En 2016, Claudia Correa proyectó un taller de movimiento para todo público, que llamó “Viajar el cuerpo”. En él integra su experiencia como microbióloga, bailarina y actriz, para facilitar la exploración del propio cuerpo, como parte de un camino de autoconocimiento.

El tráfico de 25 de Mayo, a esa hora de la noche, deja de escucharse en algún momento —y solo vuelve a sentirse de a ratos, pero ya distante—, porque al tomar conciencia de la respiración, la atención vuelve a lo que somos en ese instante, sobre ese piso de madera, envueltos por la luz amarilla que ilumina el salón. Durante dos horas, lo automático en el cuerpo de cada una y cada uno, dejará de serlo. Levantar un brazo, desplazarse, entrar en contacto con otro, recupera para la experiencia de un tiempo más orgánico, el necesario para sentir, observar, explorar, para dar lugar a algo nuevo. “Viajar el cuerpo” es el nombre de este taller que creó Claudia Correa en 2016, que empezó en La 3068 y hoy continúa en Espacio de formación artística Andares. Después de una clase, “la Negra” dice que “cada cuerpo es un universo”, al que se accede “partiendo de consignas simples, respetando el tiempo de cada persona para que cree su propia danza, de manera natural”.

En los orígenes del proyecto, están su experiencia comomicrobióloga, docente universitaria, la trayectoria junto al grupo Recua. Y estála voz de Raúl Kreig, “mi maestro querido de entrenamiento actoral”, dice. “Élveía que mi forma de crear los personajes tenía que ver con conectar desde elcuerpo, y me sugirió que enseñara desde ese lugar”, cuenta. Tiempo después,mientras preparaba el estreno de “La Prenda”, junto a Sofía Kreig, se encontró con la misma observación; esta vez de parte del director de la puesta, Pablo Tibalt, que la alentó formular el proyecto, primero con la idea de que fuera para actores y actrices. “El primero con el que leí y debatí el proyecto es mi hijo Sebastián. Él fue el que me hizo notar que, así como estaba formulado, podía interesarle a personas que no estuvieran vinculadas necesariamente con las artes escénicas. Ahí empecé a pensar en que podía brindar herramientas para preparar el cuerpo para la acción, la que sea. Descubrir las posibilidades creativas que tiene el cuerpo, debería ser accesible a todas las personas, no solo para las que es materia de estudio por ser actor, actriz,bailarín/a. Cuando abrimos la inscripción nos encontramos con que se interesaba un público con diversos intereses”.

Liberar el cuerpo disciplinado

Otra línea de intereses que converge en el taller tiene que ver con “el cuerpo disciplinado”, un concepto que elaboró en una convocatoria para proyectos de creación coreográfica, “El cuerpo todo”, como parte de la por entonces, Secretaría de Cultura de la UNL. “La rutina del horario de trabajo, el uniforme que usamos, calzarnos un par de zapatos, llevar un bolso, todo disciplina el cuerpo, en tanto exige acomodarse a un formato”, explica. “La cuestión está en cómo generar momentos para explorar por fuera, permitirnos conectar con el descanso, con no hacer, con observar mi cuerpo, cómo me siento, cómo me muevo. En eso consiste el viaje”. Con ese fin, incorporó también herramientas que aprendió en clases, junto a maestros y maestras de los métodos Feldenkrais, Antigimnasia, Body-Mind Centering (BMC), de la técnica Alexander y la Eutonía.

El Vals de Amelie, de YannTiersen, Caetano Veloso o Divididos, pueden convivir en la banda sonora de una misma clase. También el silencio, o solo la voz de “la Negra” para hacer una observación precisa. Y lo explica diciendo que se vale de esa diversidad “como motivadora de situaciones”. En esas posibilidades que abre la música, la invitación es a “investigar qué pasa con el movimiento cuando aparece el mundo sonoro, con qué nos conecta, dejarse atravesar por eso, habitarlo”.

(Destacado 1)

Cuándo y dónde

Los encuentros de “Viajar el cuerpo” son los lunes y martes, de 20 a 22; y miércoles, de 18 a 20. En Andares Espacio de formación artística (25 de mayo 3041).

El viaje en palabras 

El cuerpo desplomado en la pinotea que lo sostiene, se predispone para iniciar el recorrido. La mente se aquieta lentamente y en la búsqueda de placer, se desenredan ataduras y se liberan pesos; intentando un tramo de disfrute, sin estructuras.

Se intenta, digo, porque el viaje es hermosamente imperfecto.

Viviana Bertossi.

Tomé las bolitas de vidrio como dos ojitos de cristal a través de los cuales pude internarme más profundo en mi cuerpo.

María Clelia Leiva.

De pronto quedan quietas, agazapadas en rincones, como jugando a esconderse, pero allí se cargan de amor y de viento, para volver a rodar y seguir por este pasamanos de viajes y cuerpos.

Lua/ Josefina Bertoli.

Si veo desde el suelo perspectivas nuevas, contactos raros, eclipsados de emociones, rolando, danzando en contacto, arrastrando imágenes de niña… eso es viajar el cuerpo.

 Viviana Gerboni.

Es mi cuerpo físico el que se traslada y es mi cuerpo físico el que queda. Cada viaje es único.

Susana Guglielmone.

Tesoro. Presente. Amoroso. Precioso. Mío.

Roberto Frankucci

Esta nueva forma de percibirnos me da otros puntos de vista sobre cómo puedo moverme, cómo puedo hacer lo que hago, cómo puedo vincularme, dar un toque o recibir y cómo modifico y me modifico con el entorno del que soy parte.

Moni Marraffa

Leer lo que me dice en este viaje / mi cuerpo en su versión de la fluidez, / y en su contracara: falto de articulaciones, cuerpo sin músculos, pliegues. / Rigidez y dejarme llevar, suavecita y porosa. / Reconocer mis corazas y liberarme de ellas.

Cecilia Rugna

(*) Textos escritos por participantes del taller.

Texto: Laura Loreficcio

Fotos: Pablo Martínez

Nombre de la sección: Talleres de vida

Edición: N° 67

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