Ensamble de percusión

 

La música como una gran casa

 

Cuando comenzaron, hace 6 temporadas atrás, las noches de Jueves no eran de percusión, el Marconetti era solo un molino y el puerto un lugar impensado como escenario para una propuesta artística. Un breve recorrido por la historia del ensamble que nació como grupo y se consolidó como la familia Emparchera.

 

Dicen que la arena tiene memoria

Transitar las calles de Colastiné invita a bajar el vidrio y a respirar hondo —huellas de auto marcadas en la arena— y al descender, las zapatillas comienzan a juntar ineludiblemente, los granitos que se levantan al pisar. Siempre se tiene la necesidad de respirar más profundo; como si se pudiera, con esa bocanada de aire, renovar y guardar para más adelante un poco de pureza, algo de la historia, el cantar de los pájaros y una pizca de magia.

Colastiné huele a río y tiene la biblioteca “Juglares Sin frontera”, en todos sus recovecos se descubren historias, personajes y melodías y, como si esto fuera poco, los lunes y jueves abraza a la Familia Emparche en sus ensayos y reuniones. “La Biblio” se transforma en un laboratorio musical desde hace algo más de un año, cuando se mudaron del Molino Marconetti, hogar primigenio, que también olía a río y sonaba a pajaritos y tambores.

Así como los relojes de arena, con el pasar del tiempo, el ensamble fue metamorfoseando-se, sumó, restó, viró el rumbo, avanzó. José “Pichu” Piccioni decidió abrir la puerta para salir a jugar y convocó a artistas con los que ya se había cruzando en otros escenarios; les propuso “romper con esa construcción del percusionista argentino, siempre solo. “Pichu” quería transitar la percu argentina cantada y desde una experiencia grupal, no en soledad. En términos hogareños es como modificar el lugar de todos los muebles, darle una vuelta de rosca inesperada, es como sacarlo todo afuera, como la primavera. Allí nació Emparche, Ensamble de Percusión, y comenzaron a darle forma a los Jueves en el Marconetti.

Desde sus comienzos, es un proyecto independiente y autogestionado que, si bien cuenta con auspicios de instituciones y entidades públicas y privadas, las ideas y la gestión son propias.

La propuesta trajo la fusión de la percusión con el cancionero popular latinoamericano y artistas invitados de renombre que se animaron a recrear-se; el segundo ciclo en 2013 se buscó poner más para afuera, sumando a las y los niños como público y artistas, también. En 2014, el grupo plantea la necesidad de ser más protagonistas y “El Viaje” fortalece la elección de repertorio de música folclórica argentina y suma el arte plástico de Ekaterina Gelroth, gestándose en cada show una conexión inédita, irrepetible e intransferible.

El tercer año del Ciclo cierra con la salida de “Pichu” del Emparche y Jorge Mockert asume el rol de director. En una votación, sin candidaturas, se inauguró una lógica que se vuelve práctica constante al momento de tomar decisiones. Todo se traza y se define en conjunto, en equipo y la mayoría de las veces por consenso. En esta dinámica es que las y los integrantes van fluctuando y mutando, junto a los disímiles recorridos artísticos que proponen y se hacen parte del repertorio.

El Ciclo de homenaje a los elementos y el diálogo con las otras expresiones artísticas fue en 2015. Emparche se permitió unir, mezclar, entrelazar la literatura, el teatro, la danza con el ritmo de los tambores y sus mixturas. Y, por si fuera poco, más allá del ciclo habitual de los jueves de percusión, desde ese año co-organizan el Festival Internacional de Percusión de la ciudad.

Entre los cambios grupales, personales y de producción, el 2016 tuvo una sola expresión artística denominada “La celebración”, fecha en que se entrelazaron escénicamente junto a Fanfarria Ambulante. Con la necesidad de fortalecer la familia emparchera que estaba naciendo se cierra una etapa. El grupo se muda del Molino a “La Biblio” y las productoras del ciclo, desde su inicio: Sol Abásolo y Analía Battistela deciden emprender otro recorrido.

