Es el fundador de la galería AG —que celebra su décimo aniversario— y uno de los responsables de que, en Santa Fe, haya un mercado de arte. Actualmente rescata el talento de Ricardo Supisiche, Matías Molinas, Ernesto Fertonani, entre otros referentes del Grupo Setúbal. “Todavía hay prurito para comprar arte. Hay gente que piensa que es algo de súper lujo o carísimo. Y realmente el arte argentino por su calidad, su trayectoria, es extremadamente accesible y hasta te diría, insultantemente barato”, asegura.

Bulevar, entre Alberdi y Mitre, espacio codiciado para poner un bar, una heladería, o hasta una cervecería artesanal (ahora que se encuentran debajo de cualquier baldosa). Sin embargo, desde hace 10 años, en ese sector de la ciudad funciona AG, una galería de arte dirigida por Guillermo Aleu, arquitecto, docente, padre de dos hijas, y fanático del arte santafesino.

Una década atrás, abrir una galería de arte resultaba algo azaroso para todos, menos para Aleu y su familia: “en ese entonces nos lanzamos a algo que era bastante incierto. Cuando contábamos nuestro proyecto nos encontrábamos con sonrisas un poco socarronas, porque era una aventura complicada. Santa Fe es una plaza difícil, de manera que llegar a 5 años con la galería AG funcionando era casi una eternidad. Después uno se sube al tren; no sabe en qué parada está y sigue. Hoy ya pasaron 10 años de esa aventura, al mirar hacia atrás nos parece increíble”.

Haciendo una gambeta a la coyuntura política, “la década ganada” podría ser una buena síntesis para el trabajo de difusión, exposición y comercialización de arte local que pasó por AG desde su apertura hasta hoy. La galería comenzó como un espacio para que los artistas más jóvenes de la ciudad puedan darse a conocer y también vender sus obras. Actualmente, es el resguardo de las obras de los grandes maestros locales, aquellos referentes del Grupo Setúbal, como Ricardo Supisiche, Matías Molinas, Ernesto Fertonani, entre otros.

 

A los maestros con cariño

“Soy arquitecto, tenía una formación que carecía del conocimiento de nuestros artistas plásticos. En los años de estudio uno tiene una cercanía muy notable con las vanguardias estéticas europeas. Sin embargo, a nivel local, me sentía dolorosamente ignorante”, dice Aleu, que sin dudas hoy es una de las personas que más conoce sobre arte local. “Cuando empezás a entender la obra del Grupo Setúbal, se transforma en admiración. Ellos fueron pioneros, tipos jugados que tomaron una actitud y lograron una síntesis plástica personal. Cuando reparás en qué momento fue hecho y ves que Supisiche, en los años 50, ya había logrado su síntesis plástica más extrema: Supisiche es un maestro local, de escala nacional, pero con alcance internacional. Todo lo suyo fue pura creación, no copió ningún modelo. Hizo una lectura de nuestro paisaje que es inconfundible. En su obra lleva ese paisaje isleño a un plano casi surrealista, contando sus personajes, mitos y leyendas. Es brillante, un creador. Yo tengo gratitud eterna para un creador como Supisiche, que es nuestro. En general, me pasa eso con los grandes creadores”.

 

Mercado local

“Hay un grupo de personas, que trabaja desde hace tiempo, para darle sentido al arte local: la revista Toda y su espacio de arte, nuestro trabajo en AG, y otras galerías y espacios que empiezan a surgir. Hoy el mercado está instalado, de todas maneras, todavía hace falta aceitar los mecanismos comerciales”, afirma Aleu.

TS —¿Por qué, en lugar de adquirir obras de arte, miles de personas gastan pequeñas fortunas en comprar, por ejemplo, televisores?

GA —Está genial la pregunta. Por un lado hay que mencionar lo aceitado que está el mecanismo para el consumo de electrodomésticos. Y por otro lado, el prurito tremendo que hay frente a la compra de una obra de arte. Hay gente que piensa que es algo de súper lujo o carísimo. Y, realmente, el arte argentino por su calidad, su trayectoria, es extremadamente accesible y hasta te diría, insultantemente barato —dice Aleu y pone un ejemplo—, vaya a cualquier ciudad del mundo. Entre a un museo. Elija 4 obras que considere representativas de ese lugar que recorrió. Pregunte cuánto salen. Bueno, ahora vuelva a Santa Fe, yo por 10 mil dólares le vendo 4 obras de 4 artistas de los mejores del litoral. Por esa plata, 4 obras de museo, de nuestros mejores artistas”.

Después de 10 años, Aleu asegura que en la galería: “siempre hay algo que sucede, no dejo de sorprenderme, es un camino donde no naturalizo nada. Siempre arranco para atrás las cuentas. Pero son estos grandes artistas los que obran ese milagro de que una persona se emocione con una obra y decida adquirirla, en lugar de comprar otro televisor”.

 

Texto: Guillermo Capoya

Fotos: Pablo Aguirre

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