En el humano el dibujo fue siempre el arma fiel para actuar sobre la realidad, medio de creación de espejos de mundos interiores para enlazar líneas con la realidad, en la búsqueda de respuestas y consuelos. Para Dalí el dibujo es la “honestidad del arte”, es revelación del alma, despojo de luces del ser sobre el plano. Es representación del afuera y el más sincero reto de expulsar adentros. Es lo lúdico en los niños, y así fue en José, quien asegura: “antes de caminar ya dibujaba”. Él siente que lo acompaña desde siempre, con sus dedos, en su mirada, un punto de partida, sede de su ser. “Es algo natural, no lo descubrí, me salió, yo dibujaba en el aire, buscaba la línea, agarraba un palito y dibujaba en la tierra”, relata. El artista se vuelve reflexivo en el presente y hace memoria de su vida en el dibujo, y no con él, porque su vivencia no es la de quien eligió un camino sino la de sentirse cuerpo y sustancia de ese arte. El dibujo es otra voz, el lenguaje de sus manos y el grito de sus miradas. “Para mí, el arte es el dibujo. Después viene lo demás. Él me define”, dice. ¿Cómo explicar que su arte es él mismo? “Mi identidad es ser artista. El arte es lo que me contiene. No me puedo aislar de él, es parte de mí”.

Un temprano suceso le dejaría una importante huella a los diez años. Una profesora particular hizo estallar su cabeza al presentarle la posibilidad de nutrirse de su imaginación. “Descubrí que se podía hacer algo más, además de copiar la realidad. Me mostró unas botellas y me dijo que piense en qué podían transformarse y lo dibujara. Esa idea permaneció en mí mucho tiempo: transformar las formas. Quizás por esto mis obras son una realidad distorsionada”.

José se inscribió en la Escuela Mantovani a los catorce años, como alumno libre, en el taller de Dibujo. “Estaba la demanda propia de poder crecer en el arte, tener herramientas, porque ya lo innato no alcanza, necesitaba técnicas”. Después, estudió Abogacía y volvió a completar el Magisterio en la escuela de Artes Visuales. “Me aportó la validación de la actividad, que lo que yo hacía natural y permanentemente no era de bicho raro, había gente que estaba en la misma”, explica. El dibujo no era una opción sino la esencia. En 1999 comenzó su carrera artística cuando ingresó a Artistas Plásticos. “Nunca busqué metas. Siempre surgieron los desafíos.” Allí comenzó a compartir con otros. “Soy contrario a la tradición del artista en solitario. Pasé de la introspección total, cuando era chico, a la necesidad de que los artistas trabajemos juntos, en talleres, vamos a las plazas, mostramos a la sociedad que no estamos alejados”.

“Dibujantes al desnudo” fue para José la muestra más importante —en el Museo Rosa Galisteo en el 2005—, junto a Sergio Zoso, con quien había sido pionero en armar talleres de desnudo. La muestra de gran impacto y despliegue de música y danza, tuvo más de 400 espectadores. En 2017 se repitió en Demos, donde también realizaron el taller. “Mi desafío era mostrar la genitalidad sin que sea procaz pero, también, necesito que sea completo. Sin genitalidad el desnudo es mutilación. Creo que lo superé trabajando con sutileza y en la pintura, porque yo dibujo sobre la pintura”. ¿Por qué el dibujo? José explica “por la percepción, yo no percibo la mancha, en todo veo la línea. Por eso mancho y después dibujo, para mí eso es la pintura. Cuando pinto, aunque sean manchas, son líneas. Me expreso por la línea, sobre todo la curva”. Artista expresionista, sus temas son las emociones, lo humano. “Cuando hago arte, es terapéutico, desde lo psicológico, para conocer, expresar las cuestiones humanas y, en el fondo, me estoy conociendo yo. El desnudo es la mejor herramienta para mostrar cualquier tema humano: podés mostrar lo más sublime, lo más obsceno, la libertad y la humillación, según como lo trates, los colores, cómo lo transformes”. El artista nos mata a las musas sin piedad. “Para mí no existe la inspiración. Hay que trabajar, combinar el esfuerzo y el placer. Cuando la actividad es placentera no tenés que negártela y tenés que desarrollarla. Para mí existen los sentimientos, lo humano sensible, las emociones, lo interno, para mí pasa todo por ahí. Si no te emociona, no vale la pena.”

José, como aquel niño descubriendo que lo que es podía ser de otra manera, explora sus líneas alejado del realismo, rozando lo onírico. “Mi obra es parecida al surrealismo, tiene bastante de Dalí sin ser Dalí, no busco ese tratamiento de las formas, sino algo más suelto. Es un nuevo surrealismo y expresionismo, por los colores y la deformación de las formas”. El dibujante sigue con la serie “Sostenido en el vacío”, su última muestra. Su idea es ampliarla con más técnicas, pero como ha señalado ser un artista sin planes sino entregado a lo innato que fluye, afirma que “es posible que se transforme en otra cosa, que es lo más divertido”.

Texto: Celi Di Notto

Fotos: Pablo Aguirre

Maquillaje: Mariana Gerosa

Nombre de sección: Trazos y texturas

Edición: N° 73

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