Un microentorno natural de luz y viento escribeincreíbles historias mínimas en medio del ruido urbano. Un espacio de vida verdecon olores animales que guarda milagros inesperados.

Ana* habla claro y con pasión, desde el corazón puesto en su trabajo y los caballos, llena de sus vivencias. Pero las cosas que Ana no puede explicar se escuchan tanto como sus palabras. Esas cosas inexplicables tienen que ver con la emoción. Cuando Ana habla de “cosas increíbles” que sucedieron gracias a la terapia ecuestre, de que aún los profesionales se sorprenden todo el tiempo con los resultados, se queda sin palabras, y ya con esa conmoción lo dijo todo. Ana es la coordinadora responsable de un gran grupo de profesionales, voluntarios de la salud y la educación, que trabajan en Equinoterapia Santa Fe. Todos especializados, ofrecen una propuesta terapéutica-recreativa en la Sociedad Rural, a pasos de Boulevard, hace ocho años. “Es una propuesta terapéutica diferente: consultorio a cielo abierto, sol, viento, verde, árboles, caballos. Acá no hay máquinas ni paredes, hay otro tipo de estímulos que son los de la naturaleza”, explica.

Lo que no se puede explicar está en el viento que nos pega en la cara y el silencio de cada caballo. El equipo de kinesiólogos, terapistas ocupacionales, profesionales de educación especial, psicopedagogos, psicomotricistas, construyen sus líneas de trabajo con la fuerza natural de tres yeguas. “El caballo es un coterapeuta más del equipo, que tiene una sensibilidad extraordinaria para empatizar con ciertas situaciones. Es un ser que siente, entiende las situaciones, las puede leer”. Ámbar, Azúcar y Luna tienen diferentes personalidades y, por ello, sus funciones varían en los tratamientos. “A los chicos que hacen una rehabilitación motriz se les asigna el caballo para ello, pero los niños que tienen un trastorno emocional —como autismo o TGD— son los únicos que eligen su caballo, porque el tratamiento está basado en el vínculo y la comunicación. Si necesitamos un tratamiento de relajación es un tipo de caballo, si es de reactivación muscular, es otro con un andar diferente”, cuenta Ana. Pero vale aclarar que, aunque muy asociada a los niños, la equinoterapia no se limita a ellos ni a patologías graves como la parálisis cerebral. También, es una gran ayuda ante problemas psicológicos, depresión, ansiedad, autoestima, melancolía, adicciones.

Habilitando el ser para el hacer

“No trabajamos sobre diagnósticos, sino sobre la subjetividad y el deseo de hacer. Priorizamos al sujeto, después está la patología. Creo que esta es la gran diferencia que tiene la terapia: primero trabajar con animales pero, también, nuestro paradigma de trabajo. Nuestro slogan institucional es ‘habilitando el ser para el hacer’. Trabajamos sobre el ser para que se potencie, desarrolle y pueda hacer. Y eso posibilita cosas increíbles”.

Lo increíble, lo inesperado, lo mágico. Ese instante en que el ser, ante la conexión con el caballo, se reconoce, desea, fluye, hace y, de ahí, felicidad para él y para todos. “Uno se da cuenta de que su trabajo está bien encaminado, no cuando el niño logra decir una palabra o girar la cabeza, sino cuando los chicos se van felices. Y eso pasa todo el tiempo”, dice Ana.

No es fácil no hablar de discapacidad cuando hablamos de esta terapia, porque en los casos más difíciles los profesionales han sido testigos de hermosos pasos dados. Y en esto, el grupo enfatiza la mirada y atención puestas en el sujeto: el otro como un ser que siente, decide, y no el nombre de un diagnóstico que hay que superar: “Nosotros no arreglamos cuerpos, potencializamos sujetos. Son ellos mismos los que se van curando, con el propio deseo de estar mejor. Encauzamos el deseo para que se vayan cumpliendo ciertos objetivos terapéuticos, pero nuestro trabajo es flexible al deseo de ellos. Todos tienen días y momentos diferentes, al igual que los caballos, y somos observadores de lo que quieren. Intentamos darles la mejor calidad de vida; que tiene que ver con la autonomía, la independencia, escucharlos, poder interpretar qué necesitan y quieren. Para nosotros es fundamental esto, ya que en discapacidad muchas veces se invisibiliza al sujeto y se trabaja sobre el cuerpo, olvidando la personalidad”.

En el centro, el sujeto, y a su lado un equipo humano y animal que son red de sus acciones y garantes de la alegría y serenidad necesarias para ser. “No tenemos interés de llegar a ningún lado. El hasta dónde es un límite: si logra eso, llegó hasta ahí y listo, y si no lo logró, te frustrás. Ponemos pequeñas metas que, ganadas, suman una carrera”, finaliza Ana.

*Ana Piacenza, psicomotricista y coordinadora responsable de Equinoterapia Santa Fe.

(Destacado)

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equinoterapiasantafe@gmail.com

Texto: Celi Di Notto

Fotos: Pablo Cánepa

Nombre de sección: Maneras de sanar

Edición: N° 72

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