Armonía, melodía y ritmo. Las tres condiciones inefables de la música tejen, en simultáneo, las piezas que este joven interpreta y enseña. Pero ese arte de la combinación de sonidos no queda en el simple suspenso del aire sino que entra, certero, en la memoria y la inteligencia de quienes, ansiosos por aprender, forman parte de las orquestas que ha ido constituyendo a lo largo del territorio argentino, con raíces lejanas, hundidas en Italia, de donde su ADN de sangre y cultura abreva.

“Soy de Santa Fe. Cuando era pequeño nos fuimos a Hughes, al sur de la provincia. Después volví a estudiar y me quedé. Descubrí en mí el hambre por cambiar realidades. Tomé herramientas intelectuales para modificar el contexto. Estudié Dirección Orquestal Sinfónica en el Instituto Superior de Música, aunque venía de una familia donde no había otros músicos. Hoy soy titular del área de cultura de un pueblo santafesino”. Así define, en un párrafo corrido, una trayectoria de vida que, no por joven, desmerece intensidad. Julián Ovando Salemi parece atravesado por un destino itinerante, heredado de esos ancestros que dejaron la Italia natal para afincarse en tierra americana. De ellos habrá heredado el afán y la inquietud, el impulso de acción y la extroversión: “lo italiano nos atraviesa. La manufactura, los instrumentos, los lenguajes, la pasión”.

La vocación musical le inspiró los primeros pasos en un mundo fascinante, del que se fue apropiando en dos vertientes. Por un lado, el aprendizaje; por otro, la enseñanza. “Mi primer ámbito de trabajo fue mi ámbito de formación. Hubo un director que le dijo a mi padre que yo tenía habilidad no solo para la música sino para dirigir. Tomé la dirección de la Banda de Hughes y ahí generé un programa que se llamó Institucionalización de Bandas Civiles Comunitarias.” Ese desafío se extendió por 9 años y la experiencia le hizo descubrir que, más allá de cumplir con la meta de que niños y jóvenes aprendieran a tocar instrumentos, lo trascendente residía en brindar contención social y cultural. Así fue pisando nuevos destinos y arribando a localidades de las provincias de Santa Fe y Buenos Aires.

Con tal bagaje de experiencias (quizás replicando el coraje migratorio de sus abuelos) se animó a conquistar nuevos territorios: “el presidente comunal de Chabás quiso replicar ese sistema y el de Franck, también. En esta localidad me afiancé, con un sistema semejante en Humboldt y ahora también, en Felicia.” Entre sones se trabaja mejor, porque la música abre caminos insospechados, y desde los acordes los abanicos echan aires a fronteras más lejanas. Es el caso de Julián, que del pentagrama saltó también a la gestión, donde además halla disfrute: “trabajo como gestor cultural, previendo, analizando, ejecutando”.

Así, la experiencia de Franck multiplicó oportunidades. Como Director de Cultura, Educación y Deporte de esa localidad, Ovando Salemi ha logrado enlazar con éxito distintas áreas. Se generó un espacio de cultura múltiple, diversa, donde la interdisciplinariedad se transformó en una marca registrada. El joven director se entusiasma al explicar que “es un sistema virtuoso, porque incluye todos los rangos de edad. Asisten desde niños a adultos mayores. Rompe con todas las premisas de la enseñanza musical tradicional. Vamos del instrumento hacia la música y no al revés, trabajando con la premisa de la audioperceptiva. Vivimos en un mundo práctico donde todos buscamos resultados rápidos. Es un proyecto educativo con terminalidad artística”.

Como en una cadena extendida, los eslabones se manifiestan, sucesivos, demostrando una noción de interrelación y crecimiento. De aquellos tiempos, donde la enseñanza de la música y la constitución de bandas comunales y municipales eran el objetivo primordial, se pasó a esas otras esferas, más profundas, más sutiles, tanto o más importantes, donde se hallan respuestas colaterales y trascendentes: “lo que más me ocupa es la contención social, más que el modo en el que la banda suene. Lo que pretendemos es que entre las cuatro paredes en las que operamos no exista ninguna diferencia de clase social o poder económico. Todos somos iguales. Lo que nos unen son los repertorios.”

Clarinetes, saxofones, trompetas, tubas, fiscornos, redoblantes, bombos y platillos. Todos al unísono. Esa es la magia que construye la música, el edificio efímero que se monta en el aire, el que se lleva el viento con facilidad, pero que perdura, tal vez para siempre, en la memoria de quienes lo perciben. “Actuamos en las localidades y llevamos los repertorios a las comunidades. Esa música es la que atrapa a otros y hace que se acerquen más interesados en sumarse a la propuesta”. La Escuela Comunal de Artes y de Oficios, en Franck, es ese sueño cumplido de Julián, el escalón más alto que ha alcanzado hasta el momento en la ascensión de una carrera que indaga, busca y encuentra, casi un método propio, una identidad consolidada que consigue unificar distintas disciplinas en un mismo contexto. El músico confirma: “es un método que pudimos aplicar en la música, la plástica y los oficios. Sumamos más de 1.100 personas en una red que está en permanente movimiento integral. Argentina tiene un gran porcentaje de componente italiano. Este sistema tiene mucho de esa impronta. He dado conferencias en Italia y, ahí, necesitan generar sistemas similares a lo que nosotros acá pudimos aplicar, para nivelar las diferencias sociales.”

Mientras habla con pasión de los logros obtenidos por los equipos de trabajo que pudieron constituirse, confirma que la música es una herramienta. “El objetivo es generar oportunidades a todos por igual, lograr la integración de todas las generaciones, que puedan intervenir las familias. Los actores, los gestores culturales de cada localidad, deben abrirse a cambiar lo social; el secreto está en ir desde adentro hacia afuera y no al revés, hay que disponerse al cambio, modificar las situaciones de inequidad. Los gobiernos locales tienen que apostar a esos cambios”.

La experiencia y sus resultados han sido llevados como ejemplo a Italia, país en el que Julián hunde profundas raíces al ser miembro del Círculo Siciliano de Santa Fe y consultor de la Municipalidad de Rosolini (Italia) en Argentina. Ese ir y venir, ese constante contacto entre las dos culturas, le ha permitido desarrollar enlaces entre los dos ámbitos, rescatando los valores de los oficios cotidianos, del esfuerzo y la constancia. La misma mirada de los ancestros que cruzaron el mar, trajeron su música y sus artes, devuelta ahora por este heredero que la impulsa, renovada y transformada, para hacerla propia, no ya del patrimonio familiar sino de una tierra grande que abre los oídos y el corazón para engrandecerla.

Texto: Fernando Marchi Schmidt

Fotos: Pablo Aguirre

Maquillaje: Leilén Edith

Nombre de sección: Perfiles y personajes

Edición: N° 62

 

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