La ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva asegura que romper estereotipos fue una constante en su vida y lo sigue siendo. Aquí, traza capítulos de su rica trayectoria en la investigación científica, con una aguda perspectiva feminista; su militancia política, su experiencia en la UNL y el Conicet, y la rebeldía que la empuja a seguir dibujando nuevos horizontes en la búsqueda de la igualdad de género.

 

De apellido irlandés, Érica Hynes trae a su memoria la llegada de inmigrantes a Esperanza, su ciudad. Su padre fue la tercera generación que llegó con el ferrocarril. “Los ingleses empleaban muchos irlandeses para los trabajos más rudos”, nos contará en el inicio de la charla.

TS —Si tuvieras que trazar una línea que atraviese tu vida como denominador común, ¿cuál sería?

EH —Creo que siempre he tenido una constante de romper estereotipos y de transgredir de alguna forma. Es como un lugar de transgresión el hecho de seguir una carrera en una escuela técnica —donde había 250 chicos y cinco chicas en ese momento—, de militar en el Partido Socialista cuando nadie lo hacía en Esperanza, de esperar para tener hijos y, finalmente, después no tenerlos, estar siempre en lugares de liderazgo y llegar a espacios de toma de decisión. Creo que siempre hubo una cuestión de transgredir, quizás inconscientemente. Eso es, de alguna manera, un leitmotiv, una rebeldía que estuvo siempre presente.

TS —Luego de tu paso por una escuela técnica en Esperanza llegaste a Santa Fe a estudiar, ¿cómo fue tu época de militancia estudiantil?

EH —Hacia fines de los 80 y principios de los 90 vivía en una residencia para estudiantes, era becaria estudiantil para la Licenciatura en la Facultad de Ingeniería Química (de la UNL) y ya militaba en el MNR. La primera vez que ganamos el centro de estudiantes (con la agrupación) “7 Jefes” lo hicimos apenas por dos votos; teníamos muchas mujeres en las listas y nosotras les cantábamos a nuestros compañeros que al año siguiente debería llamarse “7 Jefas”.

La crisis 2001 fue un momento que Hynes reconoce como muy duro para los científicos. Mientras muchos abandonaban el país, ella retornaba de una beca en Francia y apostaba al ingreso al Conicet como investigadora, paso que pudo dar en 2002.

La pasé muy mal, elegí volver de Francia y a los dos meses me avisaron que no había ingresado al Conicet. Fue un momento muy feo porque me arrepentía de no haberme quedado, pero, a la vez, quería volver. Recuerdo que en Francia me preguntaban si estaba segura de retornar al país, fue un año de mucha crisis. Finalmente ingresé en 2002 pero éramos muy poquitos y el sueldo era muy malo; aún así me sentía satisfecha.

TS —Si tuvieras que hacer un debe y un haber de tu paso como secretaria de Ciencia y Técnica de la UNL, ¿qué pondrías en cada uno?

EH —La gestión en la Universidad fue una muy buena experiencia, sentí que podía hacer política científica; se lograron hitos, como la concreción de un Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, la creación de Doctorados en esas áreas. Hay cosas que para mí fueron muy importantes, como haber introducido un objetivo de igualdad de género en ciencia en el planeamiento estratégico, o haber creado la cátedra de Género y Ciencia, y me quedó el “Debe” de continuarlas, pero esa impronta está en este ámbito (del ministerio que conduce).

TS —¿Te entusiasma el hecho de tener las manos libres para proyectar?

EH —Sí, obviamente que no es fácil equilibrar los lados de la balanza. Creo que los aportes que pueda hacer van a dar cuenta de una mayor igualdad: las redes entre mujeres; las modelos mujeres para determinados lugares son muy importantes, porque hace que las nenas se animen a ser científicas. Si desde el ministerio, decidimos subsidiar un evento científico, buscamos que haya también mujeres; si llamamos a evaluadores y evaluadoras trataremos de que haya un número paritario. También, tiene que haber políticas en las instituciones que contribuyan a la igualdad y a que la ciencia tenga innovación de género en sus propios métodos.

TS —¿Por ejemplo?

