Si hay algo que es evidente en esta época es la demolición de todos los paradigmas, dogmas y mandatos.

“Se han perdido los valores”, refunfuñaron los adultos a lo largo de toda la historia y, hoy, lo hacen más que nunca. Escupen estas palabras por miedo a expresar directamente: “ya no hay forma de manipularlos”.

Y es que, como humanidad, al parecer, algo estamos avanzando. Con retrocesos, sí. Con conflictos sociales, sí. Lo cierto es que, a veces, lo que sucede aparenta ser mucho por el hecho de estar hiperconectados, gracias a la tecnología que fuimos conquistando. También, está la posibilidad de desenchufarnos un rato de todo eso y de descubrir que la vida conserva otros ritmos también, más serenos.

¡Qué bien que se hayan perdido los valores! Porque esos valores de los que se habla son externos a nosotros, son normas que apuntan a domesticarnos para ser serviles a intereses ajenos. Son valores que apuntan a apaciguar las bestias demoníacas que creemos que somos sin el control de la civilización. Y, por otra parte, tienen el objetivo de que nos sintamos culpables si no los llevamos a cabo.

Es tiempo de recuperar los propios valores. Mis valores. Acá. Ahora.

¿Qué alimenta mi espíritu en este momento y, al mismo tiempo, puede generar un beneficio para los demás?

Este es el único valor que importa. No los valores de las palabras muertas, escritas por evangelizadores hace mucho tiempo y allá a lo lejos.

No hay mapa. Y esto puede ser atemorizante, amenazador y vertiginoso. Pero por otro lado, la libertad que tenemos para crear nuestras vidas es infinita. A veces, el pasado nos llama. A veces, el falso futuro salvador nos estresa. Pero siempre hay un presente en el que podemos ser ilimitadamente creativos.

El vínculo de la pareja es una de esas tantas cosas que han quedado ajenas a los parámetros. Ya que no existe dato alguno que nos diga que lo estamos haciendo bien o lo estamos haciendo mal. La libertad es absoluta. Las combinaciones de acuerdos son inagotables. ¿Monogamia? ¿Poligamia? ¿Una noche? ¿Toda la vida? ¿Convivir? ¿En casas separadas? ¿Una cama? ¿Dos camas? ¿Soltero siempre? ¿En pareja siempre? ¿Alternado?

El noviazgo, el casamiento, la luna de miel y el amor para toda la vida quedaron como una opción entre muchísimas, al igual que el libertinaje sexual. En el medio, hay una gama espectacular de alternativas, todas válidas.

¿Es de una vida feliz y saludable estar en pareja? ¿Es de una vida feliz y saludable estar solteres?

Cualquier cosa puede ser conveniente para cada une y para cada situación. Los tipos de acuerdos que podemos tener con los demás están todos a nuestra disposición.

Los consejos en esto son casi nulos. Solo podemos arriesgarnos a dar o recibir consejos útiles si nos estamos comunicando de corazón a corazón.

Tenemos que ser muy cuidadosos de no proyectarles a los demás nuestras ideas acerca del tema e interferir en sus tramas únicas de vida. Porque, en realidad, no tenemos idea de lo que es una vida feliz y saludable en relación a los vínculos. Solamente, cada uno lo puede saber para sí mismo.

 

Texto: Ignacio Asención

Nombre de sección: Psicología

Edición: N°65

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