Tras toda una vida en la docencia, crece su figura como artista plástica en galerías y exposiciones de la ciudad. Especialista en acuarelas, asegura que para transmitir un mensaje lo importante es aprender bien las técnicas. Muy pronto, dictará un taller en el espacio de TODA.

Asegura ser amante de las pilchas y lo demuestra en cada ocasión. Lejos de estar vestida de entrecasa, me recibe en su departamento luciendo un pulóver blanco con destellos plateados. Me invita a pasar y en unos segundos el panorama se llena de colores, formas abstractas y cuadros embalados para una próxima exposición. Prepara un rico café, que nos sentamos a compartir como si fuésemos amigas de toda la vida.

Se jubiló como docente de artes visuales. Estudió la carrera en la Escuela Provincial de Artes Visuales Juan Mantovani y, paralelamente, hizo la carrera de Bellas Artes en la Escuela Municipal. Es miembro de la Comisión Directiva de la Asociación de Artistas Plásticos de Santa Fe. Mientras cuenta que le apasiona el dibujo, va mostrando retratos que trazó con lápices de colores y le dan forma a rostros de aborígenes con una admirable perfección. Con lápices, sí, porque afirma que se puede pintar con cualquier cosa. Por estos días y a sus 73 años, está muy entusiasmada y con mucho por hacer. Se excusa por una timidez que va desapareciendo a medida que transcurre nuestro encuentro.

TS —¿Cómo fue su vínculo con la docencia?

NV —En 1972 empecé a trabajar. Fue el año en que se crearon las escuelas medias y tomé cinco en simultáneo. Andaba para todos lados, viajando de una escuela a otra, pero la docencia verdaderamente me atrapó. Durante nueve años me tocó ser directora de una escuela en un cargo interino, pero no quise seguir porque no tenía nada que ver con lo mío. A mí me gustaba enseñar educación artística y llegué a trabajar hasta 50 horas semanales de eso. Estuve 24 años en el profesorado de Coronda, en el nivel superior y en escuelas de arte de Santa Fe, Las Rosas, Humberto Primo, Gálvez y Helvecia. También, fui Jurado de Ingreso a la Docencia Experta en Artes Visuales, un trabajo con el que recorrí todo el país. Con la docencia hice de todo y me fue bien. Tengo una linda relación con mis alumnos, que me siguen mucho y son fanáticos míos, como si fueran mis hijos. Cuando me jubilé tenía diabetes y asma. Pensé que me iba a morir. Tenía una biblioteca enorme y regalé todo a las distintas escuelas donde trabajé, me ha quedado muy poco. Pero la vida tenía otros planes para mí…

TS —Cambió la docencia por un gran amor.

NV (Risa pícara) —Sí, hace 18 años ya que me jubilé y me casé con quien fue mi único esposo, también pintor. En aquel momento, él me alentó para que empezara otra vez a exponer. Había dejado de hacerlo porque la docencia absorbía todo mi tiempo. Yo lo alenté a él y por aquellos años viajamos mucho a participar de los encuentros de pintores, en los que se pintan paisajes en la calle al aire libre. Nos conocimos porque un sobrino suyo se puso de novio con una sobrina mía y nos presentaron. Nos casamos antes que ellos, un año después de conocernos, con una fiesta enorme. Hubo vestido de novia y ramo de flores. Yo tenía 58 años y ya estaba medio descartada la idea de enamorarme, porque había tenido candidatos pero nunca tenía tiempo. Después, mi esposo falleció y estuve un año entero sin volver a pintar, dedicándome a tejer mandalas. Mi sobrina me ayudó muchísimo y al año pude volver a retomar mi gran pasión.

TS —¿Cómo es su arte en esta etapa de su vida?

