Es oriundo de Formosa, desde donde llegó a Santa Fe a los 17 años a estudiar derecho en la UNL. Empezó a militar cuando estaba seguro de que iba a terminar su carrera. Siente la responsabilidad de devolverle a la ciudad algo de lo mucho que le dio. Siente que el estado debe ser laico. Fue el que impulsó la erradicación de las bolsas plásticas en Santa Fe desde su banca en el Concejo Municipal.

 

TS —¿Por qué eligió su carrera universitaria?

CS —Desde muy chico supe que quería ser abogado, aunque hasta los 8 o 9 años quería ser médico y, desde esa edad, me empezó a gustar la abogacía. En la escuela secundaria me gustaba mucho la materia Educación Cívica. Quizás porque en mi casa se leía mucho, había muchos diarios, muchas revistas de actualidad, y tenía contacto con eso siempre. Cuando estaba en sexto o séptimo grado, escuchaba los comentarios de mi papá sobre de los problemas del país. Ya me llamaba la atención la cuestión pública. Participé en los centros de estudiantes y llegué a ser presidente.

TS —¿En su familia había política?

CS —No, mi papá decía que era peronista, mi mamá era radical, pero eso aparecía cada vez que había elecciones, nunca hubo de parte de ninguno de los dos una bajada de línea respecto de eso y siempre digo que ojalá pueda transmitir la libertad política con la que me criaron. Pude elegir con absoluta libertad el lugar donde milité. Mis viejos siempre me brindaron las herramientas para que pueda transitar este camino.

TS —¿El desarraigo pesó?

CS —No, siempre me sentí contenido y acompañado. Cuando llegué a Santa Fe ingresé al Colegio Mayor Universitario. Ese sistema me contuvo mucho, después de mi primer año en Santa Fe, sabía que ya me iba a quedar acá, me enamoré de esta ciudad, me gustó mucho todo. Aún sin estar recibido, me parecía que todo aquello que había aprendido en Formosa, aquí por muchas razones se podía multiplicar.

TS —¿Cuándo aparece el radicalismo?

CS —Mis primeros contactos son en la escuela secundaria en Formosa, en la década de los 90 que, a diferencia de Santa Fe, no tenía tanta inserción de los partidos políticos, pero algunos sí tenían preeminencia. Mi papá me dijo claramente que yo llegaba a Santa Fe para estudiar, así que ese era mi primer objetivo, y cuando estuviera afianzado en la carrera, si me interesaba participar en la actividad política lo iba a hacer, para garantizar el avance en los estudios. Entonces, me dediqué a estudiar los primeros tres o cuatros años de la facultad, hasta que rendí Contrato que para nosotros en la carrera de derecho es una materia filtro. En años anteriores siempre fiscalicé para Franja Morada, daba una mano en las elecciones, pero no era una militancia estricta. Cuando me decido a militar, mis amigos estaban más cerca de la Juventud Radical, estaban más lejos de la militancia universitaria y más cercanos a la militancia barrial o territorial.

TS —¿Se imagina haciendo otra cosa que no sea política?

CS —Ejerzo derecho, por supuesto que no full time porque el tiempo no me lo permite, pero tengo mi estudio, desde de que me recibí tuve la suerte de poder trabajar de abogado, con pocos casos; cuando me toca ocupar cargos públicos, esa actividad decrece mucho, trato de sostenerlo, tengo algunos casos que voy siguiendo, algunos en tribunales, otros que tienen que ver más con asesoramientos jurídicos, disfruto mucho de hacerlo, tengo dos grandes pasiones: el derecho y la militancia política. Me gustan tanto las dos cosas que me resulta difícil elegir.

TS —¿Qué recuerda de su primera campaña política?