El sexto ciclo que transitan, “que está siendo” tiene nuevos integrantes, propuestas y miradas. Se suma la posibilidad de gestionar talleres, pensados como tiempo de intercambios musicales y que funcionan como preámbulo, para compartir y dar lugar a la necesidad de interpretar un repertorio de composiciones propias. “Nueva tierra” nace de las mutaciones, la experimentación, el movimiento constante y el desafío de construir con equipo nuevo de productoras en un escenario desconocido.

Este año también se restablecieron los roles internos, y cada quién habita un espacio determinado: el grupo de mantenimiento de instrumentos, el de audiovisual, el de barra, el de búsqueda de repertorio y el de prensa. Esa decisión colectiva, los piensa desde una mirada más cooperativa y los proyecta hacia nuevos horizontes artísticos y grupales.

Renovando y apostando al dinamismo “Nueva tierra” propone “Semanas Emparchadas” con diversas y disímiles temperaturas musicales. También, la decisión de implementar lenguaje de señas este 2017, los devuelve a su génesis y aprender de La Bomba de tiempo, grupo de percusión que practica la improvisación con señas.

Septiembre fue junto a Fall Madior Dieng tambores y bienvenidas. Octubre es Rock, el jueves 12 es el turno de Emparche junto a Rodrigo González, Camilo Hormaeche y ÑÑÑÑ. Mientras que Sergio “Checho” Rosa le pone el cuerpo al taller de Cajón Peruano en las siestas del martes 12 y miércoles 13, en el Mercado de Progreso.

La tercera noche de percusión será el 16 de noviembre con la presencia de Los Laikas y Oscar Polí Gomítolo tendrá la mixtura de la música andina y latinoamericana con nuestras tradiciones. Y el taller de Malambo y zapateo estará a cargo del Mulato Kluczkiewicz. En el cierre del ciclo, jueves 8 de diciembre, surgirá el jazz junto a Francisco Lo Vuolo y Flopa Sukrdorf. Mientras que el taller de Percusión corporal será dictado por Maximiliano Maglianese.

La primera noche de Nueva Tierra, en las palabras de bienvenida, en

tre banderines, aplausos y brindis, se escuchó decir: “Estamos siempre en casa, por más que cambie el paisaje, porque de alguna manera, la música es nuestra casa y estamos en familia.” Y sonaron los tambores.

Semejante a la Banda de Moebius, muchas de las historias que se entretejen y componen al Emparche tienen circularidad. En esa energía fluctuante que se libera al crear, armar, ser, las personas ponen en juego parte de lo que les cantaron, las palabras con que los nombraron, las historias que les contaron, las melodías que los acunaron; el rompecabezas de la identidad individual que se amalgama en la colectiva. La música es de quien y quienes la sientan por eso es sostén, red de contención, colores, olores, familia y en esa complejidad tan simple la circularidad abraza, como las palabras, como el viento eleva la arena, se convierte en torbellino y se mete entre los dedos descalzos y es parte de la calle y tiene perfume de río y los pajaritos cantan y como una bocanada de aire fresco, esta gran familia ensamblada se permite soñar otra vez.

 

Los músicos: Luciano Casas, Pablo Bantar, Cintia Bertolino, Sergio “Checho” Rosa, Nancy Abero, Facundo Céspedes, Franco Bongioanni, Mateo Malato, Alejandro Ferrero, Belén Irigoyen, Eduardo Mezio, Lara Ajun, Ignacio Aguilar, Facundo Maggio y Jorge Mockert.

 

 

Texto: Cecilia Amarillo y Victoria Bordas

Fotos:

Tapa: Pablo Martínez

2014 – Gonzalo Gatto

2013 (Sig Ragga, Jazz ensamble, Emparchitos) —Aimé Luna—

2012 – Vico René

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