme mal, era un alumno intermedio, no sobresaliente, fui escolta de la bandera, elegido por ser reconocido como mejor compañero por el Rotary Club San Justo, no me gustaba la matemática y soy un apasionado de la historia. Estudié derecho para no estudiar matemática. Participe en charlas sobre la vida de Belgrano y Martín Miguel de Güemes. Leí repetidas veces la biografía de Belgrano, su vida fue muy apasionante, murió muy joven, apenas había cumplido 50 años.

TS —¿Cuándo descubrió la pasión por la vida de los próceres?

RB —La primera materia que rendí en derecho fue Historia Institucional Argentina (con el Dr. José Manuel Benvenutti), ese fue un impulso para que me encontrara con la historia. También tuve la oportunidad de charlar con Luis Landriscina, que es otro apasionado de la historia, en su niñez vivió en Pedro Gómez Cello, la última localidad del departamento San Justo, él sostiene que todos los políticos, antes de asumir un cargo, deben hacer un curso de historia argentina.

TS —¿Le fue útil lo que aprendió de la vida de Belgrano?

RB —Sí, me influyó mucho lo educativo, en cuanto a la creación o construcción de escuelas. Las batallas de Tucumán y Salta que llevó adelante Belgrano —y fueron una parte importante para la historia de la independencia argentina—, significaron una donación de 40 mil pesos para construir escuelas, que recién hace una década y media se terminaron. Belgrano redactó el primer reglamento escolar, cuyo articulado decía “la función del docente debe ser la más reconocida por el gobierno porque es la de formar a los futuros ciudadanos, y debe ser la mejor remunerada”. Como si fuera poco, Belgrano hablaba de las relaciones que debía tener el país con China, de la importancia de la mujer en la vida pública, se manifestaba en contra de la discriminación, fue economista y propulsor de la industria nacional.

TS —¿Cree en la renovación de cuadros políticos?

RB —Creo, pero la juventud no es una virtud por sí misma, he conocido dirigentes mayores de edad que tienen más compromiso que muchos jóvenes pero también pasa lo contrario, jóvenes con muchas ganas de participar y funcionarios que no. Comparto el proyecto de Ley de paridad en la provincia de Santa Fe, debe ser un shock legislativo para la participación de las mujeres en los ámbitos de decisión.

Creo que las mujeres avanzaron mucho por su lucha y eso también es parte de la renovación, la función pública depende de cómo la ejerza cada funcionario.

 

Texto: Sergio Ferreyra

Fotos: Pablo Aguirre

Maquillaje: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Perfiles y personajes

Edición: N° 70

 

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