Vittorino Pacheco narra la historia de un alma torturada. Vittorino es un tipo extraño, un fabulador con pretensiones de artista, habitando un tiempo que no le pertenece. Para él, el camino siguió para otro lado. Un hecho fortuito produce el desencuentro con ella, su novia. Vittorino debía estar esperándola en el altar. Ella no se resigna a pasar al olvido y se revela, se hace presente.

Se nos presenta un universo absurdo, paródico de los conflictos de pareja y de la búsqueda de respuestas a incógnitas existenciales referidas a la vida, la muerte, el tiempo, el destino, Dios. A través de un entramado barroco de palabras y conceptos, se crea un mundo fragmentado en el que los personajes se debaten desorientados.

Estos personajes parecen salidos de un Grotesco: aparecen deformados, ridículos, sufrientes, tragicómicos en el medio de la nada, tratando de que la muerte no los separe.

Poner en escena Vittorino Pacheco es deformarnos todos, desconfiar del sentido y dejarnos llevar por lo que nos sacude. Así entonces, nos percibimos similares a Vittorino, reflejándonos en su mirada a la vez dolorosa y desilusionada de la vida.

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