El ilustrador Pablo Bernasconi diseñó una tarjeta para conmemorar el Día del Investigador y la Investigadora. En esta entrevista exclusiva para TODA nos cuenta los secretos de su trabajo, en qué se inspira y cómo crea verdaderas poesías visuales.

Un caballo con cuerpo violeta, corazón de engranajes y cola con fórmulas matemáticas. Así imaginó el artista Pablo Bernasconi a la ciencia y su ilustración quedó plasmada en su tarjeta —que imprimió el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Santa Fe— para celebrar el 10 de abril el Día del Investigador y la Investigadora.

“Estamos muy orgullosos de sumar artistas con sus grandes obras”, dijo la ministra Érica Hynes. “Sus trabajos nos acompañan en el ministerio, forman parte de nuestro patrimonio y estamos construyendo un acervo que no pasa simplemente por generar conocimiento, sino también por reflexionar acerca de este proceso y de las personas que lo llevan adelante”, agregó.

“Dentro de la visión global en torno al 10 de abril, nos interesa convocar a artistas que se destacaron por interpelar las comunicaciones estereotipadas sorbe lo que significa ser científico o hacer ciencia. En 2018 fue Lala Pasquinelli y este año se sumó Pablo Bernasconi”.

El artista, radicado en Bariloche, nos contó cómo surgen sus ideas y cómo imaginó el caballo que se convirtió en un referente para un proyecto de país que tiene a la ciencia y la tecnología como motor de desarrollo.

TS—¿Cómo empiezan tus ilustraciones? ¿Parten de un poema, o de imaginar y jugar con el lápiz en la mano?

PB—Empiezo pensando qué quiero transmitir, es un acto de comunicación que lleva la imagen hacia adelante. En este caso, quería un núcleo que hablara de la ciencia como corazón de otra cosa, como alma de algo que se motoriza a través de la ciencia. Ahí empiezan a surgir palabras, elementos, y empiezo a ensayar.Termino en este caballo, que es un animal noble, épico y que acompañó al hombreen toda su historia. A esto se le suma una especie de motor, como un corazón o alma, que está armada con diferentes elementos que se podrían asociar a la ciencia. El resto es estética pura. Siempre trabajo desde el lápiz y después agrego materiales y ahí voy componiendo.

TS—¿Cómo definís tu obra? Tiene mucho de collage pero, también, se parece a una escultura y vos usas la idea de «poesías visuales».

PB—Una poesía visual implica una imagen que dice cosas de forma poética, utilizala metáfora, la retórica y la narrativa para contar algo. Esa es la parte conceptual de mi trabajo, la parte técnica tiene que ver más con una escultura que con un collage bidimensional. Utilizo elementos reales, voy construyendo,los voy rompiendo y los intervengo con muy poca tecnología y mucha mano.Después, a todo eso lo fotografío y lo termino desde la computadora. Pero,  en general, intento que esté implícita la mano estética, que haya un pincel por detrás, un lápiz, papeles, volumen y eso lo convierte en una escultura más que en un dibujo.

TS—En tu trabajo hay huellas digitales. ¿Qué tanta historia tuya hay en este trabajo?

PB—Las huellas en este caso las usé para destacar la parte humana. La ciencia está formada por el saber y, sobre todo, por la voluntad del humano de aprender y descubrir, esa parte experimental que me fascina. Aun así mi génesis tiene mucho de científica, porque tanto mi padre como mi madre fueron científicos yes un mundo que me atrae mucho. Todo lo que hago tiene un componente de experimentación y trabajo para que las ilustraciones sean verosímiles. Por más que esté construyendo un cohete con un colador y una lata de galletitas, tiene que tener ciertas chances de tomar vuelo. Eso hago con mis libros donde se mezcla la metáfora, la narrativa y la retórica con un argumento que construye esa sensación de que puede ser real, aunque esté hablando desde un lugar de fantasía. Es como lo que en su momento imaginaba Julio Verne, donde tenía un traslado de la fantasía con base científica, todo era materia para construir realidad.

TS—Destacás mucho la paciencia en tu trabajo y es una característica que compartís con los investigadores. ¿Qué espacio hay para la frustración y para lo que no sale?

PB—La paciencia es un tema que me fascina y tiene mucho que ver con la frustración. El aburrimiento es un motor, que está integrado por la paciencia,y es un motor que hace generar cosas. Cuando era niño no había pantallas, no había tele, no había otra forma de jugar que encontrarse con el aburrimiento, yeso generaba un montón de cosas. No suelo usar la palabra frustración, no tengo proyectos frustrados, tengo proyectos que en su momento decidí que no merecían ver la luz. Eso es diferente, porque es una decisión, no es que alguien me dijo que no. Hay momentos donde uno tiene un ideal o ilusión de generar algo y no llega a buen puerto, pero es paso para otra cosa. Tengo mucho de esas cosas,tengo ideas, libros de bocetos que terminan en otros puertos. Los proyectos frustrados no son frustrados sino puentes. Soy muy consciente de eso, y entiendo que algunas cosas se cortan y decido cambiar de rumbo.

Texto: Leticia Chirinos

Fotos: Lisandro Cárcamo

Edición: N° 72

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