CS —Las noches de pegatina, seguramente no habrá sido muy legal (risas), en aquellos años era de ese modo, luego cambió para bien; en esos momentos había muchos lugares abandonados que permitían eso, no existía la cartelería de calle, la disputa de las paredes era algo habitual; la primera campaña tuvo esa vorágine de sentir la responsabilidad de haber colgado bien un pasacalle para que no lo baje la municipalidad por estar mal ubicado. Debía estar bien para que se vea y cumpla su función. De todas esas cosas, algo se aprende, la solidaridad es una de ellas. La campaña política es un lapso de 45 o 60 días de mucha adrenalina, que se siente diferente cuando uno está al frente de un grupo.

TS —¿Qué ley histórica le hubiese gustado discutir o argumentar?

CS —Cualquiera que ampliara derechos: la patria potestad compartida, la de divorcio, matrimonio igualitario, la despenalización del aborto, son grandes discusiones que atraviesan lo que uno piensa, son discusiones filosóficas, religiosas, hay que nutrirse de todo eso y, en mi caso, con una fuerte convicción de que el estado debe ser laico y que desde los lugares públicos uno debe fortalecer esa visión. Hay que trabajar mucho para fortalecer eso.

TS —¿Cuál es el proyecto que le genera orgullo?

CS —Hemos trabajado desde diferentes lugares muchos proyectos pero, sin dudas, en el cual trabajamos mucho fue el erradicar de las bolsas plásticas en la ciudad de Santa Fe, y eso para nuestro grupo político fue un hito. Primero no tuvo eco y cuando lo tuvo hubo que empezar a convencer a los vecinos. Siento que aportamos para que el ambiente en la ciudad de Santa Fe mejore, y por lo tanto, al resto de las localidades aledañas. Cuando vamos al supermercado, ver que todos tienen sus bolsas reutilizables da mucho orgullo. El vecino acompañó y el mensaje caló hondo. Actualmente, estamos trabajando mucho sobre el espacio público, las veredas, las plazas, parques, paseos y la convivencia en esos lugares, estamos tratando de establecer una suerte de decálogo que permita que todos sepamos comportarnos en estos espacios. Me parece que es el gran objetivo, teniendo en cuenta el esfuerzo que se hizo en estos últimos años en ponerlos más bellos, revitalizarlos. Hay un proceso muy importante en marcha con algunos otros, por ejemplo la plaza de Los Cipreses, la intervención en barrio Coronel Dorrego, los edificios NIDO, en Santa Rosa de Lima una cancha de fútbol 5 pública y una plaza revitalizada, la obra de Bulevard, lo que está pasando con Avenida Freyre, la obra en la peatonal San Martín, el edificio de la Escuela de Trabajo, y con todo esto, cuando el vecino se apropia del espacio público, surgen algunos inconvenientes por los usos que se les da, entonces ahora hay que avanzar para ordenar este tipo de cosas. Con las herramientas del Concejo Municipal debemos llevar esta bandera, la de la convivencia, sabemos que primero puede ser difícil, pero que luego el vecino termina comprendiendo.

TS —¿Qué le queda del legado de Raúl Alfonsín?

CS —Que llevar adelante la tarea de la política es complejo porque implica charlas, discusiones, diálogos. Raúl Alfonsín logró que siempre prime aquello que, en definitiva, tenía que ver con el fondo de las cuestiones y, por lo tanto, con el gran objetivo que era la consolidación de la democracia. Y hoy todo eso se puede ver con el diario del lunes, hasta en las decisiones más cuestionadas que él tomó. Siempre tuvo claro hacia dónde íbamos en esos momentos históricos.

TS —Si se encuentra caminando a Carlos Suárez apenas bajó del colectivo en Santa Fe ¿qué le aconseja?

CS —Que se quede en Santa Fe, esta ciudad es hermosa, me dio amigos, a mi familia con mi mujer Sara y mi hijo Mateo. Siento una responsabilidad muy grande de devolver a los vecinos algo de lo mucho que me dio, desde mi rol político, pero también desde lo humano.

 

Texto: Sergio Ferreyra

Fotos: Pablo Aguirre

Maquillaje: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Perfiles y personajes

Edición: N°64

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