NV —Estoy intentando pintar cuadros más abstractos, pero me cuesta mucho. Antes, quizás la perfección era reproducir lo que veíamos tal cual lo veíamos, eso era aprender. Ahora, lo más importante es poder hablar a través de la pintura, aunque no esté proporcionado. Muchas veces, el artista busca la desproporción para generar un ruido a quien observa la obra y enviarle un mensaje, por eso exagera aquellas cosas que quiere expresar sin importarle si está bien o mal. En los alumnos que ya son adultos, y creo que en mi caso también, muchas veces se torna difícil poder expresarse libremente. Hoy los adolescentes y jóvenes que se forman en artes visuales hacen lo que quieren y eso está bien, porque para la perfección ya existe la fotografía. Las cosas han ido cambiando y, por eso, lo importante es que se conozca sobre las técnicas, para saber cómo funcionan los materiales en los distintos soportes y qué es lo que se puede lograr con ellos. El docente de arte experimentado es el indicado para transmitirlo y yo enseño porque me preparé para eso.

TS —El mensaje artístico, ¿también se puede educar?

NV —No, eso viene con la persona. Lo que el docente puede hacer con los alumnos, para que sean creativos, es despertarles el interés y guiarlos a que digan lo que quiere decir, con palabras que no sean las habituales. En el arte no le das el mismo mensaje a todos, los colores y formas les llegan diferente a cada persona. Los artistas actuales muchas veces hacen lo que sienten y como quieren, porque saben qué es lo que quieren expresar. Los mensajes no se aprenden, se dan. Eso es innato.

TS —Su pasión por el arte la llevó a incursionar también por la arqueología.

NV —Junto a otras cinco profesoras de la Escuela de Arte, creamos hace unos años la Fundación Arqueológica del Litoral que ahora cumple 25 años. Con ellos viajábamos a descubrir yacimientos arqueológicos por todo el país, que después restaurábamos. Me gustó tanto, que me fui a Buenos Aires a estudiar restauración de cerámica arqueológica, con Jorge Fernández Chitti, que me enseñó a preservar colores, texturas y materia. Después, con mi marido, tuvimos un taller de cerámica juntos.

TS —Se jubiló de la docencia, pero sigue trabajando con alumnos

NV —Siempre digo que voy a dejar de enseñar, pero constantemente aparece gente que quiere aprender y no me puedo negar (risas). Me gusta mucho trabajar con la gente mayor porque, por lo general, quieren aprender sin apuro y por gusto. Algunos han sido autodidactas a lo largo de sus vidas pero llegan queriendo incursionar en acuarela, que tiene una técnica que no es para nada sencilla. Muy pronto voy a estar dando un taller en el espacio de TODA, en el Mercado Norte. Lo voy a hacer porque siempre estoy trabajando con acuarelas y es algo en lo que me siento cómoda para enseñar. Hay que lograr el efecto que se espera de la acuarela, porque al ser al agua la pintura tiene que ser muy trasparente para que permita pasar la luz del papel. Por eso siempre se pinta sobre fondo blanco y puede haber superposición pero sin que se pierda la frescura del paso de la luz. Hay muchos recursos para trabajarla y materiales nuevos. Cuando yo estudiaba, ni siquiera había fibras, ni plasticola, ni acrílico. Pintábamos con acuarelas, tintas, tierras de colores y óleos. Ahora se trabaja mucho con acrílicos y es fantástico todo lo que se puede hacer con esos materiales.

TS —Ha recibido distinciones y reconocimientos en sus múltiples facetas. ¿Qué es lo que más le gusta hacer?

NV —En lo que más me han premiado es en acuarelas. Reconozco que me gusta más el dibujo que la pintura. Dibujo sin saber por qué o para qué. Muchas veces, hago cosas que termino guardándome y no expongo porque creo que todavía le falta un retoque o porque, simplemente, no quiero mostrarlas. Pero creo que voy a pintar hasta que tenga uso de razón. Puede que no me dé el cuerpo (risas), pero pintar voy a poder mientras pueda seguir pensando y tenga ganas de hacerlo.

 

Texto: Belén Bustamante

Fotos: Pablo Aguirre

Maquillaje: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Perfiles y personajes

Edición: N° 73

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