Cuando alguien quiere educarse, antes que nada, debe definirse a sí mismo como un sujeto de aprendizaje y, luego, enfocarse en algo que desea aprender. Desde niños, nos han acompañado en este proceso nuestros queridos y recordados maestros y maestras, profesores y profesoras; en un sistema educativo tradicional, donde los espacios y los tiempos de los docentes eran los mismos espacios y tiempos nuestros. Hoy en día las TIC hacen que este proceso ya no sea así: los tiempos y espacios de los docentes y de los estudiantes ya no son necesariamente iguales.

Pero, ¿Qué son las TIC? Las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) hacen referencia a todos aquellos recursos, herramientas y programas que se utilizan para procesar, administrar y compartir la información mediante diversos soportes tecnológicos, tales como computadoras, tabletas electrónicas, celulares, televisores, pizarras digitales y hasta consolas de videojuegos. Las TIC han abierto un espacio para la libertad de expresión, actualización rápida de conocimientos, intercambio de información, promoviendo el instinto de investigación. Si bien los procesos de aprendizaje (teorías y modelos) son los mismos, las herramientas no lo son. Pasamos de leer libros impresos y escuchar a un docente en clase a navegar en la web y hacer una videoconferencia con los docentes “virtuales”. El típico salón, sala o aula de clases pasó a ser un aula virtual dentro de un entorno virtual ubicado en la nube. Las actividades y recursos que se utilizan en el aula virtual son muy diversos y creativos; de fácil acceso y manejo para los que nacieron en esta era de la tecnología (nativos digitales), pero parece ser de difícil comprensión para algunos docentes (migrantes digitales). Los docentes no podemos ser ajenos a estos cambios y tenemos que cambiar nuestras estructuras mentales y adecuarnos a las exigencias de nuestros nativos digitales. Ellos quieren recibir información de manera ágil e inmediata, gustan del trabajo en paralelo y la multitarea, prefieren imágenes a textos, funcionan mejor por vías de fácil acceso y de menos esfuerzo, prosperan con la satisfacción inmediata y bajo recompensas frecuentes y, por último, operan por instinto frente a la tecnología.

A través de los tiempos, el aprendizaje ha pasado por la tiza y la pizarra, por los mapas enrollados, por las enciclopedias y los libros impresos, por el proyector, por el compás y la regla de madera, por las maquetas de esqueletos, por la máquina de escribir y el esténcil; hasta llegar a la computadora, las notebooks y los celulares. Los docentes no podemos ser ajenos a esta evolución tecnológica y debemos capacitarnos para ser “Grandes Docentes”. Un gran docente es aquel que enseña con pasión, el que permite el debate, el que no tiene miedo a ser vulnerable al error, el que hace claro lo que generalmente es difícil, el que crea un ambiente seguro para que sus alumnos asuman riesgos y el que sabe que no es él, sino ellos.

¿Qué debemos hacer entonces?, muy simple: aprender a liarnos con la tecnología, globalizarnos, aprender a utilizar recursos tecnológicos educativos como puentes que nos conecten con nuestros nativos digitales, tecnificarnos (aprender a utilizar programas y plataformas que nos permitan interactuar con ellos de manera virtual), conectarnos (para que sientan que somos de la misma comunidad virtual), apasionarnos, alegrarnos y generar en ellos inquietudes y dudas.

La tecnología nos debe ayudar a generar recursos y actividades, para que el docente se conecte e interactúe con sus estudiantes en el proceso de aprendizaje. Y no ser el docente un esclavo de la tecnología para imponer un aprendizaje pre diseñado. La educación virtual tiene que ser espontánea, sin guiones, libre, impredecible y única.

 

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Texto: Mario Villar Toricelli

Nombre de sección: Educación

Edición: N°65

 

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