EH —Hay muchos estudios que demuestran que la ciencia, desde el diseño de experimentos, puede incurrir en errores si no tiene perspectiva de género. Hay drogas que debieron sacarse de circulación porque traían efectos secundarios peores para las mujeres que para los varones. Investigar bien salva vidas y ahorra plata, y hay que investigar bien.

En las prótesis de cadera se ha encontrado que había mayores problemas de rechazo en mujeres que en varones y eso se cree que se debe a una cuestión hormonal. Eso se debería haber estudiado en el diseño. Pasa todo por el mismo lugar: el valor que le damos a la vida de las mujeres. El sesgo, muchas veces, es inconsciente, pero hay ejemplos que son muy gráficos. Por ejemplo, los muñecos que se utilizan para probar los choques de automóviles: recién en 2004 hubo algunos que representaban una mujer embarazada, mientras que el primer muñeco de hombre data de 1944. Si sesgamos los resultados de la ciencia tendremos ciencia de mala calidad.

TS —¿Cómo está Argentina en materia de ciencia y tecnología?

EH —Somos un país que tiene un sistema científico que no es grande. Creo que en este momento no está claro cuál es el rol que se espera de la comunidad científica argentina. No basta con tener muchos científicos o buena inversión en ciencia. Si tenemos problemas energéticos, de logística de transporte, problemas ambientales, de diversificación de matriz productiva, o problemas de pérdida de lengua nativa o de resolución violenta de conflictos… ¿dónde tenemos los expertos? Están en el sistema científico y están esperando que les vayamos a pedir ayuda. En Santa Fe, tratamos de trabajar fuertemente en un plan y en invertir los recursos en él.

TS —En materia de género, en mundo de la ciencia, ¿cuál sería el diagnóstico actual?

EH —En Argentina hay muchas mujeres científicas pero estamos en la base de la pirámide, mientras que los cargos de mayor jerarquía simbólica y económica siguen reservados para los varones. Por otra parte, que haya muchas mujeres en la ciencia en Argentina no siempre significa una buena señal sobre la valorización de la sociedad a esta actividad. En Europa y EEUU hay menos mujeres, pero son empleos mejor pagos y mucho más prestigiosos. Cuando una profesión se llena de mujeres hay que prestar atención porque, probablemente, esa profesión se está depreciando; hay que ver los movimientos de género en las profesiones.

TS —¿Qué sería lo más urgente a resolver en materia de género en el ámbito científico?

EH —Creo que, al igual que en otros campos, proveer servicios de cuidado. Las mujeres logran una dedicación full time en la ciencia pero a costa de una doble jornada, pierden calidad de vida y muchas oportunidades, porque su colega varón —que tiene la misma cantidad de hijos que ella— puede ir a todos los congresos. Eso es, claramente, lo que hace la diferencia.

TS —¿Desde la asunción al frente del ministerio te sentís conforme con lo hecho hasta ahora?

EH —Estamos muy entusiasmados, somos un grupo de trabajo pequeño pero muy conectado, y el mayor desafío es llegar con algunos hitos concretos al final de la gestión: plasmar un programa de Género y Ciencia, diseñar ejes estratégicos en temas importantes como la bio-economía. Personalmente, mi mayor desafío es conocer más el entramado productivo, mayor articulación y relaciones más estrechas con los emprendedores.

 

Qué significa para Érica Hynes…

La política: “la pasión por tus ideales”.

Esperanza: “mi lugar en el mundo, con el que me siento todavía muy identificada”.

Un laboratorio: “un lugar de familiaridad, me gusta ir al laboratorio como rincón de juego”.

La UNL: “un aprendizaje, mi institución de pertenencia”.

El Partido Socialista: “mi lugar de formación, la organización a la que pertenezco, muy ligada a los simbólico, a la juventud”.

Alicia Moreau: “un ejemplo de austeridad, del conocimiento, de la transgresión, fue médica cuando nadie quería, buscó ejercer. Es un símbolo de socialismo enorme, genuino. Una referente muy importante”.

Los anteojos violetas: “son necesarios para ver el mundo. Una vez que alguien se los pone ya no se los saca más“.

 

Texto: Alejandra Pautasso

Fotos: Fabián Hernández

Maquillaje: Leilén Edith

Nombre de sección: Perfiles y personajes

Edición: N° 61

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