“La sexualidad y la reproducción constituyen dimensiones sustanciales en la vida delas personas que, históricamente, han estado condicionadas por numerosas variables económicas, políticas religiosas y culturales, patriarcales que han determinado, las formas en que se administró y organizó la legitimidad, la normalidad, la legalidad; así como se excluyó y estigmatizó todo aquello que se alejaba o transgredía lo establecido en la norma social y en la norma positivada…”[1]


[1]     Preámbulo de la Propuesta de Convención Interamericanade los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos

Ser lesbiana o bisexual significa cosas diferentes para cada persona. Hay una gran diversidad y riqueza dentro de las experiencias de estas mujeres. Las lesbianas y bisexuales son mujeres de todas las edades, culturas, sistemas de creencias y habilidades, construyen sus identidades, comunidades, relaciones de pareja,familias y redes de apoyo de muchas maneras. En este sentido, no hay una fórmula única para cuidar la salud sexual, por ello, la información es fundamental para ayudar en la toma de decisiones que puedan aumentar el bienestar de toda la comunidad.

Cuando se habla de salud, se refiere a «un estado completo de bienestar físico,mental y social y no solo a ausencia de enfermedad o dolencia» (OMS).

Es decir: tener salud significa sentirse en bienestar consigo misma, en lo físico,en lo mental y en el entorno. Por lo tanto, cuando se habla de salud sexual, se hace referencia a sentirse bien con la propia sexualidad y gozar de ella, siguiendo los principios de respeto hacia sí misma y hacia los/as demás.También implica tomar consciencia de la capacidad de disfrutar y darse el permiso a esta posibilidad, poder identificar y manejar aquellas emociones que puedan afectarlas (vergüenzas, miedos, culpas…) y que deterioren el gozo y disfrute en las relaciones sexuales y de pareja. Por último, la salud sexual es un derecho y este derecho incluye tener información y equidad, en habilidades y recursos, para decidir libre y responsablemente sobre la propia sexualidad, sin estar sometidas a ningún tipo de coerción, discriminación o violencia. Supone tener relaciones igualitarias asentadas en el respeto y reconocimiento mutuo,que permitan el desarrollo como personas, en donde, se puedan expresar libremente los deseos y límites, y que estos sean atendidos y respetados.

Sise construyen relaciones basadas en la igualdad, se estarán empoderando en el cuidado de la salud y en la defensa de los derechos, permitiendo así la autonomía y el poder sobre sí mismas.

Vivimos en un sistema que consagra la «heterosexualidad obligatoria”, concepto acuñado por Adriana Rich en 1980, y que constituye un eje ordenador basado en el patriarcado y en el entendimiento acerca de la existencia de prácticas sexuales consideradas “normales”.

Diversos mecanismos médicos, educativos, religiosos, jurídicos y culturales, mediante diferentes instituciones, presentan a la heterosexualidad como la norma necesaria para el funcionamiento de la sociedad y como único modelo de relación socio-afectiva y de parentesco, que tiene como base la dicotomía jerarquizante varón-mujer. En este contexto la invisibilidad lésbica es una de las manifestaciones que adopta la discriminación.

El silencio es el mayor de los síntomas de la violencia que lesbianas y mujeres bisexuales padecemos. Silencios aprendidos cada vez que determinadas formas,gustos y voces fueron reprimidas ante la evidencia de estar haciendo algo diferente a la mayoría; estar siendo diversa y expresarse en un sentido diferente a la norma heterosexual y a los estereotipos de género que ella comprende. Represión interna por miedo a no ser aceptada y externa porque cada conducta disidente tenía una sanción; una práctica de aislamiento y de censura; una pérdida de privilegios.(

Día provincial de Visibilidad Lésbica

En la provincia de Santa Fe por medio del Decreto N°289/16, se ha declarado cada 7 de marzo como “Día provincial de Visibilidad Lésbica”.

Este día recuerda a Natalia “Pepa” Gaitán, una joven de 27 años que fuera asesinada de un escopetazo por Daniel Torres, el padrastro de su novia, con la que convivía hacía cuatro meses en Parque Liceo, un barrio de la ciudad de Córdoba.

Texto: María Eugenia Sarrias, Coordinadora de Las Safinas

Nombre de sección: Diversidad sexual

Edición: N° 74

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